Go to content Go to navigation Go to search

Cinco poemas para Ángel González

21 septiembre 2014 · Libros

Escribí este librito hace veinte años. Fue el fruto de un desamor. De hecho éste del desamor es el único subgénero poético que cultivo, ya que uso la poesía con finalidad terapéutica, como un remedio que me ayuda a transitar las noches de dolor. Entre eso y el paso del tiempo, al final siempre me curo.

Escribí estos poemas por desamor de mi nunca del todo olvidada P., pero decidí reunirlos y titularlos en honor del poeta Ángel González, si no el mejor del siglo XX, el más cercano a mi sensibilidad de aquellos años. Edité el librito en una edición artesanal de 12 ejemplares numerados y firmados que fui regalando. Cuelgo aquí su versión electrónica en formato pdf, prácticamente un facsimile de la edición en papel.

Portada del librito Cinco poemas para Ángel González

Recuerdo perfectamente el proceso de diseño. Desde que tuve la ocurrencia de crearlo, fui decidiendo exclusivamente in mente, durante un par de semanas, los tipos de letra, la clase de papel, el colofón, el nombre de la supuesta editorial… Y sólo cuando todos los detalles estaban decididos, encendí el ordenador y convertí lo que era una imagen mental en un objeto impreso. Imprimí la portada en papel de estraza, basto pero cotidiano como la poesía de mi modelo poético Á. G., nada parnasiana, y la mía misma. Incluí una fotografía mía pegada en las páginas iniciales, como había visto que se hacía en una preciosa edición encuadernada en tela de La casa solitaria de Robert L. Stevenson. E inventé un recurso editorial que no vi nunca antes ni he visto después en libro alguno: desglosé una cita de Francisco Umbral (“Puedo escribirlo todo, pero la literatura es la distancia definitiva que perpetuamos entre nosotros y las cosas”) en cada una de sus palabras, y las hice acompañar a la numeración al pie de cada página. Así, la única manera de desentrañar la adivinanza y leer la cita completa, consistía en pasar una a una todas las páginas del libro leyendo en cada una sólo una palabra. ¿Cómo coincidió el número de páginas con el número de palabras de la cita? Una casualidad afortunada.

Retrato del poeta español Ángel González
Ángel González. Fuente: ?

Envié un ejemplar del librito al propio Ángel González, junto con una carta muy osada, a la genérica dirección postal de “Real Academia Española de la Lengua, Madrid” —o algo así— porque recientemente había sido nombrado académico, aunque faltaba tiempo para que tomara posesión de su sillón. Me olvidé de todo y meses después, para mi sorpresa, recibí en casa un pequeño paquete remitido por el propio Ángel González (a través de su secretario/a personal, imagino) que incluía un ejemplar de su discurso de ingreso en la Real Academia con una amable dedicatoria personal. Hoy este libro es uno de los pocos y modestos tesoros de mi biblioteca.

Hace un tiempo pensé en rescatar el librito del olvido y publicarlo aquí, pero me detuvo el sentido del ridículo. Contiene pasajes que ahora me parecen irremediablemente cursis, por el uso del diminutivo mayormente, aunque sé que esta apreciación depende completamente de la mirada del observador. Sin embargo hoy lo contemplo con la piedad de un arqueólogo: aquél ya no soy yo.

Del lado contrario, cuando me pregunto cuáles son sus mayores logros, si los hay, pienso en el planteamiento de “Armario con cadáveres”, anterior en varios años a la película El sexto sentido. Me dijeron que el amigo de una amiga lloró leyéndolo. Imagino que reaccionó así, más que a la fuerza expresiva de los versos, porque se reencontró en ellos con un episodio doloroso de su biografía; pero acaso toda la gracia de la literatura consiste precisamente en eso, en encontrarnos a nosotros en ella.

También recuerdo especialmente estos versos de tema amatorio, que aún a veces aún recito de memoria para mí mismo:

…achicará tus ojos la ternura
y abrirás, en sólo un gesto,
los brazos y las piernas
para anegarme en ti.

