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Artículos de la categoría «Libros»

Homenaje

22 diciembre 2008 · Libros

Cualquier excusa es buena para recordar la poesía que un día ya lejano nos acunó. Por ejemplo, el que uno de estos días empieza el invierno y la humedad se nos cala hasta el tuétano.

La primavera

Homenaje de Franz Lehar a Jaime Gil de Biedma

¿Quién no se ha puesto un día una guerrera
de húsares, azul, un quepis negro
con un aigret flamante, y las espuelas
con que el caballo vals galopa firme
dentro de los espejos fugitivos
y cual viento de mayo se ha lanzado
a la ocasión que pasa, al dulce atisbo
de la aventura errante, para luego
llorar amargamente sobre el rastro
de una estrella fugaz?

Juan Gil-Albert, Homenajes e impromptus,
recogido en Obra poética completa 2,
Valencia, Institución Alfonso el Magnánimo, 1981, p. 341
(ISBN 8400048482).

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Mancur Olson, economista

14 julio 2008 · Libros

Pretender decir algo relevante sobre el origen del templo griego me ha dado un par de alegrías, una de ellas ésta.

Titulé un capítulo de mi trabajo “El origen mafioso del Estado” (así, con un par) y tiempo después descubrí que este Mediterráneo ya lo había descubierto un economista norteamericano, de nombre Mancur Olson, recientemente fallecido. Creo que los investigadores gustan de ser los primeros en hollar una teoría; en el caso de los aficionados (a mí me pasó) ocurre lo contrario: descubrir que uno es el segundo, tras una autoridad con mando en plaza, anima mucho.

En su libro Poder y prosperidad. La superación de las dictaduras comunistas y capitalistas (Madrid: Siglo XXI de España Editores, 2001. ISBN: 8432310611) Mancur Olson teoriza el origen del estado distinguiendo las figuras del bandido nómada y del bandido sedentario. El primero es un simple depredador, el segundo un depredador con interés a largo plazo, que además de robar piensa en cómo seguir robando mañana, y en cómo robar más con el paso del tiempo. Más que un depredador, y estas son palabras mías, el bandido sedentario es un ganadero de sus semejantes: como el ganadero cuida a su ganado, así el bandido sedentario proporciona servicios a sus víctimas. Del capítulo 1, titulado “La lógica del poder”, selecciono un extracto sobre el monoplio de la violencia:

“Si en el territorio en cuestión los negocios dejan de resultar beneficiosos por culpa del crimen, o éste induce una emigración, el barrio no generará los mismos ingresos y no habrá tanto que robar. De hecho, la familia mafiosa que tenga un monopolio real y continuado sobre el crimen en una zona dada no cometerá robo alguno. Si en verdad monopoliza el crimen, le será beneficioso potenciar la rentabilidad de los negocios y la seguridad de residir en ese barrio. La familia mafiosa asentada maximizará sus ingresos vendiendo protección, tanto contra los crímenes que ella misma cometería (de no ser pagada) como contra los que podrían ser cometidos por otros (de no mantener ellos alejados a los criminales). En igualdad de circunstancias, cuanto más favorable resulte la comunidad como entorno para los negocios y la residencia, tanto más saldrá ganando el negocio de la protección. Así pues, si una familia mafiosa tiene poder para monopolizar el crimen, habrá pocos o ningún delito (aparte del negocio de la protección). La abundante literatura sobre el monopolio del crimen deja claro que una monopolización firme de éste da lugar, usualmente, a negocios de protección y no al crimen ordinario” (página 6).

Este párrafo coincide con la primera función que atribuía a mi mafioso original: mantener los caminos libres de (otros) salteadores. Olson identifica aquí el verdadero sentido de la protección mafiosa: es una protección contra los demás ladrones (hasta ahí se trata de un servicio de seguridad tan legítimo como cualquier otro), pero también (y en esto radica el carácter mafioso de la protección) una protección contra lo que haría el mismo protector en caso de impago, es decir, una forma de robo con amenaza.

En otro lugar del mismo capítulo Olson afirma que el bandido sedentario proporcionará a las víctimas de su latrocinio dos servicios tendentes a aumentar sus ganancias: las obras públicas y un sistema judicial, ya que ambos estimulan las transacciones comerciales y por tanto el monto de riqueza que el bandido podrá robar. ¡Bingo! me digo. Es justamente la misma evolución en cuatro fases que yo atribuía a mi mafioso original o protorrey: robar, escoltar, construir y juzgar. Parece que di en la diana, aunque poco gente nos crea (a él unos cuantos más que a mí).

