El pecadillo tipográfico de Anagrama

· Categoría Libros · Comentarios: 1

Es una tontería, una pequeña curiosidad de bibliófilo. Lleva Anagrama editando la colección Panorama de Narrativas… ¡pffff! …como cuarenta años. Y como cuarenta años lleva en la portada, bien a la vista de todos, la herejía tipográfica de titular las obras con una falsa cursiva, o sea, con una letra redonda o romana forzada a ser oblicua en lugar de una cursiva avant la lettre. Me explico. En estas portadas se combinan dos tipos: el nombre del autor (arriba) y los de la editorial y la colección (abajo) van escritos en el tipo Gill Sans; el nombre de la obra, en cambio, va en lo que parece un tipo Times (no sabría decir de qué fabricante en concreto) en su variante negrita y descaradamente falsa cursiva. Aquí en un lanzamiento editorial reciente:

Portada+de+Anagrama%2C+con+el+t%C3%ADtulo+en+una+falsa+cursiva

En una cursiva auténtica el dibujo de las letras es un poco diferente que en la letra redonda. La diferencia más llamativa está en la letra «a». A continuación la prueba fehaciente, una muestra de: a) letra redonda, b) letra redonda falsa negrita (el programa de ordenador engrosa los caracteres a lo bruto, sin las sutilezas que introducen los tipógrafos en las negritas auténticas), c) letra redonda falsamente negrita y falsamente cursiva, tal y como titula Anagrama (ahora, además, el programa de ordenador tumba unos grados hacia la derecha todos los caracteres, sin más) y, por último, d) cómo se vería el título en caso de usar una variante realmente negrita y cursiva, tal y como las diseñó el tipógrafo Stanley Morison. Las diferencias más llamativas están en la parte baja de la «l», la «r» y la «i», y en toda la forma de la letra «a».

Letra romana, falsa negrita, falsa negrita cursiva y negrita cursiva

Imagino que esta decisión tipográfica se tomó (o no se tomó, más bien «sucedió») en los albores de la editorial, cuando probablemente ni el fundador Jorge Herralde —o quien diseñara la colección— conocía la diferencia que hay entre una cursiva de verdad y una falsa cursiva, y luego se le cogió cariño al pecadillo. Total, ¿quién se iba a dar cuenta?

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Comentarios

  1. Antonio Villanueva

    ¡Cielos! ¡Qué dominio tipográfico! No sé cómo eres capaz de captar tan sutiles detalles. Me ha gustado el artículo. Un saludo.

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