Imaginaba una avalancha de críticas a 300 en los blogs de Χείρων·Chiron y callaba, pero no. Ahí va, pues.
Vale la pena. Valen la pena los primeros veinte minutos. Pero, lo decía Manuel Hidalgo el otro día en El Mundo, ya sólo (y acaso sólo) como espectáculo visual, fotográfico o pictórico. Es alucinante la luz (falsa, en Grecia la luz es muy diferente), luz cenital suave, dorada. El grano, como de película fotográfica Kodak TriXPan, negro, gordo, bien visible y precioso. Y es alucinante, por ejemplo, ver a cámara lenta un salpicón de gotas de sangre, y cómo el enfoque varía de las gotas de primer plano, a las de plano medio y a las de fondo. ¿Quién está sangrando/muriendo? Qué más da, hablamos de pintura, o arte visual, no propiamente de cine, de poesía filmada, si acaso. Es un hallazgo también la orácula esa: su danza grabada bajo el agua pero vista sin agua. De algunas películas recuerdo sólo algunos planos, como éste, de una osadía que te deja agarrado a la silla.
Y siempre la composición del plano en cinemascope, trabajadísima. La composición, como el aspecto de muchos planos, es puro cómic trasladado al cine. Cómic o pintura historicista del XIX. De esta película, con los años, muchísimos recordaremos a Leónidas, su mujer y su hijo sobre un fondo de trigales maduros y, al fondo, las montañas, altas y grises como, ésta vez sí, el Taigeto amenazando tormenta: oro y rojo sobre gris oscuro.
Me la recomendaron diciendo “es pura épica” y lo es, pero simplona como un cómic para adolescentes. Tan simplona que varias veces yo y muchos nos echábamos a reir. Como la épica, es belicista y la batalla se narra a ritmo de rock duro. Como para salir pegando tiros si a uno le va la marcha (militar, por supuesto).
Se habla de la curiosa mezcla de homofilia y homofobia. Para mí está claro que va de homófila con los ositos y homófoba con las locas. Muy varonil, pues, muy militar y muy de Alcmán. Por cierto, que acaba uno harto de vientres como tablas, puro músculo; pero con luz suave las sombras que marcan los músculos se revelan falsísimas, obra del maquillaje; en otras palabras, que los espartiatas éstos se han labrado los músculos a base de polvos, y así cualquiera. Referencia homoerótica captada al vuelo: luchan dos espartiatas macizos, espalda con espalda, contra los aquemédias de turno y le pregunta uno al otro: “¿Quieres que te cubra la espalda?” (cosa que ya está haciendo). Y el otro contesta con una sonrisa picarona: “En otro momento, gracias, ahora estoy ocupado”. ¿Se entiende?
Total que le sobra la batalla de las Termópilas, y el belicismo que con su pan se lo coman, que dulce est bellum inexpertis sólo. Pero sigue valiendo la pena para echar un rato.
— ¿Fidelidad histórica?
— Léase usted a Herodoto (VII 201-238) y no me dé la brasa, hombre”.
Más. Una buena animación de la batalla de las Termópilas.



