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Artículos de la categoría «Náutica»

Hozando libros

26 junio 2014 · Náutica

Hozan los cerdos —y gozan con ello— cuando escarban la tierra con el morro. Así me halla el verano, con la nariz metida de nuevo entre las páginas de un libro. Leer un libro todo seguido, un texto largo, no picotear en internet o los periódicos, es cada vez más sinónimo del verano, porque requiere de recogimiento, y porque impone a su vez un ritmo lento al paso de las horas que es imposible en otras estaciones.

Rose George, una periodista británica de apariencia engañosamente frágil (hela aquí dando una breve conferencia en Singapur), escribió acerca de la marina mercante este Noventa por ciento de todo. La industria invisible que te viste, te llena el depósito de gasolina y pone comida en tu plato (editorial Capitán Swing, ISBN 9788494221354304). Aunque todo el glamour cae habitualmente del lado de la navegación a vela, también cabe enamorarse del mar y navegarlo a bordo de un ruidoso, prepotente y sucio barco a motor. De un amor así da sobradamente fe este libro.

Empieza la autora expresando una extrañeza que yo también sentí hace tiempo: la marina mercante es invisible para el ciudadano común a pesar de que tiene un efecto continuado en su vida diaria, de hecho el noventa por ciento del comercio mundial viaja en barcos. Esa invisibilidad me la expliqué en su día razonando que es mínima la población que se dedica en occidente a esta profesión. No tratamos con marinos mercantes, sobre todo porque son tan pocos… Un monstruo que transporta 15.000 contenedores lleva una tripulación de sólo 13 personas. Como además se reparten en turnos, se puede decir que estos monstruos del mar se mueven casi solos.

El libro está lleno de datos jugosos. Abro por cualquier página y me encuentro con la noticia (p. 27) de que el bacalao escocés que se pesca y se come en Escocia, en medio se ha cortado en filetes en China, porque sale más barato congelarlo, enviarlo por barco al otro lado del mundo, descongelarlo allí, filetearlo a mano al precio de la mano de obra china, volver a congelarlo, enviarlo en barco de vuelta a Escocia y descongelarlo de nuevo, que filetearlo en Escocia pagando el precio de la mano de obra fileteadora escocesa. No sé si me he explicado. Lógico y de locos al mismo tiempo.

Como buena periodista, Rose George humaniza su ensayo para hacerlo mas agradable de leer, presentándolo como la crónica de un viaje que emprende como invitada en el Maersk Kendal, de Rotterdam a Singapur, con un cargamento de… vaya usted a saber qué, pero metido en contenedores. En un capítulo explica la autora precisamente que el formato estandarizado del contenedor ha acabado con la profesión de estibador, y de paso con una parte importante del romanticismo de la profesión.

Datos tontos que me han llamado la atención. Un monstruo portacontendores puede gastar 30.000 euros diarios en combustible (p. 109), y pagar 300.000 dólares por cruzar el canal de Suez (p. 122). Para ahorrar combustible, muchos de ellos navegan a unos 15 nudos, poco más de la mitad de la velocidad que pueden desarrollar, en lo que se llama “navegación lenta” (p. 110). Gracias a estas medidas, y al gigantismo de los buques, se consigue que una prenda de ropa, que viaja del extremo Oriente a Europa, deba sólo 2,5 céntimos de euro al coste del transporte por mar.

La autora dedica un capítulo a la piratería a su paso por la costa de Somalia. Habla entre otros temas de la imprudencia que yo desconocía del capitán Philips, secuestrado cuando iba al mando del Maersk Alabama, y retratado como un héroe en la película reciente y buenísima Capitán Philips de 2013. Y se expresa en duros términos, aunque indirectamente, contra la frivolidad de la Harvard Business School que en 2010 eligió a la piratería somalí como el mejor modelo de negocio del año (p. 166).

Una delicia de lectura, para quien se deleite leyendo sobre estos temas, obviously. Por lo demás, es una pena que el libro, bien impreso y encuadernado, flojee enojosamente por la parte de la edición. Hay erratas brutales, y un traductor que desconoce algo tan básico como el significado del término “armada” en español (ver definición en el DRAE). Traduce en la página 11:

El jefe de la flota británica —que es conocido como el First Sea Lord, a pesar de que el jefe de la Armada no es un Land Lord— dice que en nuestros días sufrimos de ceguera marítima.

