Grupos de Google, whatsApp y el Titanic

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Hoy se cumplen exactamente diez años desde el 1 de octubre de 2008. Ese día cinco juramentados creamos —a la salida de una reunión de coordinación de las PAU, ¿cuándo si no?— un grupo de Google que abrimos a todos los profesores de clásicas de secundaria de Aragón. Nos guiaba la ilusión de rozarnos un poco y hacer cosas divertidas juntos. Lo llamamos Aragón Clásico en la estela de la web Extremadura Clásica del gran Carlos Cabanillas, y hoy lo formamos más de 100 profesores. Esto hay que mojarlo, por supuesto. Pero aprovecho para escribir una reflexión que lleva tiempo rondándome, oportuna aunque agridulce, que puede resultar útil a algún lector desocupado, si es que el artículo consigue alguno. A recibir comentarios hace tiempo que no aspiro.

Cuando se creó, este de los grupos de Google era el mejor sistema para comunicarnos a todos y posibilitar la ayuda mutua, que es de lo que se trata. Hoy día, en cambio, todos conocemos la alternativa: whatsApp. Los grupos de whatsApp están matando en todas partes las comunidades basadas en páginas web, porque son más rápidos, más espontáneos y más privados. Pero son también más cerrados; desde fuera uno no se entera de que existen y, si se entera, es más difícil entrar en ellos. Por eso los grupos de whatApp son también más pequeños. ¿Supone eso un problema? Según para quién.

Si la comunidad pequeña que se crea con whatsApp incluye a todos los miembros activos de la comunidad grande, y no deja fuera a ninguno, la comunidad pequeña será igual de activa que la grande e igual de útil para sus miembros. De forma natural y paulatina («Si lo digo ahora con el móvil en un momento, ¿para qué voy a esperar a llegar a casa y ponerme delante del ordenador? Además, aquí puedo largar a gusto, que estoy entre amigos») los miembros activos dejarán de participar en la grande y esta morirá de inactividad. En el cambio saldrán perdiendo quienes no sean incluidos en el grupo de whatsApp, que serán aquellos miembros durmientes que nunca contribuyeron a la comunidad cuando era grande. Saldrán perdiendo mucho, poco o nada… dependiendo de lo que cada uno valore lo que ha recibido de la comunidad; o, para ser sinceros, de lo que recibió de sus miembros activos, porque de los pasivos como ellos mismos por definición nunca recibió nada.

La reducción del tamaño de la comunidad, al pasar de un grupo grande y abierto de Google a uno menor y más cerrado de whatsApp, será el resultado de la evolución natural de las cosas, y a la vez una forma de justicia poética. Quedarán fuera los desganados, sí, pero también —y eso es lo que me da un poco de pena— los desconectados a su pesar y los recién llegados, que son los que más necesitan encontrar una puerta abierta.

Dicho lo cual, y para celebrar el décimo aniversario de la cosa, ya no sé si convocar una cena en el grupo de Google, si hacerlo por whatsApp o si tirarme al hijo del maquinista. Tan en la encrucijada me hallo.

Mientras deciden y no los icebergs por nosotros… Καλή όρεξη y salud y larga vida al Titanic.

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Comentarios

  1. Marisa Aguerri

    No suelo responder a las entradas de blog, pero, cuando un amigo lo pide, hay que darlo todo.
    Estoy de acuerdo contigo en que los grupos pequeños reducen posibilidades. Pero también arraigan porque con fercuencia en ellos hay un componente emocional mayor, un no sé qué que anima a participar, a compartir; en definitiva, a querer y dejarse querer. Al menos esto es lo que sucede en los que comparto contigo.
    Un saludo, querido agitador de la sección aragonesa de la cosa clásica.

  2. pompilo (Autor)

    Muy cierto. Un cariñoso saludo, cofrade conciliadora de la horda tumultuaria clásica. Y a la comida, cena o lo que salga, dame por apuntado, te doy por apuntada. :)

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