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Χειρώνειον ἕλκος

10 diciembre 2011 · Clásicas

Me envía Elena, de Γνῶθι τοὺς ἄλλους, la referencia a este delicioso y oportuno adagio de Erasmo de Rotterdam (Adagiorum chiliades 2.8.21 o 1721 según ediciones):

Chironium vulnus

Χειρώνειον ἕλκος, id est Chironium vulnus, immedicabile malum appellabant. Chiron in bello aduersus Centauros ictus ab Hercule vulnus immedicabile accepit in pede, unde et periit. Hinc natam paroemiam autor Zenodotus. Vergilius autem noster (nam huic carmen inscribitur) Chironiam manum medicam vocat:

Vivit pectore sub dolente vulnus,
Quod Chironia nec manus levaret.

Ab hoc Chirone Centauro fertur educatus Achilles. Unde Plato comicus Damonem, qui sub obtentu tradendae musices putabatur Periclem instituisse ad tyrannidem, taxat his versibus:

Πρῶτον μὲν οὖν μοι λέξον, ἀντιβολῷ· σὺ γάρ,
Ὥς φασιν, ὁ Χείρων ἐξέθρεψας Περικλέα, id est
Primum quidem illud obsecro dicas mihi:
Tu quippe Chiron educasse diceris / Periclem.

Quem locum ita reddidit Lapus: Tu enim, ut aiunt, pessime Periclem educasti. Quin et in aeditione Aldina geminum vicium est: Primum enim versus perperam distinctus est, deinde ut pro ὦ Χείρων legamus ὁ Χείρων, id est tu ille Chiron, metri cogit ratio. Per tropum siquidem appellat Damonem Chironem, quod id fuerit Pericli, quod Chiron fuit Achilli, quem docuit quidem fidibus canere, sed ad Centauricam ferociam eduxit. Hoc, licet alieniore loco, visum est studiosis indicare, ne quis imprudens ad eum impingat lapidem.

Comentarios

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Derechos de autor en las aulas virtuales

26 noviembre 2011 · Enseñanza

En mi anterior artículo afirmaba que tanto en las aulas físicas como en las aulas virtuales se pueden usar sin autorización materiales sujetos a derechos de autor, en las condiciones establecidas en el artículo 32.2 de la Ley de Propiedad Intelectual. En el comentario 6 un representante de la asociación CEDRO (equivalente en el mundo de la edición impresa a la SGAE) me señala amablemente que la excepción a los derechos de autor por “ilustración de la enseñanza” sólo es de aplición a las aulas físicas, pero no a las virtuales, y cita en su apoyo un dictamen del Consejo de Estado.

Me he tomado la molestia de investigar un poco el asunto y he llegado a estas conclusiones.

Informe del Consejo de Estado

Por la forma en que está redactado el comentario del representante de CEDRO, interpreté que el dictamen del Consejo de Estado resolvía a posteriori la ambigüedad de la expresión “en las aulas” del artículo 32.2 de la LPI excluyendo las aulas virtuales, y también que tenía carácter normativo. Pero no es así. En primer lugar, los dictámenes del Consejo de Estado no tienen valor normativo, ya que éste sólo es un órgano consultivo del gobierno. De hecho su dictamen se refería al anteproyecto de la que acabaría siendo la Ley 23/2006 de 7 de julio, y por tanto es previo a su promulgación. Y en segundo lugar, no es verdad que el Consejo de Estado especificara “que el término ‘aula’ debe interpretarse aplicable únicamente a las aulas físicas”; de la lectura de su dictamen sólo se deduce que es así como el Consejo entendió el término. Dicho sea en su descargo, precisamente porque el uso de ese término le parecía muy restrictivo, acto seguido recomendaba que se incluyera en el mismo apartado la educación a distancia. Lo cierto es que el legislador no hizo caso de su atinada recomendación y, por lo mismo, tampoco tenemos que dar por hecho que compartía su restrictiva interpretación. Finalmente, tanto una como otra serían importantes si tuvieran efectos legales, pero no los tienen, de modo que no vamos a ocuparnos más de ellas.