The chief of the Royal Navy – who is known as the First Sea Lord, although the Army chief is not a Land Lord – says we suffer from ‘sea blindness’.

Resulta curioso que en los títulos de crédito se reconozca la labor de un corrector ortotipográfico. Este, de un nivel parecido al del corrector de texto y el traductor, insiste en que a lo largo de todo el libro se escriba mal, con mayúscula, la palabra “Estado”, que como todo el mundo sabe es un nombre común. Si procede así en atención al peso semántico de la palabra, ¿también acostumbra a escribir con mayúscula la palabra “pene”? Sería raro pero coherente; de hecho un funcionario varón previsiblemente tendrá a ambos en parecida estima.

Camilleri. Disfrutado el libro anterior, hozo y gozo ahora con la última novela traducida de Andrea Camilleri, Juego de espejos. Recomendabilísima.

Luciano de Samosata. Y tengo pendiente para más adelante saborear una novedad editorial que se promete deliciosa. Irene Vallejo, filóloga clásica colaboradora del Heraldo de Aragón, ha versionado las Historias verdaderas de Luciano de Samosata en un libro infantil titulado El inventor de viajes, ilustrado por José Luis Cano. Incluye barcos y griegos, un buen texto y dibujos bonitos como el del Pulgarquero de aquí abajo, así que merece triunfar. Por lo demás, me choca que la editorial Comuniter sea la obra cultural de una empresa que gestiona comunidades de vecinos. Cosas veredes…

Ilustración Pulgarquero de José Luis Cano

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Superveleros de nombre griego

1 noviembre 2013 · Clásicas

Acabo de leer un artículo sobre los diez mayores barcos de vela privados del mundo y resulta que cinco de ellos, cinco, llevan un nombre de la antigua Grecia, a pesar de que ninguno fue encargado por un griego. Va primero la lista, por orden de esloras expresadas en metros (no en pies como es habitual):

1 Eos, 93 metros.
2 Athena, 90 metros.
3 The Maltese Falcon, 88 metros.
4 M5, 75,2 metros.
5 Phocea, 75,1 metros.
6 Atlantic, 69,2 metros.
7 Vertigo, 67,2 metros.
8 Hetairos, 66,7 metros.
9 Aglaia, 66 metros.
10 Creole, 65 metros.

Traducidos sus nombres al español, son estos cinco: Aurora, Atenea, Focea, Compañero y Brillante. Si nos atenemos a la etimología, también Atlántico es un nombre de origen griego; pero no es lo mismo, en los otros cinco la referencia a la Grecia antigua es consciente. Y eso da para preguntarnos cómo es que… Es fácil, empezando por Odiseo los griegos fueron avezados navegantes y, marinerías aparte, la lengua y la cultura griegas de la antigüedad gozan de un prestigio que no tienen otras lenguas y otros periodos históricos y culturas.

El Eos sólo cuesta 150 millones de euros, pero con su pan se los coman, el barco y los millones. El nombre que más me gusta es el de Focea, porque es difícil no sentir aprecio por quienes fueron los navegantes más aventurados que, sobre el valor y la pericia, sumaron la dignidad de abandonar para siempre su ciudad antes que vivir sometidos a los persas. Pero si tengo que elegir patronear o soñar que patroneo uno de estos veleros, me quedo con el Aglaia, del astillero Dubois, de humilde aparejo bermudiano; es decir, de un solo palo, con velas mayor y génova. Aunque el adjetivo “humilde” no describe muy bien un palo de fibra de carbono hightech de 83 metros de altura.

Foto del balandro Aglaia desde el tope del mástil
Foto © Dubois Naval Architects

Salud y buen viento.

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Lapidario náutico, atribuido a Astrámpsico

1 junio 2013 · Clásicas

Me entero por cortesía de Elena de la existencia de un Lapidario náutico en griego, atribuido quién sabe si falsa o acertadamente al escritor de magia alejandrino Astrámpsico. Como no hay, por lo que veo en Google, edición electrónica alguna en modo texto en todo el universo mundo, y mucho menos traducción al español, procedo a proveer al desocupado lector de ambas.

El texto procede de la edición decimonónica de Mely, F. de, Courel, H. y Ruelle, C. E.: Les Lapidaires de L’Antiquité et du Moyen Age Paris, ed. E. Leroux, 1896-1902 aprox., vol. 2, pp. 191-92. Puedes descargar de aquí en formato .pdf las páginas 191 y 192 que contienen este lapidario en concreto.

