Desdoblando géneros, que es gerundio

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Me he encontrado con esta píldora lingüística de la Fundeu, que pasa por ser una entidad profesional, adjetivo que en el lenguaje común consideramos incompatible con ideologizada: ¿Es correcto decir «la concejala» y «la edila»?. Mi respuesta es la misma que la del autor de este dictamen (o autora, que siendo anónimo, lo mismo da; para eso está y se usa el género no marcado o indiferente al género): sí, es correcto, pero no por lo que el autor sostiene.

Como muchas otras palabras que designan cargos y profesiones, estos términos fueron solo masculinos (el concejal) mientras solo los hombres ocuparon tales puestos. Cuando las mujeres empezaron a desempeñar esas funciones, comenzaron a usarse como palabras comunes en cuanto al género, es decir, con una misma forma para el masculino y el femenino y con el género indicado mediante el artículo u otros determinantes que las acompañen: el concejal/la concejal, el edil/la edil.

A ver: estos términos no fueron masculinos mientras los hombres solo ocuparon tales puestos. Fueron sustantivos indiferentes al género, como corresponde a todos los sustantivos derivados de sustantivos latinos de la tercera declinación, que no distinguía formalmente los sustantivos masculinos y femeninos. Pero, como solo los varones ocuparon entonces tales puestos, esos sustantivos solo se oían acompañados del artículo masculino: el concejal. Dice el genio (de sexo desconocido a la par que indiferente para lo que nos ocupa) que «cuando las mujeres empezaron a desempeñar esas funciones, comenzaron a usarse como palabras comunes en cuanto al género». No, perdona, llevaban siglos usándose como palabras comunes en cuanto al género, y siguieron haciéndolo; la diferencia residió en que, habiendo ahora mujeres concejales, uno se encontraba con el sintagma la concejal, con artículo femenino, que hasta entonces no había oído nunca. No es lo mismo.

Sigue el genio:

El siguiente paso de esa evolución es el desdoblamiento con formas diferentes para cada género (el concejal/la concejala, el edil/la edila), un paso que ya se ha dado en el uso culto, como recoge el Diccionario académico desde hace casi treinta años (las formas femeninas aparecen desde 1992).

Por «desdoblamiento» yo entendería que de uno (concejal) salen dos, diferentes ambos del uno previo (concejalo y concejala), pero no es eso lo que ocurre. Lo que ocurre es, más bien, que la ideología feminista interpreta erróneamente que concejal es masculino, y no epiceno, y a continuación considera necesario crear el femenino concejala, que sería en todo caso correlativo a un masculino concejalo hoy por hoy inexistente (salvo en los textos que pretenden desvelar por medio del absurdo estos retorcimientos lingüísticos). Añade el genio un argumento de autoridad: «que ya se ha dado en el uso culto» y que «aparecen desde 1992». Pues bueno, pues vale. ¿Y en 1992 no eran un engendro tales usos, por lo menos tanto como este concejalo que desde 2024 reivindico yo, una persona cultísima?

Y ahora la guinda. Ojo al razonamiento (ausente en realidad: lo que hay es una concatenación de proposiciones que ocupa el lugar en el que debería haber un argumento):

Esa obra señala que siguen usándose, y no son censurables, las formas la concejal y la edil para referirse a mujeres, pero, si ya existen variantes femeninas asentadas y correctas, no hay razón para no preferirlas.

Siempre me ha parecido que las dobles negaciones las carga el diablo: ¿qué significa exactamente «no hay razón para no preferirlas»? Perdona, genio, pero aquí filólogos somos todos, y no tontos: tendrás que dar una razón, y buena, para preferirlas, no solo que existen («asentadas» dice de concejala, que suena un poco marciano a mis oídos de filólogo, y de edila, directamente plutoniano) y que pueden colarse como cultas, solo después de meterlas en el mismo saco de otras palabras más habituales. Al genio anónimo que redactó esta recomendación o dictamen le basta «como razón su ideología, la que considera que explicitar el género femenino más allá de lo que era habitual en el español tradicional (que tampoco explicitaba en estos sustantivos el género masculino, ojo) reducirá alguna injusticia. A mí se me ocurre una buena razón para no preferirlas: su falta tanto de necesidad como de efecto, y la posibilidad de que induzca un empoderamiento análogo, incómodo e inane que nos lleve a hablar de artistos, astronautos, concejalos… O a hacer extensivo el recurso a los adjetivos y a otros sustantivos, que nos lleve en cuatro días a escribir y decir cosas como: «La concejala principala de la corporaciona municipala».

(Item más con el retorcimiento. Está feo empezar el párrafo con «Esa obra señala…» refiriéndose al diccionario académico, y luego no aclarar dónde acaba lo que señala. Yo doy por hecho que acaba en «mujeres», pero el genio anónimo e inmoral deja en el aire —con una redacción ambigua imperdonable en un filólogo de cualquier sexo o género— la posibilidad de que no sea él/ella, sino la misma RAE, quien considera que «no hay razón para no preferirlas».)

Volviendo al principio: ¿creo yo que es correcto decir concejala y edila? Pues como todo lingüista, creo que el uso hace la norma, y como el uso se está imponiendo, acabará por ser un uso correcto; pero no preferible, ni necesario ni más ético, que es lo que en el fondo el anónimo genio de la Fundeu está diciendo. Que estas cosas estaría bien que se firmaran, como firmo yo esto, para saber a quién —al poseedor de qué sesgo— tenemos que agradecerlas.

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