Lo que dice la ley

Está claro que la LPI a día de hoy dice esto, aunque no está tan claro qué es lo que quiere decir:

Artículo 32.2. No necesitará autorización del autor el profesorado de la educación reglada para realizar actos de reproducción, distribución y comunicación pública de pequeños fragmentos de obras o de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo, excluidos los libros de texto y los manuales universitarios, cuando tales actos se hagan únicamente para la ilustración de sus actividades educativas en las aulas, en la medida justificada por la finalidad no comercial perseguida, siempre que se trate de obras ya divulgadas y, salvo en los casos en que resulte imposible, se incluyan el nombre del autor y la fuente.

El uso de la expresión “en las aulas” es ambiguo, tal y como afirman los propios expertos en derecho. Para conocer las diferentes interpretaciones que se dan a este artículo remito al lector a la autorizada página web Derechos de autor en plataformas e-learning, obra de un equipo de investigación de la Universidad de Granada dirigido por Juan Carlos Fernández Molina, más concretamente al apartado dedicado a Ilustración de la enseñanza. De la lectura de este estado de la cuestión se desprende que la mayoría de los expertos interpretan la expresión “en las aulas” como referida únicamente a la aulas presenciales. Pero no todos coinciden: Sara Martín Salamanca (Comentarios a la Ley de Propiedad Intelectual, Civitas, 2007) sostiene que la expresión “aulas”, sin el añadido “presenciales”, habiendo sido escrita en 2006 cuando las aulas virtuales son una realidad asentada, debe interpretarse como referido tanto a aulas físicas como virtuales.

No puedo terciar en este debate con conocimientos de derecho de los que carezco pero, dado que estamos hablando de la interpretación de un texto y del significado de un término, tarea en la que somos especialistas los filólogos, sí que estoy autorizado para exponer lo que resulta una obviedad para cualquier lingüista.

El significado de la palabra “aula”

Empezaré citando la primera frase de la presentación de la versión en línea del Diccionario de la Lengua Española: “Las lenguas cambian de continuo, y lo hacen de modo especial en su componente léxico.” Es una obviedad que voy a ejemplificar, porque viene a cuento, con el significado de la palabra “libro”.

El término “libro”, leído en una obra del siglo XIX, sólo puede referirse a un libro en papel (acepción 1 del DRAEL, avance de la 23ª edición): “Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen”. Pero hoy en día, debido a la generalización del soporte electrónico, el mismo término ha adquirido un significado más genérico (acepción 2 del DRAEL): “Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte”. La palabra “libro” ha sufrido a comienzos del siglo XXI un cambio de significado y por eso, a día de hoy, no es raro oír este diálogo:

— Me estoy leyendo un libro de psicología social buenísimo.
— Cuando te lo acabes ya me lo pasarás.
— Si quieres te lo mando por mail, creo que son dos megas.
— ¡Ah! ¿Es para el ordenador? Paso, no me gusta leer en el ordenata. ¿Sabes si está en papel?

La primera persona usa el término “libro” en su sentido lato, mientras que su interlocutor lo entiende en el sentido tradicional, más restringido. Se ha producido un malentendido, pero ¿quién ha cometido el error?

Se puede aducir que ninguno de ellos, porque ambos hablantes tienen el mismo derecho a preferir una acepción a otra, y probablemente esto sea así en una conversación informal. Pero en un contexto jurídico las cosas son muy diferentes: el primer hablante ha usado con corrección el término “libro” que hoy en día designa un texto largo de tema unitario con independencia de su soporte, y engloba por tanto a libros impresos y electrónicos (acepción 2); el segundo hablante de ninguna manera puede pretender que el término “libro” designa sólo un libro en papel (acepción 1) con exclusión de otras acepciones, y tendrá que admitir que es él quien ha cometido el error. Esto es así porque la acepción 2 (libro de papel y electrónico) es compatible con la acepción 1 (libro de papel) porque la incluye; pero la acepción 1 (libro de papel) sólo es compatible con la acepción 2 (libro de papel y electrónico) en la medida en que acepte que está incluida en ella pero no la excluye.

