Como en clase andamos con los amoríos de Zeus (prototipo en el sentido etimológico del amante latino, espejo en el que inútilmente nos miramos todos los pringados que en el mundo habemos), he buscado un listado de los satélites de Júpiter en la wiki: Júpiter > Satélites.
Además de los consabidos Ío, Europa, Ganímedes, Calisto, etc. me he encontrado con esta monada:
Asteroides troyanos
Además de sus satélites regulares, el campo gravitacional de Júpiter controla las órbitas de numerosos asteroides que se encuentran situados en los puntos de Lagrange precediendo y siguiendo a Júpiter en su órbita alrededor del Sol. Estos asteroides se denominan asteroides troyanos y se dividen en cuerpos griegos y troyanos para conmemorar la Ilíada. El primero de estos asteroides en ser descubierto fue 588 Aquiles, descubierto por Max Wolf en 1906. En la actualidad se conocen cientos de asteroides troyanos. El mayor de todos ellos es el asteroide 624 Héctor.
Alguien debería avisarles de que acabó la guerra, y que ya no tiene sentido que sigan persiguiéndose por el firmamento. De hecho, de vuelta en casa, tendrían un gran futuro como modelos de perfumería masculina ahora que la Navidad ataca que da gusto: los publicistas de Kouros, Andros y demás darían talentos por ellos. Pero qué pena daría verlos envejecer: οὕτως ἀργαλέον γῆρας ἔθηκε θεός (Mimnermo fr.1).
Los griegos tienen tirón, aunque reducidos esta vez al esperpento del camarero rompeplatos con un estropajo Nanas de tupé. Hay otro estereotipo: el macizo que baila sirtaki, pero éste no se le parece. Dice algo así como Απo πού πήραν αυτά τα πιάτα; (“¿De dónde han sacado estos platos”). Buscan repetir el exitazo del Jroña que jroña, pero no creo. Aprovechando, publico un artículo que escribí una noche tonta y que un amanecer listo decidí retener. Voilà.
Hace ya un siglo del anuncio del jogur. Ibas por la calle y a nada te soltaban un “Jroña que jroña” como quien dice hasta luego o suelta un juramento. Ignorantes. Éste es el texto, y su traducción:
Χρόνια και χρόνια μας πήραν τα αρχαία μας. Μετά μας πήραν τις Ολυμπιάδες μας. Τώρα, θέλουν να πάρουν και το γιαουρτι μας. Πλαμ.
[Durante] años y años nos quitaron nuestras antigüedades. Luego nos quitaron también las Olimpiadas. Ahora, quieren quitarnos también nuestro yogur. Plam.
¿Que si el texto del anuncio puede usarse en clase? Claro. Sirve para echarle un vistazo y unas risas, y a lo tonto enseñar que el alfabeto, el artículo, el pronombre personal a modo de posesivo, el και conjuntivo y adverbial, el acusativo de extensión temporal (χρόνια και χρόνια mismamente) y hasta el τώρα ‘ahora’ (de un antiguo ἐν τάυτῃ τῇ ὧρᾳ ‘en este momento’ apocopado) siguen ahí dando guerra. Y se puede echar un vistazo a la web de un diario griego, un Τα NEA de octubre del 97, en cuyo primer párrafo mencionan este anuncio al referirse a las olimpiadas de Barcelona. Algún día hago la prueba de ponerlo en clase y lo cuento.
En su día el fenómeno dio hasta para el nombre de un blog: Hronia/Yogur griego, en el que se recogen las reflexiones del supuesto pensador griego Epaminondas Pantulis.
Y alucinante. Documentándome para esto, descubro que la gente usa internet para opinar sobre el sabor de los yogures. Vean, si no, Danone yogur griego, 56 intervenciones a cuál más prolija. Y es que la gente tiene ganas de darle al pico y de que la oigan hasta en Madagascar y las islas Caicos. Yo creo que los griegos inventaron la libertad de expresión, no por razones políticas, “para la salvación de la ciudad”, sino porque no estaban dispuestos a aguantar que sus vecinos hablaran en alto y a ellos no les tocase el turno. Los cinco minutos de gloria mediática lo llaman ahora. ¿Y qué otra cosa es esto de los blogs?
Programamos. Aquí, pues, un regalito: Aristóteles, PolíticaVIII 6 1340b. Queda precioso como cita inicial de mi programación:
ἡ δὲ παιδεία πλαταγὴ τοῖς μείζοσι τῶν νέων.
La educación, para los jóvenes, es un juego.
Me produce un placer, aunque menor, hurtar la traducción a una autoridad que, de todas formas, ni tendrá noticia de la trastada. Yo sí que juego, como anillos de humo en una habitación vacía.