LAPIDAIRE NAUTIQUE DIT DE ASTRAMPSICHUS

῾Ὀσοι τῶν λίθων εἰς ἀνακωχὴν ζάλης καὶ τρικυμίας θαλάσσης.

1) Ἄνθραξ καὶ χαλκηδόνιος ἀπὸ παιδίου φορούμενος ναυαγήσαντας ὑποβρυχίους οὐκ ἐᾷ γενέσθαι.

2) Ἀδάμας καὶ ὁ γλαῦκος καλούμενος, ὁ ἐν Μακεδονίᾳ περὶ τὸ πάγιον ὄρος, ὃ χαλάζῃ ἔοικεν ἀποτρόπαιος μεγίστου κλύδωνος καὶ τυφῶνος· τὰ ὅμοια δὲ δύναται καὶ ὁ παρὰ Ἰνδοῖς εὑρισκόμενος ὁ τῷ εἴδει πυρρὸς καὶ ἀργυροειδής· κρείσσων δὲ ὁ σιδηρἰζων.

3) Βήρυλλος ὁ διαυγὴς καὶ λαμπρός, ὁ θαλασσόχρους· γλυφέσθω ἐν αὐτῷ Ποσειδῶν ἐφ ἅρματι διπώλῳ βεβηκῶς καὶ ἐν τοῖς διὰ θαλάσσης ὁδεύουσιν ἀπήμων ταῖς ταραχαῖς ἔστω.

4) Δύοψ, λίθος ἔχων το μέσον λευκόν· ἁρμόζει καὶ αὐτὸς πρὸς εὔπλοιαν.

5) Κυράλιος σὺν δέρματι φώκης εἰς τὸ καρχήσιον τοῦ πλοίου περιαπτόμενος, ἀντιπάσχει άνέμοις καὶ κλύδωσι, και ἀκαταστασίαις παντοίαις ὑδάτων.

6) Ὀφιόκοιλος λίθος γενόμενος ἐν τοῖς ὄρεσι τῆς Αἰγύπτου· ἔχων ἐν ἑαυτῷ φολίδας διεζωσμένας, καθάπερ ὀφἐως κοιλία. Τοῦτον, ἐάν τὶς ἔχῃ, ἀκίνδυνος ἐν ζάλῃ θαλάσσης διαφυλαχθἠσεται.

7) Ὀψιανὸς λίθος μέγας οὐ λίαν, ἀλλ ὑπλόχορος εὑρισκόμενος ἐν τῇ Φρυγίᾳ καὶ Γαλατίᾳ. ὃς καὶ πίσσα καλεῖται, διὰ τὸ προστριβόμενον αὐτὸν ὀσμὴν παρέχειν πίσσης. Χρήσιμος δέ ἐστι φορούμενος τοῖς κατὰ θάλασσαν καὶ ποταμοὺς τὴν πορείαν ποιουμένοις.

Las piedras para calmar una tormenta y una mar brava:

1) Ántrax y calcedonio llevado por un niño no permiten que se produzcan hundimientos que acaban en naufragio.

2) El acero y la piedra que llaman mochuelo, la que se encuentra en Macedonia en torno al monte duro, la que se parece al granizo, protege contra la mayor de las olas y el tifón. También tiene el mismo poder la que se encuentra en la India, la que parece de fuego y de plata, pero es mejor la que parece de hierro.

3) El berilo traslúcido y brillante, el de color verde aguamarina: si se graba en él a Posidón montado en un carro de doble tiro, saldrán ilesos de las dificultades quienes navegan por el mar.

4) El carpintero, una piedra que tiene el centro blanco; esta también va bien para tener una travesía tranquila.

5) El coral, atado con una piel de foca en torno al mástil del barco, contrarresta los vientos y las olas, y todas las perturbaciones de las aguas.

6) La piedra concavosierpe que se da en los montes de Egipto. Tiene escamas separadas como las escamas de una serpiente. Quien la tenga se mantendrá a salvo de la tormenta en el mar.

7) La obsidiana es una piedra no muy grande, pero de color pálido, que se encuentra en Frigia y en Galacia. También se la llama brea, porque al frotarla expide olor a brea. Conviene que la lleven quienes hacen un viaje por mar o por los ríos.