Lo anterior es obvio si lo referimos al término “libro”, pero tal vez no lo parece tanto si aplicamos el razonamiento al término “aula”. De hecho, aunque las aulas virtuales llevan mucho años entre nosotros, el DRAEL sólo recoge la acepción tradicional del término: “Sala donde se celebran las clases en los centros docentes”; y también es cierto que la mayoría de los juristas entienden así el significado de la expresión “en las aulas” del artículo 32.2 de la LPI. ¿A qué se debe la diferencia de trato entre los términos “libro” y “aula” cuando ambos han ampliado su significado en la misma época y por efecto, además, de la misma innovación, la generalización del tratamiento electrónico de la información? La respuesta, a mi modo de ver, es sencilla: muchos leemos libros y por eso casi todos estamos familiarizados con los libros electrónicos. Sin embargo, sólo los alumnos y los profesores de la educación a distancia (y cada vez más los de la educación presencial) están familiarizados con las aulas virtuales.

La ignorancia, que puede disculparse en un ciudadano del montón, no es de recibo en una académico ni en un legislador. Ambos, además del sentido restringido que da la mayoría de la población al término “aula”, tienen la obligación de conocer el sentido lato que desde hace años le damos los profesionales de la educación. Es más, no me cabe ninguna duda de que ambos lo conocen. Seguramente el académico aún no ha incluido en el diccionario la nueva acepción del término “aula” porque su tempo es lento (ahora mismo Google contabiliza 6,8 millones de apariciones de la cadena “aula virtual”, que vaya afilando el lapicero), en cambio el legislador…

Un poco de historia

Hasta ahora me he expresado como un ingenuo, pero me gustaría creer que no lo soy del todo. La supuesta ambigüedad de la expresión “en las aulas” no es el resultado de —¡Ay, lo siento!— un descuido del legislador. El artículo 32.2 de la LPI sólo es el eslabón final de una larga cadena de textos jurídicos y es muy instructivo seguir la pista de su gestación.

El Convenio de Berna, tratado internacional para la protección de los derechos de autor firmado por la mayoría de los países del mundo, admite que los derechos de autor queden en suspenso en la enseñanza a distancia (artículo 10.2):

“Se reserva a las legislaciones de los países (…) lo que concierne a la facultad de utilizar lícitamente, en la medida justificada por el fin perseguido, las obras literarias o artísticas a título de ilustración de la enseñanza por medio de publicaciones, emisiones de radio o grabaciones sonoras o visuales, con tal de que esa utilización sea conforme a los usos honrados.”

La Directiva 2001/29/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 22 de mayo de 2001, que pretende armonizar derechos de autor y sociedad de la información, regula la “ilustración de la enseñanza” en el artículo 5.3.a), y es muy explícita al respecto de la educación a distancia cuando escribe en su considerando 42:

Al aplicar la excepción o limitación en el caso de fines educativos o de investigación científica no comerciales incluida la educación a distancia, la naturaleza no comercial de la actividad de que se trate debe venir dada por la actividad en sí.

Nuestra Ley de Propiedad Intelectual, cuyo texto refundido se promulgó en abril de 1996, fue reformada por la Ley 23/2006 de 7 de julio para, entre otras cosas, transponer al derecho español esta directiva comunitaria. Es entonces cuando la LPI incorpora por primera vez, en el artículo 32.2, la excepción a los derechos de autor por ilustración de la enseñanza, pero lo hace de una forma muy restrictiva (véase de nuevo para los detalles Derechos de autor en Plataforma e-learning: ilustración de la enseñanza).

Es opinión común que todas las facilidades dadas a la enseñanza redundan en el bien común, dado que ésta es una inversión de futuro para cualquier sociedad. Por eso sorprende la actitud del legislador. Si un centro educativo quiere (o tiene necesariamente que) poner en marcha un aula virtual, e ingenuamente interpreta que la expresión “en las aulas” no incluye las aulas virtuales, se verá obligado: o bien a no incluir en su aula virtual materiales protegidos por derechos de autor, o bien a contratar una de las licencias que, por ejemplo, ofrecía el representante de CEDRO en su comentario. He hecho un cálculo aproximado y, para el centro de secundaria en el que trabajo, esa licencia supondría un gasto de 1.600 euros anuales. Multiplíquese esa cifra por los centros de enseñanza, miles, que tienen o están a punto de tener aulas virtuales y se verá el monto del desaguisado. ¿Por qué actuó así el legislador?

