Volans Minerva (1536×1024 píxeles) es un fondo de pantalla o de escritorio ideal para la chica chironiana, un tipo de chica muy especial: clasicista y moderna a un tiempo, es una degustadora ávida del pasado con todo el futuro por delante.
A estas alturas de la película aún se ponen a la venta bodrios como este. La editorial La esfera de los libros ha editado la Iliada y la Odisea con una introducción del catedrático de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid Domingo Plácido Suárez quien, por lo visto, se apunta a un bombardeo. La edición es aparente, incluso muy aparente, tanto que ambos volúmenes juntos pesan dos kilos y medio y cuestan 69 euracos, precio de amigo.
Sé que es una simpleza, pero me ha hecho gracia. Tengo en el aula, desde hace un par de cursos, una pizarra digital interactiva (PDI), una Hitachi FX-Trio-77. Apenas la uso como pizarra porque se escribe muy mal en ella: hay que hacerlo muy despacio para que salga una letra medianamente decente, y no es cuestión. Si en una pizarra no puedes escribir a velocidad normal, que le den a la pizarra. Hasta ahí podíamos llegar. Y mira que ha costado dinero.
En Macintosh, con el sistema OSX, cuando se tienen instalados dos teclados, como el español y el griego politónico, es un rollo ir al menú superior y cambiar a mano el teclado. Sobre todo cuando se está escribiendo un examen o un vocabulario, es decir, en tareas que obligan a cambiar de teclado continuamente.
Un momento, que esto no es lo que parece. Bajo este título de lo que quiero hablar es de didáctica de las lenguas clásicas. Sabrás, querido lector, que cada vez son más los profesores que propugnan retomar el método activo o natural en la enseñanza del latín y el griego (digo retomar porque es el que usaban, entre otros, los humanistas). Los libros de texto Lingua latina per se illustrata para el latín y Athenaze o Un niño griego en casa para el griego son los más conocidos. Son libros de iniciación, y por eso se usan en bachillerato y, si acaso, en los primeros años de universidad. Pero aún hay sitio para otro tipo de libros, libros de texto —por así decirlo— para adultos.
Acabo de leer un artículo sobre los diez mayores barcos de vela privados del mundo y resulta que cinco de ellos, cinco, llevan un nombre de la antigua Grecia, a pesar de que ninguno fue encargado por un griego. Va primero la lista, por orden de esloras expresadas en metros (no en pies como es habitual):
Ayer fue todo uno: vi la marca de un autobús MAN modelo Stergo ‘ spica y se me encendió la bombilla. ¿Qué Stergo ni qué niño muerto? Ahí lo que pone es… Véanlo ustedes mismos, está en griego, pero un griego disimulado.
Por aquí alguien se está metiendo entre pecho y espalda, por riguroso orden de aparición, la saga de novelones titulada Percy Jackson y los dioses del Olimpo, obra de Rick Riordan inspirada en la mitología griega.
Ἀνακλυσμός (leído a la española como “anaklismós”) es el nombre de la espada del protagonista, Percy, una puesta al día del antiguo Perseo, al que aquí presentan como hijo de Posidón y no de Zeus, entre muchísimas otras libertades. El nombre aparece escrito en la guarda de la espada en rigurosas mayúsculas, tal que así: ANAKLUSMOS (por un poco más lo podían haber escrito en griego: ΑΝΑΚΛΥΣΜΟΣ).
Me entero por cortesía de Elena de la existencia de un Lapidario náutico en griego, atribuido quién sabe si falsa o acertadamente al escritor de magia alejandrino Astrámpsico. Como no hay, por lo que veo en Google, edición electrónica alguna en modo texto en todo el universo mundo, y mucho menos traducción al español, procedo a proveer al desocupado lector de ambas.
Solemos llamar María Moliner, con el nombre de su autora, al Diccionario de uso del español. Gracias a Wikipedia me entero de que hay varias ediciones de este diccionario: la edición original escrita y editada en vida de la autora, agotada hace años, y unas segunda y tercera ediciones publicadas tras su muerte con numerosos cambios debidos a otras manos. Leo que los herederos han litigado con la editorial a cuenta de estas ediciones espurias, no sé si por la integridad de la obra, por dinero o por ambos.