Se da otra coincidencia no casual entre su trabajo y el mío, y es que parece que ambos nos inspiramos en el proceso de recomposición de Rusia tras el descalabro de la URSS. Ante la ausencia de autoridad, nace una miríada de organizaciones mafiosas que luchan entre ellas, se fusionan éstas con aquellas para crecer y sucumben o prosperan en un proceso acelerado de selección natural, hasta que una de las familias mafiosas alcanza un grado de poder tal que lo único que le interesa es un Estado ordenado. Es el momento en que la familia vencedora no necesita la brutalidad para crecer más, sino reprimirla en los otros para evitar que pongan en peligro el poder que los primeros han alcanzado. Voilá el estado, el grado mayor del latrocinio.

Boutade. Resulta irónico que quienes citan a Olson hablen de su metáfora del bandido nómada y el bandido sedentario. Ya no está entre nosotros para rabiar, pero probablemente Mancur Olson hablaba totalmente en serio y creía realmente que el origen del estado fue el latrocinio; de hecho los impuestos que él pagaba y yo espero seguir pagando durante muchos años distan mucho de ser metafóricos. Pero hasta en esto nos parecemos: me ha dicho alguna vez que si yo he escrito la metáfora esa del barco como origen del templo griego. He escrito sobre ello, sí, pero de matáfora nada de nada. Una nave templaria es una nave naval, dicho sea así por si queda más claro, y punto. Y este artículo es tanto un homenaje a Mancur Olson como a mí mismo, aclaración que extiendo por si no se había notado.

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Generación perdida

7 enero 2008 · Libros

Para generaciones, muchas, perdidas las de los escritores latinos medievales y modernos, como este Juan Segundo. Demasiado modernos para los clasicistas y una especie de renegados para los estudiosos de las literaturas vernáculas, el descuido de todos hace que los tengamos por raros a unos y a los más por carroña para eruditos.

De sus contemporáneos científicos, tal que Newton con sus Philosophiae naturalis principia mathematica, o Pedro Ciruelo con su Cursus quatttuor mathematicarum artium liberalium lo mismo da que escribieran en latín: los físicos, los matemáticos o los filósofos no hacen distingos con las lenguas. Los filólogos, en cambio, nos hemos nacionalizado como quien dice, y a estos apátridas neolatinos les van zurciendo.

Abrevio. Que he rescatado de un estante a Juan Segundo y sus Basia et alia quaedam (Barcelona: Bosch, 1979), traducido por Olga Gete. Le he soplado el polvo, como de veintitantos años, de cuando era capaz de aprenderme versos de memoria. Como muestra un beso, el 9, y en negrita los versos que aún recordaba:

Beso 9

No siempre me des húmedos besos ni blandas risas mezcladas con suspiros ni te reclines siempre sobre mi cuello como para morir abrazándolo. Las dulzuras tienen su medida. Cuanto más tiernamente algo nos conmueve, antes acarrea el triste hastío. Cuanto te pida tres veces tres besos, niégame siete y dame sólo dos, mas ni prolongados ni húmedos; bésame como la casta Diana besa a su hermano portador de dardos, como besa a su padre la hija no iniciada en el amor. Luego, por juego, corre, que no te vea, con alados pies. Ya puedes ocultarte en guaridas recónditas, en profundos refugios; te seguiré hasta el fondo del refugio, te seguiré hasta la apartada guarida. Y, ardiente vencedor, con manos de dueño asiré mi presa como el gavilán de curvas garras a la indefensa paloma. Vencida, me tenderás tus manos suplicantes y, colgándote de mi cuello, querrás, tonta, aplacarme con siete besitos juguetones. No acertarás; para expiar tal delito, te daré siete veces siete besos y pondré por cadenas mis brazos a tu cuello para que no me huyas. Cuando hayas pagado todos aquellos besos, jurarás por todos tus encantos querer sufrir a gusto y a menudo el mismo castigo por igual delito.

Suena incorrecto al cabo de los años, pero a Juan Segundo y a mí eso nos la refanfinfla. Toca dar el original latino, que tomo de The Latin Library: Janus, donde guardan besos como para saciar al hambriento.