Lobbies, ¿para qué os quiero?

Yo he encontrado mi propia respuesta en el dictamen del Consejo de Estado. En el apartado 3 de los antecedentes se listan las organizaciones privadas (los organismos oficiales van aparte) a las que se dio audiencia o que presentaron alegaciones durante la redacción del anteproyecto de ley. Me limito a reproducir sus siglas: SGAE, CEDRO, AISGE, AGEDI, AIE, VEGAP, EGEDA, FAP, DAMA, AFYVE, FAPAE, FECE, MPA, FEDICINE, FGMM, ARI, ADESE, OPEM, AESIP, ICF-CIEM, AEDE, AVR, AAETIC, AOCAIE, AUNA, ONO, UTECA, ASIMELEC, BSA, HP, IBM, APPLE, INTELL, DELL, Yahoo! España, FEHR, CEHAT, CERMI, FESABID, y la CECA. Algunas de estas organizaciones representan a hosteleros, a personas discapacitadas, y a bibliotecarios, pero la mayoría son organizaciones propietarias de derechos de autor que se personaron en el procedimiento para hacer lobby (en español cabildeo). La culpa de las limitaciones al uso libre en educación de materiales sujetos a derechos de autor en parte es suya, y en mayor medida del legislador que era el encargado de velar por el bien común. Votaron a favor de esta ley PSOE, PP, CiU, Izquierda Unida y Coalición Canaria, y se abstuvieron ERC y PNV, seguro que por diferentes razones cada uno.

En resumidas cuentas…

Si llegaste aquí, lector, con idea de obtener una respuesta clara a si es legal o no usar materiales sujetos a derechos de autor en las aulas virtuales, siento no poder darte una respuesta terminante. Para mí está claro que:

  1. El legislador, en 2006, conocía la existencia de las aulas virtuales y que esta nueva modalidad educativa ha ampliado el significado original del término “aula”.
  2. El Consejo de Estado le recomendó que incluyera una mención expresa a la enseñanza a distancia para evitar un agravio comparativo “irrazonable” con la enseñanza presencial, pero el legislador desoyó la recomendación, tal vez por presiones de los lobbies implicados.
  3. Si el legislador quería excluir las aulas virtuales del ámbito de aplicación de la excepción por ilustración de la enseñanza, pudo y debió usar la expresión inequívoca “aulas presenciales”.
  4. Si quería incluir las aulas virtuales, pudo y debió usar la expresión inequívoca “aulas, sean estas físicas o virtuales”.
  5. El legislador no hizo una cosa ni otra, se limitó a escribir “aulas”, lo que supone un ejercicio de irresponsabilidad. La supuesta indefinición seguirá ahí hasta que una sentencia sobre este asunto se convierta en firme y siente jurisprudencia.
  6. Para mí no hay tal indefinición. Como profesional de la enseñanza, hace años que para mí un aula puede ser presencial o virtual, y que el término “aula” se refiere a ambas. Y la lengua es propiedad de los hablantes, como sabe cualquier lingüista, empezando por los miembros de la Real Academia Española de la Lengua.

Mientras tanto, en este río revuelto de la confusión ya hay quien pesca. Entre los profesores, seguro que hay quien, medroso, no incluye materiales con copyright en su aula virtual (en detrimento de la calidad de la enseñanza que imparte a sus alumnos), y quien sí los incluye porque interpreta el término “aula” en su sentido lato. Elige tu sitio y siéntate, que empieza la clase de latín: “Lupus est homo homini…”.

Claúsula de exención de responsabilidad. Como ya avisé en mi artículo anterior, no soy jurista y lo anterior es sólo mi punto de vista sobre la materia. Por eso declino expresamente toda responsabilidad que se derive de los posibles errores contenidos en esta información. Que tengas, de nuevo, un buen día.

