Tantos años con el nombre de Helena entre nosotros, y no me había dado cuenta hasta ahora de que el suyo es un nombre parlante: ἑλένη según Hesiquio significa “antorcha”, y es una variante de ἑλάνη “manojo y/o antorcha de cañas”. ¿Es sólo una coincidencia? No creo, por lo que sigue.
Los marinos griegos de la antigüedad llamaban así, Ἑλένη o ἑλένη (“Helena” o “antorcha”, con mayúscula o minúscula), a un único fuego de San Telmo que aparecía ocasionalmente en lo alto del mástil de un barco inmerso en una tormenta eléctrica. Podemos pensar que los marinos usaban el término exclusivamente en su acepción de “antorcha” porque ese fenómeno eléctrico tiene el aspecto de un fuego. Pero el caso es que, según la misma información de Plinio (Historia natural II.101), cuando los fuegos de San Telmo eran dos los llamaban los Dioscuros, es decir, Cástor y Pólux, precisamente los hermanos de Helena por parte de padre y madre. Vamos, que fueran uno o dos, para los griegos los tales fuegos eran hijos de Zeus y Leda y Tindáridas, de los Tindáridas de Esparta de toda la vida.
Así que Ἑλένη y ἑλένη no deben ser un caso de homofonía, sino de personificación, por lo que debemos entender que según el mito “Paris raptó a Antorcha y luego…”. Y luego ardió Troya, claro. Es que estas cosas hay que pensárselas muy bien antes, Paris, bonito.
Menelao desiste de matar a Helena impresionado por su belleza (la flanquean Afrodita y Eros). Cratera de figuras rojas, Museo del Louvre G424. Fuente: Wikimedia Commons
Añadido 8/12/2012. Más leña al fuego. Resulta que, según el poeta épico tardío Trifiodoro, Helena agitando precisamente una antorcha hizo señas a los aqueos expectantes de que las puertas de Troya iban a ser abiertas por los guerreros emboscados en el caballo:
Inmediatamente Sinón, junto a la tumba de Aquiles,
hizo brillar la señal para los Argivos con muy luminosa tea,
y durante toda la noche, desde lo alto de su habitación, también la propia
Helena, la hermosa, mostraba a sus compañeros la dorada antorcha. Trifiodoro, La toma de Ilión 510 y ss.
Escribí esta fruslería (divertimento o, por decirlo en latín, nuga) hace ya un año, y quedó como por un despiste arrinconada entre archivos acumulando —por citarme a mí mismo— polvo de bits. La saco hoy a la palestra para que la tundan a base de bien, a ver si resiste la prueba de la verdad; aunque se da por bien empleada con que alguien la lea. La tesis principal es bonita: dice que el espolón de tres láminas griego, tan peculiar, es un a modo de punzón que pretende dibujar en su plano frontal… Pero mejor callo. ¡Letra va!
La trirreme como pez espada, el espolón griego de tres láminas y la letra ξῖ
Artículo breve que sostiene que los antiguos griegos concebían la trirreme como un pez espada y la decoraban en consecuencia; ello explicaría además la forma tan caracterísitcia del espolón griego de tres láminas. Tamaño: 341,34kB. Descargas realizadas: 221.
He subido a YouTube, by the face, un brevísimo documental sobre arqueología subacuática: Arqueólogos del mar. Documenta muy por encima la excavación del pecio de Tektaş Burnu (en turco “el lugar donde no triscan las cabras”), un barco mercante griego del siglo V a.C. Dirige la excavación George Bass del Institute of Nautical Archaeology (campañas de 1999 a 2001). A ver cuanto tardan los dueños en quitarlo, pero para lo pequeñito que es, 16 minutos, no les vale la pena que se tomen la molestia. ¿A que sí?
Estamos de enhorabuena: los bucaneros de Odyssey Marine Exploration se han visto obligados a devolver los tesoros del Nuestra Señora de las Mercedes, valorados en unos 400 millones de euros, y las portadas de nuestros periódicos exultan de orgullo patrio. Pero si yo fuera, un suponer, Ministro de Hacienda de Perú, o de México, estaría por las mismas dando saltos de alegría.
Porque, vamos a ver, los ladrones han devuelto el tesoro porque pertenecía y, según el derecho naval, sigue perteneciendo a España. Por cierto, que el argumento que subyace a esta legislación es bonito de narices: un barco que sirve en una armada se irá a pique pero eso sólo significa que durante un tiempo demasiado largo no puede reunirse con sus compañeros de armas, no que deje de servir en dicha armada; ergo el NSDLM seguía perteneciendo a España. Pero, me pregunto yo, ¿a qué España? Porque el NSDLM fue hundido por el inglés en 1804 cuando traía a la metrópoli un cargamento de oro y plata originario del Perú. Entonces España incluía Perú, México, Bolivia, Argentina y todos los países que aún tardaron años en partir peras con los peninsulares. Si los tesoros del NSDLM ya no pertenecen sólo al Borbón (heredero supongo de su propietario de entonces, Carlos IV), sino a todo el pueblo soberano, digo yo que tan soberano es el pueblo de Lepe como el de Cuzco, Asunción o Coahuila.
Un momento, ahora lo pillo. Cuando se independizaron estos países el acuerdo fue: “¿Ves esta raya? Pues lo de aquí mío y lo de allí tuyo, y aquí paz y después gloria”. Sí, claro, pero el NSDLM no lo entregan los tribunales norteamericanos a España porque estuviera en nuestras costas (estaba en aguas jurisdiccionales de Portugal), sino porque se trata de un barco militar que forma parte, todavía hoy, de la armada española. Pero, por lo que he leído, nadie parece haberse dado cuenta del absurdo: la armada de concretamente ¿qué España? En justicia habría que repartir el tesoro a lo largo de todas las Españas según el porcentaje de población de 1805, o sea que da el caso para un vaudeville judicial y patriótico que lo flipas. Pero mejor me callo y no doy ideas.
Nunca supo el crítico de arquitectura Bruno Zevi lo cerca que estuvo de la verdad. Escribió esto:
Quien investigue arquitectónicamente el templo griego, buscando en primer lugar una concepción espacial, tendrá que huir horrorizado, señalándolo amenazadoramente como típico ejemplar de no-arquitectura. Pero quien se acerque al Partenón y lo contemple como una gran escultura, quedará admirado como ante pocas obras del genio humano.
Bruno Zevi, Saber ver la arquitectura. Barcelona, ed. Apóstrofe, 1998, p. 55. [Saper vedere l’architettura. Torino, Einaudi, 1948]