Y yo —anegado—
chuparé tus ojos, tus labios,
tu barbilla,
hundiré mi lengua
en el pozo de tu boca,
y chocaremos, como brutos,
mi vientre contra tu vientre
chorreando amor.
Hasta agotarnos.

Y no me soltarás,
ni querré yo soltarme de tu abrazo.
Y dormiré anegado en ti,
y tú anegada en tu misterio.

Quien haya intentado incluir sexo explícito en un poema sabe lo imposible que resulta manejar un registro léxico que, inevitablemente, cae unas veces del lado de la crudeza ginecológica (“vagina”) y otras del lado del exabrupto (“polla”).

Ángel González murió hace unos pocos años, en 2008; todos los testimonios que he leído coinciden en decir que era un buen hombre, con un gran corazón (¡cantaba boleros acompañándose con la guitarra, por Dios!) y sentido del humor. Respecto a P., la aludida en estos poemas, poco puedo decir, salvo que de vez en cuando aún la recuerdo, siempre risueña, en el esplendor de sus veintipocos años. Y que si la vida me concede el, no sé si llamarlo privilegio, de un final anunciado, estoy seguro de que el suyo será uno de los recuerdos que me acompañarán en esos últimos momentos o días, y los dulcificarán recordándome que vivir valió la pena.

Para acabar, dedico este post al renacer de mi adorable A., a quien nunca había visto hablar y reír tan feliz como la vi la otra noche. Muchos besos (algunos incluso con lengua).

Comentarios [3]

---

Siempre Circe

16 septiembre 2014 · Clásicas

(Poema con enlaces)

I’m yours, you know,
desde esa noche.

Me encantaría, te dije,
y empezamos a tocarnos como niños
bajo la luna desnuda.

Éramos luego amantes
en un vídeo porno mientras Júpiter y Sirio
se excitaban mirándonos. Fuiste, como Proteo,
ora niña en una tapia a oscuras, ora diosa animal
en una cama anegada. Pero siempre Circe.

Oí el incendio de tu pelo en llamas
mientras buceaba pétalos en tus labios rosa,
y te descubrí diosa que mis manos
de Pigmalión distante apenas sometían.

Y siempre mi voz y tu voz quedas
como musgo suave.

How can I go on falto de ti,
galo moribundo, si has atravesado
mi vida acuchillándola?

Escultor y modelo arrodillada de Pablo Picasso, grabado de la serie Suite Volard
P. Picasso, Escultor y modelo arrodillada, grabado perteneciente a la serie Suite Volard

Post data. Siempre el comienzo de curso me pone de un humor extraño, pero este de hogaño se lleva la palma.

Comentarios [1]

---

Gracias

13 septiembre 2014 ·

Del vídeo Ride de Lana del Rey

Gracias a la vida, que me ha dado tanto:
me dio dos luceros que, cuando los abro,
perfecto distingo lo negro del blanco,
y en el alto cielo su fondo estrellado
y en las multitudes el hombre que yo amo.

Gracias a la vida, que me ha dado tanto:
me ha dado el sonido y el abedecedario.
Con él las palabras que pienso y declaro:
madre, amigo, hermano y luz alumbrando,
la ruta del alma del que estoy amando.

Gracias a la vida, que me ha dado tanto:
me ha dado la marcha de mis pies cansados.
Con ellos anduve ciudades y charcos,
playas y desiertos, montañas y llanos
y la casa tuya, tu calle y tu patio.

Gracias a la vida, que me ha dado tanto:
me dio el corazón que agita su marco
cuando miro el fruto del cerebro humano,
cuando miro al bueno tan lejos del malo,
cuando miro al fondo de tus ojos claros.

Gracias a la vida, que me ha dado tanto:
me ha dado la risa y me ha dado el llanto.
Así yo distingo dicha de quebranto,
los dos materiales que forman mi canto,
y el canto de ustedes que es el mismo canto,
y el canto de todos que es mi propio canto.

Gracias a la vida.