Añadido 1/12/2011. Sobre este tema está disponible en internet un exhaustivo trabajo de derecho comparado de la profesora Raquel Xalabarder: Estudio sobre las limitaciones y excepciones del derecho de autor para actividades educativas en América del Norte, Europa, los países Cáucaso, Asia central e Israel. Compruebo en él que, además de España, otros muchos países restringen en mayor o menor medida la excepción de la enseñanza a la educación presencial. Eso confirma mi suposición: lo que subyace a este atentado a la lógica es el miedo a que los profesores nos convirtamos en escaneadores y que, una vez digitalizados, esos materiales campen a sus anchas libremente por internet (vamos, lo que ya ha pasado con la música y el cine). Pero eso son puertas al campo y pan para hoy. Por lo que se refiere al caso español, la nota 212 añade una información interesante:

Durante el debate parlamentario, todos los grupos políticos propusieron una redacción alternativa (salvo el Partido Socialista en el gobierno –que introdujo el proyecto de ley–) […]. El objetivo de las ocho enmiendas propuestas era garantizar que la nueva excepción abarcase todos los tipos de educación, también, la enseñanza en línea, así como toda clase de usos que se le pudiese dar en el transcurso de las actividades docentes […]. Ninguna de estas enmiendas salió adelante.

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Uso de materiales con derechos de autor en educación

6 noviembre 2011 · Enseñanza

En su trabajo el profesor usa a menudo materiales sujetos a derechos de autor (en inglés, con copyright), pero suele desconocer la legislación al respecto. Revisaré a continuación los aspectos más importantes del tema. Para profundizar sobre el tema se puede consultar en la red la Ley de propiedad intelectual vigente en España (cada país de Hispanoamérica tendrá su legislación propia).

Dos falsedades muy extendidas sobre los derechos de autor

1. Sólo tienen derechos de autor aquellas obras registradas en el Registro de la Propiedad Intelectual, o aquellas en las que conste expresamente “copyright”.

Falso. La LPI establece (artículo 1) que: “La propiedad intelectual de una obra literaria, artística o científica corresponde al autor por el solo hecho de su creación.” Es decir, que el autor tiene todos los derechos reservados sobre su obra con independencia de cualquier circunstancia. Por tanto tenemos que entender que toda obra está protegida, salvo que figure expresamente lo contrario.

2. Se puede copiar todo lo que está colgado en internet.

Falso. Colgar algo en internet es una acto de publicación (hacer algo accesible al público), pero no supone cesión de derechos. También podemos ver una fotografía en una exposición, oír música en un concierto gratuito, o sacar prestado un libro de una biblioteca; el hecho de que estas obras sean accesibles al público (gratis, como en estos casos, o pagando), no nos da derecho a hacer copias de ellas. Respecto a los materiales colgados en internet, podemos leerlos, verlos u oírlos gratuitamente porque así lo ha decidido su autor, pero no copiarlos ni redistribuírlos sin su autorización.

Dominio público

Una obra es de dominio público, y por tanto no está sujeta a derechos de autor, cuando han pasado 70 años de la muerte del autor (artículo 26). Por tanto, podemos reproducir un texto del Quijote o una partitura de Mozart sin restricciones. Sobre este último caso, hay que hacer una puntualización: en general (otra cosa es el contexto educativo) no se puede reproducir una grabación musical reciente dado que los derechos de los “artistas intérpretes o ejecutantes” también están protegidos, concretamente hasta 50 años después de la interpretación (artículo 112).

Excepción en la enseñanza

El artículo de la LPI que más afecta a los profesores es éste:

Artículo 32.2. No necesitará autorización del autor el profesorado de la educación reglada para realizar actos de reproducción, distribución y comunicación pública de pequeños fragmentos de obras o de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo, excluidos los libros de texto y los manuales universitarios, cuando tales actos se hagan únicamente para la ilustración de sus actividades educativas en las aulas, en la medida justificada por la finalidad no comercial perseguida, siempre que se trate de obras ya divulgadas y, salvo en los casos en que resulte imposible, se incluyan el nombre del autor y la fuente.

