Se equivoca la RAE

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No es frecuente pillar equivocándose a la Real Academia Española (por antonomasia, la de la Lengua), así que por lo inusitado —y por el gusto de presumir de listo— me voy a tomar la molestia de dar aquí fe de su error, y de proponerles la enmienda, aún seguro de que no me leerán y menos aún me harán caso. Escriben los académicos en su Ortografía de la lengua Española (2010), sobre el uso de textos con todo mayúsculas:

4.4. PARA FAVORECER LA LEGIBILIDAD
Como ya se ha indicado (v. § 3.2), lo normal a la hora de escribir un texto, sea de la naturaleza que sea, es emplear como letra base la minúscula, aplicando la mayúscula en los casos prescritos por las reglas. No obstante, y al contrario de lo que sucede en textos largos, donde normalmente hacen más fatigosa y lenta la lectura, las mayúsculas favorecen la legibilidad y visibilidad en textos cortos. Eso las convierte en el tipo de letra idóneo en ciertos contextos comunicativos, como inscripciones, carteles, letreros, paneles informativos, títulos, etc. [Negritas mías]

Quienes hemos leído algo de diseño gráfico sabemos que se han hecho muchos estudios de legibilidad, y que todos concluyen que las minúsculas son más legibles que las mayúsculas. Ocurre así porque las minúsculas tienen ascendentes y descendentes que las hacen más fácil y rápidamente reconocibles que las mayúsculas, que se parecen más entre ellas y son, por tanto, menos distinguibles. Pero no recuerdo haber leído nunca que eso sea cierto solo en los textos largos, y menos aún que —como por arte de magia— en los textos cortos la legibilidad de un tipo de letra y otro se invierta. Esto la RAE se lo saca, por decirlo rápido y fino, de la manga.

Es verdad que en los textos largos es más fácil medir científicamente (con un cronómetro en la mano) la diferencia de legibilidad: pongamos que se tarda en leer un texto en minúsculas de 20 líneas algunos segundos menos de lo que se tarda en leer el mismo texto escrito en mayúsculas. La diferencia será tan grande que incluso el lector podrá percibirla subjetivamente, sin usar un cronómetro. Y también es verdad que es difícil medir científicamente la diferencia de legibilidad de un texto muy corto como «PROHIBIDO FUMAR» con respecto al mismo escrito con minúsculas «Prohibido fumar», porque nada más pulsar el cronómetro tendremos que apagarlo; imposible que el lector perciba subjetivamente diferencia alguna. Pero que la diferencia de legibilidad sea más difícil de medir, por ser pequeña, no significa que haya desaparecido. Los niños muy pequeños creen que cuando ellos dejan de ver algo—«Cucú, tras tras»— , ese algo ha dejado de existir, pero ¿la RAE? ¡No me jodas!

¿Y de dónde saca la RAE eso de que la legibilidad, incluso, se invierte en los textos cortos? Es otro caso de pensamiento mágico, o de escribir sin pensar, a tontilocas. La experiencia nos dice que los textos largos se escriben habitualmente con minúsculas y que los textos muy cortos se escriben a menudo con mayúsculas. Vamos, que las mayúsculas son el tipo de letra más habitual «en ciertos contextos comunicativos, como inscripciones, carteles, letreros, paneles informativos, títulos, etc.» Pero que algo sea habitual o una tradición asentada no significa ni mucho menos que sea idóneo, ni siquiera razonable: que se lo pregunten a los fumadores o a quienes practican por tradición ancestral la mutilación genital femenina. La RAE comete aquí un error, también, de niño de teta.

La clave para entender la preferencia por las mayúsculas en los textos cortos está implícita en esa enumeración de «contextos comunicativos». Las inscripciones romanas se escribían en mayúsculas, inicialmente porque era el único tipo de letra que había. Las inscripciones, por su propia naturaleza, eran muy visibles y en su mayoría muy breves («CAVE CANEM») y sirvieron de modelo —un modelo duro— para esos otros contextos comunicativos: carteles, letreros, títulos… y hasta hoy. Sugiero, por todo ello, que la RAE reescriba ese apartado de la Ortografía… en la próxima edición usando más o menos estas palabras:

4.4. POR TRADICIÓN
Como ya se ha indicado (v. § 3.2), lo normal a la hora de escribir un texto, sea de la naturaleza que sea, es emplear como letra base la minúscula, aplicando la mayúscula en los casos prescritos por las reglas. No obstante, en los textos cortos, como la diferencia de legibilidad es inapreciable, a menudo se usan las mayúsculas en ciertos contextos comunicativos herederos de las inscripciones en materiales duros de la antigüedad, que se escribían en mayúsculas: inscripciones, carteles, letreros, paneles informativos, títulos, etc.

De nada.

Añadido 14/6/2022. Como puede parecer que también yo me saco los conejos de la chistera, traigo aquí una prueba de que los ingenieros especialistas en señalética actuales opinan, como yo, que también en textos brevísimos, como los paneles informativos de las carreteras, que se leen en un suspiro, las minúsculas son más legibles. (Ya que nos ponemos, yo juraría que en este panel han usado el tipo Frutiger, de Adrian Frutiger, para mí tal vez el tipo de palo seco más legible que hay y uno de los más elegantes.)

Panel de la Autovía del IV Centenario

Para acabar, aclaro que solo hay una razón por la que un filólogo de a pie como yo puede enmendarle la plana a toda una RAE, con su plétora de filólogos, los mejores del país y la época sin ninguna duda. Porque este de la legibilidad no es realmente un asunto de lingüística, ni filológico, sino de ortotipografía, o de diseño gráfico, o de señalética, cuestiones todas en las que los filólogos que han redactado el apartado § 4.4 de la Ortografía… son unos meros aficionados. Por lo menos a mi lado. ;)

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