Anda por ahí un memo al que llaman, sin embargo, Meme (sine animo iniurandi dictum, sed meam avunculam emissem pro ioco). Sin falta de que me inviten porque la propuesta es lo bastante sabrosa, corto y pego un fragmento de uno de esos raros raros. Recién salido del TLG, que no tengo porque no me lo puedo permitir, con todos ustedes Julio Pólux en deshabillé recitando un fragmento de lexicografía náutica (Onomástico 1.82):
Barco, nave, mercante, barca, barco feriante; el que lleva de todo, completo. Cientera, pentecontera, triacontera, veintera. Enearreme, heptarreme, trirreme, dirreme, monera. Barcos largos, redondos. Barcas, arrastres, arrastrines, botes…
Y no sigo, porque lo dicho basta para saber que el tal Pólux es un pesado intraducible, un lexicógrafo que juntaba vocablos por áreas temáticas así, a la brava, sin definirlos. Pero no debe ser tan raro éste cuando tiene su propia entrada en la Wikipedia española (allí los detalles del sujeto).
Y ya puestos a memear (no soy tartamudo, chicos, es un neologismo: “yo memeo, tú memeas, él memea…” ¡alto ahí!), tengo que condenar y condeno, a todos los que se han sumado a este memo que llaman Meme, a crear en la Wikipedia de la lengua de su elección el artículo correspondiente al raro raro que hayan elegido. Como el mío ya está hecho… que en el pecado lleven la penitencia.
Que los de Sagunt se lo montan de vicio no es ningún secreto: itinera classica llaman a ir de picnic con los amigos y visitar emplazamientos arqueológicos con tratamiento de VIP (léase, arqueólogos profesionales a modo de atentísimos ciceroni). Me apunté a la visita de Ampùries que incluía (“no m’ho puc creure!”) entrar, oír, ver y tocar el CASC, el Centre d’Arqueologia Subaquàtica de Catalunya, con sede en Girona, de la mano de Gustau Vivar, segundo del maestro Xavier Nieto.
Gustau, además de buen mozo, resultó ser encantador, clarísimo y muy paciente. Vimos los tanques en que se desalinizan los materiales rescatados de los pecios (cinco años lleva inmerso un cuerno de marfil en espera de soltar la sal); una liofilizadora y otros materiales de conservación, sus botes, los trajes de buzo alineados como en un parque de bomberos…
La segunda parte de la visita la pasamos en el almacén en que se guardan ánforas, escandallos, anclas de piedra y plomo, restos de un vino milenario, la base de varios postes de palafitos neolíticos, un molde para joyas, el tapón de madera de, tal vez, el tonel de vino de un capitán mercante griego, cerámica varia, restos de la tablazón de un casco griego cosido (un πλοῖον ῥαπτόν en palabras de Estrabón 7.4.1).
Dos datos curiosos. Uno, que el CASC lleva a cabo su tarea con sólo dos arqueólogos subacuáticos en nómina. Y el dato sabroso correlativo: que admiten a estudiantes de arqueología subacuática en sus excavaciones. La lógica aconseja a los aspirantes ir preparando una licenciatura en Arqueología y el carnet de buceador profesional. Yo lo dejo para mi próxima vida: si me reencarno en delfín seré insustituible, y si en “Naucrates ductor”… algo malo habré hecho.
Para saber más:
Un libro: Piero A. Gianfrotta, Xavier Nieto, Patrice Pomey, André Tchernia. La navigation dans l’antiquité. Aix-en-Provence: Edisud, 1997. ISBN 2-85744-799-X.
Placer aparte fue conocer in vivo y compartir mesa con mis primeros chironianos, Ana, Luis y Juanvi. Comentario sobre el que hubo acuerdo unánime: la colaboración virtual tiene la ventaja de dejar las manías de cada uno en la puerta. Doy fe. El curso próximo toca iter classicum al puerto fluvial de Caesaraugusta y aledaños.
