El barco en la cueva

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Hace unos días salió publicado mi artículo The Ship in the Cave: The Greek and Nautical Origin of Buddhist Architecture en la web del Journal of Asian Architecture and Building Engineering. Publico hoy aquí la versión en español para disfrute de propios y extraños y alimento de mi vanidad (clica aquí o en la imagen para descargarlo):

Captura de la primera página del artículo "El barco en la cueva…"

La revista es una publicación conjunta de tres asociaciones de arquitectura de Japón, Corea y China que tienen en total unos 165 000 asociados, y figura en el ranking Scimago de 2018, bajo el tema «Arquitectura», como la primera de Japón y de Corea y la segunda de China, y en el primer cuartil (Q1) para todo el mundo. Todavía me cuesta creerlo.

El artículo es el resultado de años de trabajo. Hace unos 15 años había llegado ya a la conclusión de que el templo griego era el resultado de voltear y apoyar sobre soportes un pentecontero, el barco de guerra habitual en el Egeo en el tránsito de la Edad del Bronce a la del Hierro. Presenté incluso una comunicación sobre el tema en el XII Congreso de la Sociedad de Estudios Clásicos (Valencia 2007) titulada «Del shadouf a las columnas dórica y jónica», limitada por la organización a los 20 000 caracteres, pero no se incluyó en Perfiles de Grecia y Roma, los dos volúmenes de actas que se publicaron después, así que no tuvo ninguna repercusión. Fracasado ese intento, confié en difundir mi hipótesis a través de la web pompilos.org pero esta, a falta de retroalimentación de sus hipotéticos lectores, poco a poco languideció. Algo así me esperaba, cuando la ilustré con esta cita:

«El progreso ha puesto al alcance de cada ciudadano, y no sólo de unos pocos profetas escogidos, la posibilidad de dedicarse al lujo de predicar en el desierto». Gabriel Zaid

«Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias» dijo alguien, y yo no tenía el tiempo, la formación científica, ni la fluidez en la escritura necesaria para explicarme por extenso y conseguir publicar donde resultara visible. Necesitaba una prueba simple pero definitiva, encontrar un barco de piedra volteado por ejemplo, y esa prueba apareció casualmente al cabo de los años, pero en la India y 500 años posterior a lo que yo esperaba: eran los primeros templos budistas, como el de Lomas Rishi. Solo tuve que tirar del hilo, vencer un bloqueo persistente ante el folio en blanco y a comienzos de 2017 tenía un manuscrito presentable. Varias revistas lo rechazaron, como es habitual, (cinco en español, un intento vano) hasta que di con la octava y última.

Chaitya de Karla con vistas del techo y su madera original

Foto: Kevin Standage, en Wikimedia Commons, con licencia CC BY-SA 2.0.

Ahora mismo, recién publicado, cambiaría una palabra del título —«naval» mejor que «náutico»— y, con harto dolor de mi corazón, retiraría al bueno pero muy hipotético Odiseo de su argumentario, porque he dado con el quid simple y rotundo que lo hace innecesario. Otro día lo cuento.

Agradezco enormemente a los editores de JAABE su valentía, y que me eximieran de los gastos de publicación a que obliga la fórmula del open access. También a los investigadores que han hecho accesibles en internet los artículos y libros que he consultado, y a los fotógrafos y dibujantes que publicaron con licencias generosas las imágenes que he incluido. Un investigador amateur, que lee y escribe en su casa durante su tiempo libre, no puede investigar ni publicar sino gracias a ellos.

Para maquetar la versión en español del artículo he usado Scribus 1.5.5, que me ha sorprendido espectacularmente. El programa de maquetación, software libre y multiplataforma, ha llegado a la mayoría de edad, y he hecho con él casi lo mismo que hacía años atrás con QuarKXpress, con el que tanto gocé.

Tengo mucho más que contar sobre temas colindantes o parecidos, y yo diría que igual de bonito, pero me conozco y tengo miedo a obsesionarme. Quedo ahora a la espera de reacciones, en mi email o en los comentarios a este blog. Gracias. Y de nada.

Añadido 19/01/2020. Se me olvidó incluir el comentario de mi hija, divertida: «O sea que un español escribe en inglés un artículo sobre unos griegos que construyen templos en la India, y se publica en Japón». «Pues sí, en Japón, Corea y China» puntualizo. Puro siglo XXI.

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