Basium 9

Non semper udum da mihi basium,
nec iuncta blandis sibila risibus,
nec semper in meum recumbe
implicitum moribunda collum.

Mensura rebus est sua dulcibus.
Ut quodque mentes suavius afficit,
fastidium sic triste secum
limite proximiore ducit.

Cum te rogabo ter tria basia,
tu deme septem, nec nisi da duo,
utrumque nec longum nec udum:
qualia teligero Diana

dat casta fratri, qualia dat patri
experta nullos nata Cupidines;
mox e meis lasciva ocellis
curre procul natitante planta.

Et te remotis in penetralibus,
et te latebris, abdito in intimis,
sequar latebras usque in imas,
in penetrale sequar repostum;

praedamque victor fervidus in meam
utrimque heriles iniiciens manus,
raptabo ut imbellem columbam
unguibus accipiter recurvis.

Tu deprecantes victa dabis manus,
haerensque totis pendula bracchiis,
placare me septem iocosis
basiolis cupies inepta.

Errabis; illud crimen ut eluam,
septena iungam basia septies,
atque hoc catenatis lacertis
impediam fugitiva collum;

dum, persolutis omnibus osculis,
iurabis omnes per Veneres tuas,
te saepius poenas easdem
crimine velle pari subire.

Atque. Por cierto, chicas, os deseo lo mejor para este 2008.

Anuncio de Light Blue, de Dolce & Gabanna

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Volcacio Seisdedos, un rarísimo

13 noviembre 2007 · Libros

Me gustó tanto el meme de los raros-raros que sería un comer y rascar… Pero como no sólo de raros vive el clasicista, pongo uno más y lo dejo (creo).

Volcacio Seisdedos, sive Volcacius Sedigitus, fue un crítico literario romano de fines del siglo II, autor de un poema titulado De poetis. Se conservan cuatro fragmentos en pasajes de autores mejor documentados; es tan poco que voy a darme el gusto de reproducir y traducir su obra completa.

Liber de poetis

[1] Multos incertos certare hanc rem vidimus,
palmam poetae comico cui deferant.
Cum meo iudicio errorem dissolvam tibi,
ut, contra si quis sentiat, nihil sentiat.
Caecilio palmam Statio do mimico.
Plautus secundus facile exuperat ceteros.
Dein Naevius, qui fervet, pretio in tertiost.
Si erit, quod quarto detur, dabitur Licinio.
Post insequi Licinium facio Atilium.
In sexto consequetur hos Terentius,
Turpilius septimum, Trabea octavum optinet,
nono loco esse facile facio Luscium.
Decimum addo causa antiquitatis Ennium.

[2] Sed ut Afer populo sex dedit comoedias,
iter hinc in Asiam fecit et navem ut semel
conscendit, visus nusquam est: sic vita vacat.

[3] Hae quae vocantur fabulae Terenti opus,
cuiae sunt? non has iura qui populis dabat
honore summo affectus fecit fabulas?

[4] Sumetur Hecyra sexta ex his fabula.

Y la traducción de andar por casa:

Libro sobre los poetas

[1] Hemos visto a muchos discutir por esto,
por a qué poeta cómico darían la palma.
Intentaré sacarte de dudas con mi buen juicio
de forma que, si alguien disiente, nadie le dé la razón.
Doy la palma a Celcilio Estacio el autor de mimos.
Plauto, el segundo, supera de lejos a los demás.
Luego Nevio, el apasionado, es tercero por su calidad.
Si pudiera dar una cuarta, la daría a Licinio.
Después coloco a Licinio Atilio.
Que Terencio los siga en sexta posición,
Turpilio en séptima, la octava es para Trabea,
y la novena se la doy sin dificultad a Luscio.
En décimo lugar pongo, por su antigüedad, a Ennio.

[2] Pero Afer, después de dar al pueblo seis comedias,
emprendió un viaje a Asia y desde que
embarcó ya no se le volvió a ver; así de fugaz es la vida.

[3] Las comedias que se conocen como “obra de Terencio”
¿de quién son? ¿No escribió estas obras un hombre que,
gozando de una gran reputación, daba leyes a los pueblos?

[4] Añádase la Hécira como sexta de las obras.