Otra cosa. Que un alumno resulte premiado siempre es un motivo de orgullo: Segundo Premio de traducción de Griego (además de un Primer Premio de traducción de Latín) en el Concurso de Traducción de Latín y Griego 2007 convocado por la Delegación de Aragón de la Sociedad Española de Estudios Clásicos. Jesús se llama. Enseñarle fue facilísimo, casi aprendía solo.
Añadido 10/08/2009. En las Telenenotícies del 5 de agosto entrevistan brevemente a Xavier Nieto a cuenta de un hallazgo de 40 ánforas romanas en aguas de la Costa Brava. En cuanto tenga un rato lo subtitulo.
Que los estudios de genética humana van a resolver muchas batallitas de historiadores es cosa sabida. Aquí mismo hablaba de los etruscos de Heródoto, y Colin Renfrew dio que hablar lo suyo al relacionar indoeuropeo y difusión de la agricultura desde Asia Menor; aunque esta última enganchada está por ver en qué queda. Me pido vivir para verlo.
Esta vez el cuadro se pinta con brocha gorda: Journey of Mankind rastrea la migración humana durante los últimos 160.000 años nada menos, en una animación interesantísima. El ADN mitocondrial nos retrotrae hasta la Eva africana, en tanto que el Cromosoma Y hace lo propio con el sexo débil, hasta el Adán con el que todas las madres nos comparaban cuando entonces.
Y ahora barro para casa.
Ya en el 90.000 los ancestros de todas las poblaciones no africanas, y de algunas africanas, navegaban lo bastante como para cruzar la boca del Mar Rojo.
En los 10.000 años siguientes los pobladores de Asia no se separaron de la costa: comedores de ostras, cangrejos, navajas… fabricantes de concheros.
74.000-65.000: siguen los asiáticos pegados a la costa, y navegando hasta colonizar Australia y Nueva Guinea.
Hace 50.000 años, el hombre asciende por Mesopotamia, río(s), cruza el Bósforo y… ¿cómo coloniza Europa? Por el camino más corto: asciende el Danubio, río, y enlaza con el Rhin, río.
Es una obsesión, pero está claro que durante milenios hemos sido animales de costa y ríos, navegantes siempre, por supuesto. Y que subestimamos la importancia de la marina en los estudios de historia antigua.
Nunca, o casi, he hablado aquí de mi otro blog: El origen naval de la arquitectura y la escultura griegas. El otro día me preguntaron si lo tenía colgado. No exactamente, le doy vueltas, lo volteo como los griegos a sus barcos, preguntándome si volviendo a redactar su sinopsis tendría algún futuro: podando sus evidentes excesos, y sobre todo yendo al grano (“primero, segundo, tercero…”). Al tiempo le saqué el otro día unas astillas para hacer presentable este dibujo.
La próxima vez que veas representado un barco griego, ¿podrás evitar dar la vuelta al libro y preguntarte si no estás ante el germen de un templo? :) De nada.
La editorial Crítica cumple 30 años y se ha estirado. Entre otros reedita, de David Abulafia (ed.), El Mediterráneo en la historia (ISBN 84-8432-483-4): gran formato, tapa dura, 308 ilustraciones, 161 de ellas a color, papel couché y sobretodo rigor en el texto. ¿Hace falta decir que es un regalo a 12 euros? No me pagan, pero si lo hicieran no les diría que no.
Lo digo porque me gustan los libros, pero también porque la cultura clásica es, en realidad, una parte de la historia del Mediterráneo. Platón decía que los griegos vivían como ranas en torno a una charca, y los romanos… ¡se creían que el mar era suyo! En fin, que la ecuación cultura clásica igual a cultura naval acabará calando. Y si no, al tiempo. :)
Más. Por cierto, que aún dicen algunos que la vida es fea. Será insoportable, pero fea, lo que se dice fea… vale, a veces también.