He llegado tarde

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Dicen que los libros y los artículos, las investigaciones en general, nunca se acaban, sino que se abandonan. Solo dos meses después de haber publicado “The naval origin of classical entablature in the light of the clay model of a galley from Gytheion” he dado con una fuente valiosísima, que me sabe fatal no haber encontrado antes. El historiador de la arquitectura africana e islámica Ronald Lewcock (1929-2022) publicó hace ya muchos años, junto con el antropólogo Gerard Brans, “The boat as an architectural symbol” (1977), en Shelter, sign and symbol, editado por Paul Oliver, pp. 107-116. Empieza así, deepl.com mediante:

La influencia de los barcos y la construcción naval en las viviendas y los santuarios religiosos suele ser evidente en las sociedades marítimas de todo el mundo. En su forma más directa, esta influencia abarca desde la reutilización de maderas de barcos antiguos, lo que da lugar a curvas inusuales en los tejados de los edificios, hasta la utilización de barcos completos, o réplicas de ellos, como refugios en tierra. En una cultura tecnológicamente desarrollada, la influencia de los barcos en los edificios entra en conflicto con el desarrollo de las casas o los edificios comunitarios como estructuras integradas; en estos últimos, las exigencias de uso y construcción a un nivel más sofisticado prevalecen sobre el uso secundario de materiales antiguos procedentes de barcos o su reconstrucción como techos. En tales circunstancias, cuando los vínculos tradicionales de una sociedad con el mar siguen extendiéndose hasta el punto de expresarse en los edificios, se recurre conscientemente al simbolismo. La arquitectura sigue siendo esencialmente integrada y sencilla, dictada por la eficiencia y la lógica estructural, pero incorpora cambios, normalmente en la forma, para reconocer la primacía de los barcos en el patrimonio del pueblo. Cualquier cambio posterior en los valores suele ir acompañado de una creciente conciencia de las tradiciones, lo que conduce a su refuerzo y reinterpretación en términos simbólicos. Con el tiempo, el simbolismo en sí mismo puede perderse, como parece ser el caso en gran parte de la arquitectura de China y Japón, pero las formas permanecen como importantes pistas sobre las fuentes de sus culturas. (p. 107).

El artículo incluye mucha información que yo desconocía sobre la arquitectura naval del sudeste asiático, que va más alla de las tongkonan de los toraja de la isla de Célebes (Sulawesi en su lengua) de Indonesia. Y me descubre la cultura marítima dong son que hace por lo menos dos mil años introdujo la Edad de Bronce en la región. En Youtube hay toda una serie de conferencias suyas de 2019 titulada Architecture in Asia, que incluye esta “Eastern Architecture: Southeast Asia Transoceanic Influences”:

En ella habla sin ningún reparo (minuto 27:44 en adelante) de los templos indios excavados en roca como representación de barcos volteados, que estarían relacionados directamente (no como un paralelo casual) con los edificios con forma de barco del Sudeste asiático. También se refiere a una colonia budista en la Alejandría helenística y a los puestos comerciales griegos y romanos en la India, que llegaron incluso a Ceilán. También establece un lazo directo de la arquitectura con forma de barco indonesia con la arquitectura marítima vikinga (minuto 31:57), recordando que los vikingos formaban la guardia personal del emperador bizantino, y que Bizancio pudo actuar de nexo. Y para acabar de encandilarme, habla de los viajes por mar prehistóricos e históricos de larga distancia: el que unía al imperio de Sumatra con Madagascar a través de 6 000 km de océano Índico, por ejemplo.

Cómo me gustaría haber llegado a tiempo de enviarle mi hipótesis sobre el origen naval del templo griego, y el origen griego y naval también de la arquitectura budista. Y haber hipotetizado con él no un mero parecido o coincidencia, sino una comunidad marítima que abarcase desde las navetas baleares al oeste hasta la cultura dong son del sudeste asiático, pasando por Grecia, la India e incluso el Mar del Norte… ¡Buuummm! (Ahora me toca encontrar un discípulo y epígono suyo en Australia o Sri Lanka a quien contarle mis —como dicen nuestros adolescentes— movidas.)

Añadido 14/03/2026. Sigo con descubrimientos tardíos. He usado Claude, que a día de hoy dicen que es el mejor modelo de lenguaje de gran tamaño (LLM, vulgo IA), para encontrar antecedentes a mi hipótesis del origen naval del templo griego. (Aclaro que esto supone usarlo no como una herramienta inteligente, sino como un sofisticado buscador que encuentra ideas complejas, que van más allá de las palabras sueltas y sintagmas). Lo que ha encontrado me ha emocionado. R. Drew Griffith, profesor de Clásicas en la Queen’s University de Canadá, publicó en 2002, cuando yo empezaba a vislumbrar mi hipótesis, este breve artículo: “Temple as Ship in Odyssey 6.10”, American Journal of Philology 123 (4), pp. 541-547. En él escribe:

the nominative singular of νηός, “temple,” is identical to the genitive singular of ναῦς, “ship.” (…) The coincidence is worth remarking, however, in light of the navigational aspect of temple orientation that we have just considered. (pp. 543-544)

También menciona el autor el carro volador del poema de Safo, al que compara con los vimāna de la literatura india (incluye una referencia a Raghuvanśa 16.68.4), y señala a los barcos como lugares de epifanía (referencias: Hymn. Hom. Dion. 2, etc.; cf. Exekias ABV 146,21; Hymn Hom. Ap. 388–451). Una delicia, vamos. Siento no haber conocido antes su artículo, que habría incluido entre mis referencias sin dudarlo. Lo añado al borrador del trabajo en curso Sleeping ships and their war anchors. The naval origin of Greek architecture and Sculpture, a la vez que notifico a su autor la feliz coincidencia.

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