Queda claro que podemos reproducir fragmentos de obras escritas o imágenes aisladas, como una pintura o una fotografía, para usarlos en clase sin pagar derechos de autor, pero no un libro ni una película entera. Este artículo nos exime no sólo de pagar a los autores, sino también a los “intérpretes y ejecutantes” que han grabado recientemente una obra musical antigua que está en dominio público.

El uso de la expresión “en las aulas” es importante: si distribuimos una fotocopia en clase nos mantenemos dentro de la ley, y ocurre lo mismo si la colgamos en un aula virtual de acceso restringido a nuestros alumnos (caso de la plataforma Moodle o de cualquier otra página de acceso restringido con nombre de usuario y contraseña). Ahora bien, no entrará en el concepto de “aula” colgarla en una página web abierta o de acceso universal (por más que nuestra intención es que la descarguen nuestros alumnos), dado que cualquier otra persona puede descargarla. Así que, para una página web abierta, lo correcto es hacer un enlace a ese recurso si el material está disponible en internet. Si no lo está, podemos olvidarnos de él o hacer una referencia tradicional (nombre, título, editorial, etc.) aún a sabiendas de que es difícil que los alumnos localicen esa edición en particular en una biblioteca.

Este artículo de la LPI resuelve la mayoría de nuestras necesidades en materia educativa, pero tal vez queramos escribir un artículo, una página web o un libro de carácter educativo, e incluir en él una obra ajena. Con este fin nos serán útiles los dos apartados siguientes.

Creative Commons

Internet ha facilitado el nacimiento de un movimiento cultural que aboga por el acceso libre a la cultura. Un ejemplo son las licencias Creative Commons (CC). El autor que publica su obra bajo estas licencias hace donación irrevocable de unos derechos, pero conserva otros. La fórmula más habitual (aunque hay varios tipos de licencias CC) es Creative Commons BY-NC-SA, que significa: que debe constar el nombre del autor de la obra, que no se puede hacer un uso comercial de la copia y que la obra en la que se incluya, si es el caso, se distribuirá con la misma licencia.

En internet se pueden encontrar muchas obras publicadas así:

Derecho de cita

A menudo, en el caso de que escribamos un artículo, un libro de texto o una página web de carácter educativo, necesitaremos incluir en ellos fragmentos de obras con copyright. A este caso no se le aplica la excepción de la enseñanza porque, a pesar del carácter educativo de estos textos, no los creamos para usarlos en clase con nuestros alumnos. En este caso nos acogeremos al derecho de cita recogido en la LPI:

Artículo 32.1. Es lícita la inclusión en una obra propia de fragmentos de otras ajenas de naturaleza escrita, sonora o audiovisual, así como la de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo, siempre que se trate de obras ya divulgadas y su inclusión se realice a título de cita o para su análisis, comentario o juicio crítico. Tal utilización sólo podrá realizarse con fines docentes o de investigación, en la medida justificada por el fin de esa incorporación e indicando la fuente y el nombre del autor de la obra utilizada.

De esto se deduce que, si escribimos un libro sobre historia de Grecia, no podemos incluir sin más una foto del Partenón que encontremos en internet, porque no estamos analizando esa fotografía. En cambio, sí la podremos incluir si es un libro de fotografía y estamos comentando el tipo de luz o el punto de vista con que se ha hecho esa foto.

Aulas de integración

Afecta al trabajo con alumnos de integración este artículo:

Artículo 31bis 2. Tampoco necesitan autorización los actos de reproducción, distribución y comunicación pública de obras ya divulgadas que se realicen en beneficio de personas con discapacidad, siempre que los mismos carezcan de finalidad lucrativa, guarden una relación directa con la discapacidad de que se trate, se lleven a cabo mediante un procedimiento o medio adaptado a la discapacidad y se limiten a lo que ésta exige.