Me toca ahora colgar al autor en la Wikipedia bajo Volcacio Seisdedos, y meter allí un enlace a esta primera traducción al español de su obra completa, un hito en la historia de la filología española. Ahh, internet… ¡qué juguetito! Ya sé que debería haberlo titulado de Sedígito pero… ¿y lo gracioso que queda? Ya me lo renombrarán. Y también me tocaría exprimirlo un poco. El fragmento 1, por ejemplo, da para ir diciendo por ahí que “ese chiste es de grado 6 en la escala de Seisdedos” (como de Terencio), o “ de grado 10” (más viejo que la pana, como de Ennio), pero como no tiene gracia me lo ahorro.

Como muestra de lo barata que va la erudición gracias al amigo Google, aquí están los contextos en que se han conservado los fragmentos del buen Volcacio: el Fr.1 en Aulo Gelio, Noches áticas XV 14, el Fr.2 en Suetonio, Vida de Terencio 4, falta el tercero, y el Fr.4 en Suetonio, Vida de Terencio 2.

Atque. Para regocijo de afectos a la causa he colgado tres fondos de pantalla de Χείρων·Chiron en su Foro. Yo me he puesto el O tempora, que me da risa.

Miniatura del fondo de pantalla O tempora

Última hora. Perseus es OpenSource. Diogenes ya le había sacado este partido por anticipado; repito, Diogenes es gratis y en los 63 Mb de descarga incluye las herramientas de análisis morfológico y los diccionarios adjuntos de Perseus.

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Barretja

1 octubre 2007 · Libros

En catalán, “mezcla”.

1. La Universidad de por aquí ha suscrito un convenio con Educación por el que los profes de media podemos sacarnos el carnet de la biblioteca de la Universidad (idea fácil de exportar a otras universidades, aviso), y el resultado es una gozada, libros a patadas. En un estante he descubierto, prácticamente vírgenes, varios ejemplares de una colección preciosa e ignorada: la Biblioteca Universal Gredos. Son libros de tapa dura, blanca y bronce metalizado, e interior de una sencillez muy elegante. Choca ver títulos japoneses y chinos, pero a nuestra historia de la literatura universal le faltaban. De los que nos tocan por cercanía, listo:

  • Miguel Pselo, Vida de los emperadores de Bizancio.
  • Poesía heroica bizantina.
  • Holderlin, Hiperión o el eremita en Grecia.

Para regalarse.

Portada de Pselo, Vida de los emperadores de Bizancio

2. Otra rareza. La Saudi Aramco World es la revista de una compañía petrolera saudí, Aramco, en los USA, empeñada en estrechar lazos entre Oriente y Occidente, que buena falta hace. Generosa como sólo puede serlo quien nada en petróleo: se envía gratis por correo a cualquier lugar del mundo y reproduce en su web todos los artículos desde su fundación en 1960. Es una operación de relaciones públicas pero de qualité, no te regalan un pareo, sino cultura. Y un número sí, otro no, incluyen un artículo sobre antigüedad grecolatina, por eso de la fusión de Oriente y Occidente cuando Alejandro y los romanos. Una búsqueda de Alexander the Great en los índices da 93 resultados. En el último número, sin ir más lejos, hablan de la confederación licia; en la versión impresa incluyen una foto del faro conservado más antiguo del mundo.

Para aprender inglés y un poco más por la filosa.

Portada de Saudi Aramco World, número 58/5

3. Nuestra SEEC se ha estirado como debe, y ha colgado en la red todos los números de la revista Estudios Clásicos en .pdf. Ahora sólo falta ponerle un poco de buen gusto a la web; y puestos a pedir, unos índices electrónicos no le irían nada mal, y un motor de búsqueda en los índices… lo normal en otros lares. Por lo demás, el sueño de la biblioteca universal al alcance de un clic cada día está más cerca, y las herramientas para quedar de pedante lo mismo.

Portada de la revista Estudios Clásicos

4. Del verano que he pasado pegado a libros de papel, destaco dos mamotretos (¡qué etimología la de μαμμόθρεπτος, “criado por la abuela”!), ambos de Jared Diamond: Armas, gérmenes y acero y Colapso. Una historia universal de las culturas con su dosis de etnobiología, anécdotas personales, sentido común y lo mucho que le gusta enrollarse a este hombre, pero se disfruta y se aprende. Y en una edición de bolsillo que da gusto por lo flexible que es el papel, como cuando en tiempos admirábamos la flexibilidad de los Penguin Books, mientras aquí los Austral se nos deshojaban como un virgo en desuso, como un pergamino en virutas. Tempora, mores!

Portada de Armas, gérmenes y acero

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