Dicho sea de paso, buscando documentación del Lapidario, me encuentro en la red un artículo de nombre delicioso y contenido más delicioso aún: “La pizarra visigoda de Carrio y el horizonte clásico de los χαλαζοφύλακες”, de F. J. Fernández Nieto, donde se habla del curioso y descansado oficio de vigilante de tormentas o guardián del granizo. Me lo pido, χαλαζοφύλαξ con una silla de enea por toda dotación y vistas al cielo.

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Ardiente Helena

6 diciembre 2012 · Clásicas

Tantos años con el nombre de Helena entre nosotros, y no me había dado cuenta hasta ahora de que el suyo es un nombre parlante: ἑλένη según Hesiquio significa “antorcha”, y es una variante de ἑλάνη “manojo y/o antorcha de cañas”. ¿Es sólo una coincidencia? No creo, por lo que sigue.

Los marinos griegos de la antigüedad llamaban así, Ἑλένη o ἑλένη (“Helena” o “antorcha”, con mayúscula o minúscula), a un único fuego de San Telmo que aparecía ocasionalmente en lo alto del mástil de un barco inmerso en una tormenta eléctrica. Podemos pensar que los marinos usaban el término exclusivamente en su acepción de “antorcha” porque ese fenómeno eléctrico tiene el aspecto de un fuego. Pero el caso es que, según la misma información de Plinio (Historia natural II.101), cuando los fuegos de San Telmo eran dos los llamaban los Dioscuros, es decir, Cástor y Pólux, precisamente los hermanos de Helena por parte de padre y madre. Vamos, que fueran uno o dos, para los griegos los tales fuegos eran hijos de Zeus y Leda y Tindáridas, de los Tindáridas de Esparta de toda la vida.

Así que Ἑλένη y ἑλένη no deben ser un caso de homofonía, sino de personificación, por lo que debemos entender que según el mito “Paris raptó a Antorcha y luego…”. Y luego ardió Troya, claro. Es que estas cosas hay que pensárselas muy bien antes, Paris, bonito.

Menelao desiste de matar a Helena, cratera de figuras rojas (Museo del Louvre G424).

Menelao desiste de matar a Helena impresionado por su belleza (la flanquean Afrodita y Eros). Cratera de figuras rojas, Museo del Louvre G424. Fuente: Jastrow en Wikimedia Commons (dominio público).

Añadido 8/12/2012. Más leña al fuego. Resulta que, según el poeta épico tardío Trifiodoro, Helena agitando precisamente una antorcha hizo señas a los aqueos expectantes de que las puertas de Troya iban a ser abiertas por los guerreros emboscados en el caballo:

αὐτίκα δ’ Ἀργείοισιν Ἀχιλλῆος παρὰ τύμβον
ἀγγελίην ἀνέφαινε Σίνων εὐφεγγέι δαλῷ.
παννυχίη δ’ ἑτάροισιν ὑπὲρ θαλάμοιο καὶ αὐτὴ
εὐειδὴς Ἑλένη χρυσέην ἐπεδείκνυτο πεύκην.

Inmediatamente Sinón, junto a la tumba de Aquiles,
hizo brillar la señal para los Argivos con muy luminosa tea,
y durante toda la noche, desde lo alto de su habitación, también la propia
Helena, la hermosa, mostraba a sus compañeros la dorada antorcha.
Trifiodoro, La toma de Ilión 510 y ss.

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La trirreme como pez espada, el espolón griego de tres láminas y la letra ξῖ

4 diciembre 2012 · Clásicas

Escribí esta fruslería (divertimento o, por decirlo en latín, nuga) hace ya un año, y quedó como por un despiste arrinconada entre archivos acumulando —por citarme a mí mismo— polvo de bits. La saco hoy a la palestra para que la tundan a base de bien, a ver si resiste la prueba de la verdad; aunque se da por bien empleada con que alguien la lea. La tesis principal es bonita: dice que el espolón de tres láminas griego, tan peculiar, es un a modo de punzón que pretende dibujar en su plano frontal… Pero mejor callo. ¡Letra va!

Dibujo desde distintas vistas del espolón de Athlit

  • La trirreme como pez espada, el espolón griego de tres láminas y la letra ξῖ
    Artículo breve que sostiene que los antiguos griegos concebían la trirreme como un pez espada y la decoraban en consecuencia; ello explicaría además la forma tan caracterísitcia del espolón griego de tres láminas. Tamaño: 341,34kB. Descargas realizadas: 673.
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