Copia privada

Aunque no es específico del contexto educativo, no está de más aclarar un malentendido frecuente: existe el derecho a la copia privada. Cuando compramos un CD, compramos el derecho a oírlo, el CD físico sólo es el soporte que hace posible disfrutar de ese derecho. Pero ese soporte puede romperse, o podemos querer oírlo en casa y en el coche sin tener que llevarlo de aquí para allá; para que esto no impida disfrutar del derecho que hemos adquirido, la ley permite hacer copia(s) de ese soporte.

Artículo 31.2. No necesita autorización del autor la reproducción, en cualquier soporte, de obras ya divulgadas cuando se lleve a cabo por una persona física para su uso privado a partir de obras a las que haya accedido legalmente y la copia obtenida no sea objeto de una utilización colectiva ni lucrativa (…). Quedan excluidas (…) y los programas de ordenador.

Claúsula de exención de responsabilidad. No soy jurista y lo anterior es sólo mi punto de vista sobre la materia, aunque documentado con la Ley de Propiedad Intelectual española vigente. Por eso declino expresamente toda responsabilidad que se derive de los posibles errores contenidos en esta información. Que tengas un buen día.

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Traducir un mapa en formato .svg

12 octubre 2011 · Varia

Los mapas que nos bajamos de internet suelen ser intraducibles. Las imágenes hechas de mapas de bits (los formatos .jpg y .gif para entendernos) no se dejan borrar y reescribir así como así. Pero circulan mapas, sobretodo en la Wikipedia, en formato .svg que sí se dejan traducir.

Me he estrenado con un mapa de las Guerras Médicas. El mapa se traduce como sigue. Nos bajamos el archivo original en formato .svg, en mi caso este Map of the Greco-Persian Wars, obra del usuario Bibi Saint-Pol licenciada con Creative Commons A-Sa 3.0. Para editarlo se usa un programa de dibujo vectorial libre, gratis, disponible para los principales sistemas operativos y en varios idiomas (¿qué más se le puede pedir?): con ustedes Inkscape. Nos bajamos el programa de internet y lo instalamos, obviously.

Abrimos el archivo original con Inkscape y, tras seleccionar la herramienta de texto (columna izquierda, icono A mayúscula), hacemos clic en cualquier nombre en lengua extranjera. El nombre se vuelve editable como en un procesador de texto. Cambiamos lo que haya que cambiar (“Xerxes Canal” por “Canal de Jerjes” sin ir más lejos) y ya está: si queremos, guardamos el documento y el nombre queda traducido para los restos. Claro que hay que hacer lo mismo con todos los demás nombres del mapa. Puede ser tedioso, pero hay días en que uno busca tareas como ésta en las que embrutecerse. Allá cada uno con su Pilates.

Captura de pantalla de un mapa editado con Inkscape

Lo maravilloso del asunto es que cabe otra forma más original de hacer la traducción y a un servidor, por su carácter, le van estas pijadas. Un iconito de la barra superior (a día de hoy un cuadradito con dos corchetes) reza así: “Ver y editar el árbol XML del documento”. No hace falta entender semejante acertijo, basta con hacer clic en el iconito y aparece una ventana doble: en la ventanita de la izquierda se listan todas las cadenas de texto que contiene el documento (bajo el arcano nombre de <svg:text id="text7806"> por ejemplo). Seleccionamos una cadena de texto y el nombre en cuestión, el bárbaro Thebes en este caso, se hace editable en la ventanita derecha. Lo cristianamos como “Tebas” y a por otro nombre, mariposa, hasta completar la hercúlea tarea. Luego guardamos el documento y ça y est que dicen los franceses.

Árbol XML de un documento svg editado con Inkscape

Claro que no siempre es tan fácil la cosa. A lo mejor el autor original se creía muy virguero, como el bueno de Bibi Saint-Pol, y le ha dado por convertir algunos nombres en trazados (imágenes vectoriales en lugar de texto) para poder curvarlos que quedan más bonitos, y esos nombres ya no pueden traducir ni así ni asá. Pues sí, Bibi, te han quedado bonitos, pero ahora me toca seleccionar la herramienta de texto, volver a escribir los nombres desde cero, asignarles un tipo de letra, espaciado, tamaño y color parecidos, ponerlos en su sitio y a lo mejor girarlos. Gracias, corazón, se suponía que usábamos el formato .svg precisamente para no tener que meternos estas curradas. El lector queda, pues, avisado de lo que hay.