Y ya que hablamos de pedagogía, devoro a Valérie Tasso, Diario de una ninfómana (ISBN 8497932145). El contraste de la vida tel quel con las primeras clases está teniendo un efecto muy saludable. La cajera me regaló una sonrisa de oreja a oreja al devolverme el libro, y me reí pensando en lo locos que estamos todos.
Invadida por una especie de vergüenza repentina que no sé disimular, retengo mi respiración y me pongo a bucear entre las sábanas, hasta despertarme por la mañana al final de la cama, enrollada como un salchichón. (p. 98)
Dios [léase “Él”] olía a brisa y a almendras troceadas, a gotitas de rosa del jardín por la mañana, y a leña recién cortada, y a paja de granja, y a hierba verde después de un diluvio. Por la tarde, a las páginas de un libro recién publicado, a yogur natural de leche entera; a león ardiente cuando cae la noche. Y a melocotón blanco, tierno, sin esa sensación desagradable en los dientes cuando lo muerdes con fuerza. Dios tenía un pelito rebelde encima de la ceja derecha, que yo siempre saludaba cuando nos encontrábamos. Un día desapareció, así que nos pusimos a buscarlo con desesperación entre las sábanas. El pelito rebelde se había ido sin más. Al mes apareció otro. Es cuando me convencí de que la inmortalidad existe. ¡Dios siempre me sorprendía! (p. 280)
Esta última declaración de amor, como dos páginas de Cantar de los cantares, me hace pensar en cuánto se parecen los enamoramientos vistos desde dentro (cámbiale una metáfora aquí, una anécdota allá, y haz memoria).
Me alimento de textos como un conejo de sus hojas de lechuga. Conejo… qué curioso.
Actualizado 18/9/2006. Aclara Ergotelina en su comentario que πλαταγή significa “sonajero”, un gran invento según Aristóteles, y sólo metafóricamente “juego”. Repaso el contexto y, ¡glups!, la cita adquiere un tono siniestro.
El mismo sonajero de Arquitas no fue mala invención, puesto que, haciendo que los niños tuviesen las manos ocupadas, les impedía romper alguna cosa en la casa, porque los niños no pueden estar quietos ni un solo instante. El sonajero es un juguete excelente para la primera edad, y el estudio es el sonajero de la edad que sigue. (trad. Patricio de Azcárate, 1874).
¿Significa eso que la educación, según Aristóteles, sirve para que los adolescentes no anden rompiendo alguna cosa en la casa, o en la calle, porque los niños no pueden estar quietos ni un solo instante? Tendremos, pues, que tildar a nuestro sistema educativo de aristotélico. ¡Qué vueltas da el mundo para acabar en el mismo sitio! Rotación le llaman a esto, creo.
me cansa la vana tarea de las palabras, como al niño las dulces piedrecillas que arroja a un lago para ver estremecerse su calma con el reflejo de un gran ala misteriosa. (“La gloria del poeta”, en Las invocaciones de Luis Cernuda).
Pero tal vez pesa más la verdad contenida en Séneca:
…la vida, si sabes usarla, es larga. Ahora bien, en uno ha hecho presa la avaricia insaciable, (…) otro se fatiga por su ambición siempre pendiente de los juicios ajenos… (De brevitate vitae II.1)
Que, por si no ha quedado claro, viene a decir lo mismo que esto:
¡A cuántos su elocuencia y su interés diario por dar muestras de su inteligencia les deja exangües! (De brevitate vitae II.4)
Resumiendo, todo en buenísima traducción de Carmen Codoñer (Lucio Anneo Séneca, Diálogos, Madrid, Tecnos, 1986):
Nadie devolverá los años, nadie te entregará de nuevo a ti mismo. Marchará la vida por donde empezó y no dará marcha atrás, ni se parará; no habrá alteraciones, no habrá advertencias sobre su velocidad: se deslizará en silencio. (De brevitate vitaeVIII.5)
¡Qué vicio el nuestro! Los filólogos nos colgamos citas como los generales medallas. Vanitas vanitatis et omnia Google.
Toca dar testimonio. Un portavoz norteamericano ha calificado el suicidio de tres de los secuestrados en Guantánamo de “acto de guerra asimétrico contra nosotros”. Le sugiero una idea para romper la asimetría: basta con que USA responda con el suicidio de Bush, Rumsfeld y el portavoz en cuestión. Y que se joda el enemigo. ¿Banalizo? No, digiero.
Por lo demás, buenas y felices vacaciones a todos. Al hilo de… Fernando Lillo ejerce de ventrílocuo y saca a pasear al Séneca para darnos unos buenos consejos.