Nueva Anfítrite

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Un poema de Ángel González que, sin ser mío, dedico a una amiga que ha cumplido un sueño, como quien desposa al mar. Y ahora pasea a su lado por la mañana, por la tarde levanta la vista del libro que está leyendo y se llena de él, y —aunque aún no lo sabe— oye dormida cada noche su rumor continuo como la respiración de un amante.

El recuerdo

Si fuese débil, si
me abondonase a tu canto un solo instante,
no podría
desasirme ya nunca de tus redes
y me debatiría,
inmóvil en tu centro,
los siglos o las horas que aún me quedan.

Te oigo a lo lejos,
hablas
de cosas que también están lejanas,
pero no escucho;
cierro mis oídos,
y miro el mar, el cielo, las gaviotas,
con toda la atención puesta en su vuelo,
con toda el alma sobre su aventura.

No tienes fuerzas para detenerme,
pero
cada vez que te oigo a pesar mío,
vacilo
y siento
el deseo de acostarme
sobre la arena blanca de la playa
y llorar escuchando tus historias
que empiezan de mil modos diferentes
para llegar al mismo
final
siempre:

«el hombre, solo, frente al mar, por último…»

Ángel González, Palabra sobre palabra. Barcelona: Seix Barral, 1992, p. 72.

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