En mi flamante traducción no he cometido semejante tropelía y todos los textos son textos editables. Creo haber acertado con la transliteración de los nombres más inusuales, como Eyón o Esciato. Si crees que no es el caso, abre el documento y cámbialos a tu gusto; ahora ya sabes cómo se hace, que era el objetivo de este articulillo. Se acabó.

  • Mapa Guerras Médicas (español).svg
    Mapa de las Guerras Médicas, traducido al español por pompilo, obra original de Bibi Saint-Pol publicada con licencia CreativeCommons A-SA 3.0. Tamaño: 3,15MB. Descargas realizadas: 7682.
  • ¿Se acabó? Manda huevos. Cuando intento subirlo a la Wikipedia para provecho de la humanidad en su conjunto, me encuentro con que el mapa, traducido al español, ya existe desde diciembre de 2007 nada menos, por obra de un tal Juan José Moral. Pero claro, yo no lo sabía porque en el artículo sobre las Guerras Médicas se enlaza todavía a la versión inglesa del mapa (ya mismo lo cambio por la versión española de José Luis Moral, que es lo suyo). Como disiento de algunas trasliteraciones del pollo éste, cuelgo aquí mi versión del mapa para provecho de propios y extraños.

    Añadido 1/12/2011. Y aquí otra imagen traducida: Greek_temples-es.svg. Hecho un cesto, hechos ciento. Añadido 18/10/2012. Y otra más, ésta un precioso mapa de la evolución de la línea de costa en la bahía de Mileto por efecto de los depósitos de aluvión trasportados por el río Meandro: Miletus bay stilting evolution map-es.

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    Nana para Isabel

    23 agosto 2011 · Varia

    De vuelta a casa tendrás que descansar y dormir mucho. Aquí tienes, para adormecerte, la nana que tanto te gustó cuando la oíste en Anoguia, la capital de los irreductibles cretenses consumidores de hachís y pickups. Se titula Lullaby to Erle y se la robo para ti a Silje Nerdgaard, mi masajista emocional particular. Verás que, además de ser bonita, habla de barcos. Sueña con los ángeles.

    Portada del CD At first Light de Silje Nergaard

    Lullaby to Erle

    Mothers have woven a black velvet ocean
    And spread it between the night and day shores
    So that children might sleep, gently rocked by the motion
    Of waves beneath boats built by fathers like yours.

    With you safe aboard, by the shore we will linger
    And watch as your breathing it fills up the sail.
    You loosen the moorings, your grip on our finger
    And leave on the velvet a silvery trail.

    Alone on the shore, with our heart close to breaking,
    We stand in the wake as you glide from our reach,
    Calmed by the thought that the voyage your taking
    Will bring you at dawning back safe to this beach.

    We cannot sail with you, be there to guide you
    Or pilot your boat through the black of the night.
    But no ocean can keep you, no darkness can hide you
    Away from our love and its undying light.

    Nana para Erle

    Las madres han tejido un mar de terciopelo negro
    y lo han tendido entre las orillas de la noche y el día
    para que los niños podáis dormir, mecidos suavemente por el balanceo
    de las olas que sostienen barcos construidos por padres como los vuestros.

    Con vosotros seguros a bordo, nos quedamos en la orilla
    y vemos cómo vuestra espiración llena la vela.
    Largáis las amarras, nos cogéis del dedo
    y dejáis en el terciopelo un rastro de plata.

    Solos en la orilla, con el corazón a punto de romper,
    nos quedamos en la estela mientras os vais de nosotros,
    tranquilos por saber que el viaje que iniciáis
    os traerá de nuevo salvos al amanecer a esta playa.

    No podemos navegar con vosotros, estar ahí para guiaros
    o pilotar vuestro barco a través de la noche negra.
    Pero ningún océano puede reteneros, ninguna oscuridad puede
    oculrtaros lejos de nuestro amor y su luz eterna.

    Comentarios [3]

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