Ayer descubrí, aluciné, bailé por primera vez Purpurina, un tema romántico del cantante de hip hop nacional Alberto Gambino (Alberto del Moral para su familia) incluido en su disco Versión española (2009). En internet se encuentra la letra en un estado de transcripción lamentable: “hoy” sin h, “a ver” escrito junto, con h y con b, y por supuesto sin signos de puntuación; a ver, lo normal en la lírica popular de hoy en día.

A modo de homenaje pergueñaré aquí una edición crítica digna de un texto que, por lo demás, no está exento de sofisticación. Usa, por ejemplo, los términos ingleses gial, “chica” en inglés criollo y hoy propio de germanía, y gloss “brillo” como metáfora de la vulva humedecida. Con el mismo sentido metafórico se emplea el término “purpurina” que de forma concisa titula el tema. Contiene otros hallazgos léxicos como “Gambina” y “Gambinos” para referirse respectivamente a la pareja femenina y a los hijos potenciales, es decir, los espermatozoides, del autor, Alberto Gambino. El creador va más allá de la exaltación del amor físico cuando introduce una referencia elegíaca en “Tiene que ser la edad, ya no estoy hecho un chaval”. En fin, he aquí el texto y en YouTube la canción, cada cual en su casa y Gambino en la de todos:
Y es que esa gial tiene que ser mi Gambina.
La veo por la calle, adoro cómo camina.
Quiero lamer su gloss, quiero esnifar su purpurina,
y ella es mi adicción, ella es mi cocaína.
Tumbada en mi cama, casi no puedo verte.
He bebido demasiado, apenas puedo sostenerme.
Intuyo que estás buena, no le pongo problema.
Trae un extintor, que el Gambino se quema.
Voy poquito a poco, no te quiero hacer daño.
Yo la tengo grande o tú lo tienes pequeño;
hablo de tu ****, quiero ser su dueño.
Y a ver si te depilas, hazte algo de diseño.
Y con aceite corporal, nena, todo se resbala
y tú sacas tu estilo de tigresa de Bengala.
Ya nada te para, destrozas mi cama.
Hoy me gustas, nena, ya veremos mañana.
Y es que esa gial tiene que ser mi gambina.
La veo por la calle, adoro cómo camina.
Quiero lamer su gloss, quiero esnifar su purpurina,
y ella es mi adicción, ella es mi cocaína. [Bis]
Yo necesito descansar y tú no quieres parar.
Para mí un par es lo normal, más de dos ya es desfasar.
Y es que me cuesta recargar cada día un poco más.
Tiene que ser la edad, ya no estoy hecho un chaval.
Y aun así hago un esfuerzo y repetimos.
Consigo eyacular, pero no expulso Gambinos.
No puedo más. ¡Oh, gial, tiraré los intestinos!
Si quieres, mañana te llamo y repetimos.
Y con aceite corporal, nena, todo se resbala.
Y tú sacas tu estilo de tigresa de bengala.
Ya nada te para, destrozas mi cama.
Hoy me gustas, nena, ya veremos mañana.
Y es que esa gial tiene que ser mi gambina.
La veo por la calle, adoro cómo camina.
Quiero lamer su gloss, quiero esnifar su purpurina,
y ella es mi adicción, ella es mi cocaína. [Bis]
Alberto Gambino, 2009.
Llamamos paradoxografía a la literatura griega de hechos extraños y fantásticos, un género de época helenística que dio para unos cuantos volúmenes de rarezas entretenidas. Hoy he dado con una noticia merecedora de figurar en uno de tales tratados. Reproduzco:
«…la fisiología femenina se ve alterada en ocasión de grandes catástrofes y hambrunas, de forma que el número de embarazos desciende. Al contrario, tras las guerras suelen aumentar los embarazos, especialmente de varones. También la sociedad puede cambiar las pautas sexuales para favorecer los embarazos; por ejemplo, en Paraguay, tras la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870: Argentina, Brasil y Uruguay, con apoyo del Reino Unido, contra Paraguay), que conllevó la muerte del 90% de los varones. Para favorecer la repoblación se institucionalizó una política de “amor libre” y poliginia, ya que en algunos lugares la proporción era de un hombre por cincuenta mujeres.»
Gervás, Juan y Pérez Fernández, Mercedes (2012): Sano y salvo (y libre de intervenciones médicas innecesarias). Barcelona: Los libros del Lince. ISBN: 978-84-15070-26-9.
Sin comentarios… ¡Cincuenta mujeres!
Aaron Swartz, programador y activista de internet, fue uno de los creadores de los RSS y colaboró en el diseño de las licencias Creative Commons y en la creación de la Open Library. El 11 de enero de 2013, con sólo 26 años se ha suicidado, cuando iba a enfrentarse a un juicio por violación de derechos de autor en el que podía haber sido condenado a pagar una multa de 4,5 millones de dólares y a una pena de hasta 50 años de cárcel. Aaron Awartz tenía, además, un carácter depresivo.
Entre 2010 y 2011 Aaron Swartz aprovechó una estancia en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) para descargar millones de artículos y documentos de la base de datos documental JSTOR, supuestamente con el ánimo de compartirlos en las redes de intercambio gratuito de archivos. El sitio JSTOR contiene millones de artículos científicos publicados en revistas académicas, principalmente anglosajonas. Aunque la sociedad editora carece de ánimo de lucro, la descarga de artículos para el público general es de pago. Sin ir más lejos, doce dólares (12) cuesta descargarse este articulito de cuatro páginas, a tres euros la página: Samuel E. Mark: “Odyssey 5.234-53 and Homeric Ship Construction: A Reappraisal”. American Journal of Archaeology Vol. 95, No. 3 (Jul., 1991), pp. 441-445. Es cierto que no pagan los miembros de muchas universidades e instituciones, pero sólo porque su universidad o institución lo hace por ellos, o porque éstas han suscrito un acuerdo con JSTOR de intercambio de publicaciones.

