Egiptomanía

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Acabo de leerme a Rose-Marie & Rainer Hagen: Egipto: hombres, dioses, faraones, Madrid, Taschen, 2005 (ISBN: 3-8228-4765-8). Un libro muy bien editado, a precio de regalo por el 25º aniversario de la editorial Taschen. El texto es muy llevadero: pinceladas sobre la cultura, la vida diaria, la escritura, la momificación… en la dosis justa para inducir la llegada del sueño. Tanto es así que, por una vez, la cultura egipcia no se me antojaba inabordable en su complejidad. Imagino que éste, el de la extrañeza absoluta, es un sentimiento muy extendido ante la multiplicación de dioses de aspecto animal, sus sincretismos a lo largo del tiempo, la enumeración de dinastías y faraones…

Portada del libro Egipto: hombres, dioses, faraones

Pero más digno de comentar me parece el hecho de que poco a poco he visto crecer el espacio que las librerías dedicaban a Egipto en sus anaqueles. Ayer mismo vi en una librería dos baldas enteras dedicadas a Egipto, en tanto que sólo media estaba dedicada a la historia y la cultura de Grecia, en una sorprendente relación de 4 a 1. Hace años era imposible encontrar un libro divulgativo sobre la escritura jeroglífica, en tanto que hoy hay varios, atractivos y actualizados, entre los que elegir. La relación 4:1 es falsa si añadimos al lote una estantería entera dedicada a materiales pedagógicos de Latín y Griego y otra a la Biblioteca Clásica Gredos. Es lo que tuvieron los griegos: que rajaban sobre todo lo divino y lo humano a la vista de todos, en una sociedad dicen que más alfabetizada que la egipcia. De modo que quedaron.

Desde que leí a Martin Bernal: Atenea Negra. Las raíces afroasiáticas de la civilización clásica, Barcelona, Crítica, 1993 me quedó el mosqueo tras la oreja de cuánto debía Grecia a Egipto y a tantos otros. Está estudiado pero, una vez más, vita brevis. Y ya que estamos. ¿Alguien sabe cómo es que el topónimo Tebas se repite en Egipto y en la Θῆβαι griega?

Categorías Libros

Comentarios

  1. JoseAngel

    Bueno, yo tengo una sobrina que pasó por un ataque agudo de Egiiptofilia que le duró años. A mi hijo Alvaro también le molan mazo. Y al pequeño le han caído estos reyes, por tres lados distintos, sin comerlo ni beberlo tres libros de Egipto. O sea que sí, hay fiebre del Faraón.

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