Este suceso se inscribe en la polémica por el acceso al conocimiento a través de internet. Mientras que la investigación privada y la investigación con fines militares produce habitualmente conocimientos orientados a la competencia y el lucro, y protegidos a menudo mediante el secreto, la investigación financiada con fondos públicos que se genera en las universidades y se publica en las revistas académicas, tradicionalmente se ha difundido de forma generosa y se ha publicado sin cortapisas. El ciudadano que ahora compre por descargar un artículo de JSTOR lo habrá pagado dos veces: la primera vez mediante los impuestos que han sufragado el sueldo del investigador y la edición de la revista académica en formato papel (edición a menudo deficitaria), la segunda comprándolo en PDF a través de internet. Es ésta una polémica viva que ha producido, esta vez, un efecto colateral trágico e imprevisible.
Contribuyo al debate colgando aquí, para su descarga gratuita y sin ánimo de lucro por mi parte, un artículo científico distribuido por JSTOR sobre las llamadas “sartenes” cicládicas de la Edad de Bronce:
John E. Coleman: “‘Frying Pans’ of the Early Bronze Age Aegean”. American Journal of Archaeology, Vol. 89, No. 2. (Apr., 1985), pp. 191-219.
Añadido 26/01/2013. Me entero tarde de la existencia de la Declaración de Berlín sobre el acceso abierto al conocimiento en Ciencia y Humanidades de 2003, a la que se han adherido cientos de instituciones de todo el mundo. Es el camino.
Añadido 12/02/2013. Leo en el NYT un artículo en el que Mike Winerip critica la actitud de Aaron Swartz con estas palabras: “Llevo tiempo viendo a numerosos periodistas, autores, músicos, artistas, correctores de textos, agentes y editores de talento perder su medio de vida en nombre de la información libre”. Pero este no era el caso. Las revistas académicas, que es el contenido que almacena JSTOR, no pagan derechos de autor, porque supuestamente las ediciones son tan menesterosas que sólo alcanzan a cubrir gastos de edición, impresión y distribución; además se da por supuesto que el académico rentabiliza económicamente tales publicaciones en forma de méritos, notoriedad, ascensos, carrera profesional en suma.
He descubierto, por el blog de Placeres griegos, al fotógrafo angloheleno Platón Antoníu. ¡Qué fuerte y qué bonito! A gran tamaño tienen que ser la hostia. Hablaba Arcadi Espada sobre la inmoralidad de un blanco y negro hecho hoy, porque todo lo empobrece a base de teñirlo de años 40 o 50, de cueva y mugre. Me la suda, chico. Para mí lo quisiera este blanco y negro lustroso, y la sonrisa orgullosa de muchos de estos retratos. Ὑγιαίνετε παντες, ὦ ἀδελφοί.

Ya no reporto periplos. A partir de cierta edad la vida que presumimos nos queda por delante parece corta, y hay que elegir entre viajarlos o contarlos. De este verano, pues, sólo publico unas pocas fotos: el puerto romano de la isla pontina de Ventotene, una parte en Flickr y otra en Wikimedia, por una mezcla de gusto y de sentido del deber. Y por gusto solo esta “Farola y escultura en bronce dorado del puente Alexandre III (París)”, que he publicado en Wikimedia Commons y he presentado al concurso WikiLovesMonuments Francia. Me encantan la composición, aunque me desconcierta un poco que sea central y asimétrica, la sutileza de los grises de la farola y el vidrio, la concisión de los toques de color casi complementarios (no hay Photoshop), y ese momento decisivo en el que se abrió un claro entre las nubes justo donde la composición de la foto lo pedía a gritos. Por lo demás, se le ve el culo al caballo, pero es que es la foto de un aficionado a la gráfica, no un himno a la grandeur de la France como sí lo es esa barbaridad de puente. Que vaya pedazo de puente…

Foto: José M. Ciordia. Licencia Creative Commons BY-SA. Aquí la foto a máxima resolución.
Añadido 11/12/2012. Ya se ha fallado el concurso y los ganadores son… ¡Enhorabuena a todos los participantes por disfrutar participando en una iniciativa tan encomiable! ¡Y gracias a WikimediaCommons por organizarla!