Violeta Parra

Comentarios [1]

---

Hozando libros

26 junio 2014 · Náutica

Hozan y gozan los cerdos cuando escarban la tierra con el morro. Así me halla el verano, con la nariz metida de nuevo entre las páginas de un libro. Leer un libro todo seguido, un texto largo, no picotear en internet o los periódicos, es cada vez más sinónimo del verano, porque requiere de recogimiento, y porque impone a su vez un ritmo lento al paso de las horas que es imposible en otras estaciones.

Rose George, una periodista británica de apariencia engañosamente frágil (hela aquí dando una breve conferencia en Singapur), escribió acerca de la marina mercante este Noventa por ciento de todo. La industria invisible que te viste, te llena el depósito de gasolina y pone comida en tu plato (editorial Capitán Swing, ISBN 9788494221354304). Aunque todo el glamour cae habitualmente del lado de la navegación a vela, también cabe enamorarse del mar y navegarlo a bordo de un ruidoso, prepotente y sucio barco a motor. De un amor así da sobradamente fe este libro.

Empieza la autora expresando una extrañeza que yo también sentí hace tiempo: la marina mercante es invisible para el ciudadano común a pesar de que tiene un efecto continuado en su vida diaria, de hecho el noventa por ciento del comercio mundial viaja en barcos. Esa invisibilidad me la expliqué en su día razonando que es mínima la población que se dedica en occidente a esta profesión. No tratamos con marinos mercantes, sobre todo porque son tan pocos… Un monstruo que transporta 15.000 contenedores lleva una tripulación de sólo 13 personas. Como además se reparten en turnos, se puede decir que estos monstruos del mar se mueven casi solos.

El libro está lleno de datos jugosos. Abro por cualquier página y me encuentro con la noticia (p. 27) de que el bacalao escocés que se pesca y se come en Escocia, en medio se ha cortado en filetes en China, porque sale más barato congelarlo, enviarlo por barco al otro lado del mundo, descongelarlo allí, filetearlo a mano al precio de la mano de obra china, volver a congelarlo, enviarlo en barco de vuelta a Escocia y descongelarlo de nuevo, que filetearlo en Escocia pagando el precio de la mano de obra fileteadora escocesa. No sé si me he explicado. Lógico y de locos al mismo tiempo.

Como buena periodista, Rose George humaniza su ensayo para hacerlo mas agradable de leer, presentándolo como la crónica de un viaje que emprende como invitada en el Maersk Kendal, de Rotterdam a Singapur, con un cargamento de… vaya usted a saber qué, pero metido en contenedores. En un capítulo explica la autora precisamente que el formato estandarizado del contenedor ha acabado con la profesión de estibador, y de paso con una parte importante del romanticismo de la profesión.

Datos tontos que me han llamado la atención. Un monstruo portacontendores puede gastar 30.000 euros diarios en combustible (p. 109), y pagar 300.000 dólares por cruzar el canal de Suez (p. 122). Para ahorrar combustible, muchos de ellos navegan a unos 15 nudos, poco más de la mitad de la velocidad que pueden desarrollar, en lo que se llama “navegación lenta” (p. 110). Gracias a estas medidas, y al gigantismo de los buques, se consigue que una prenda de ropa, que viaja del extremo Oriente a Europa, deba sólo 2,5 céntimos de euro al coste del transporte por mar.

La autora dedica un capítulo a la piratería a su paso por la costa de Somalia. Habla entre otros temas de la imprudencia que yo desconocía del capitán Philips, secuestrado cuando iba al mando del Maersk Alabama, y retratado como un héroe en la película reciente y buenísima Capitán Philips de 2013. Y se expresa en duros términos, aunque indirectamente, contra la frivolidad de la Harvard Business School que en 2010 eligió a la piratería somalí como el mejor modelo de negocio del año (p. 166).

Una delicia de lectura, para quien se deleite leyendo sobre estos temas, obviously. Por lo demás, es una pena que el libro, bien impreso y encuadernado, flojee enojosamente por la parte de la edición. Hay erratas brutales, y un traductor que desconoce algo tan básico como el significado del término “armada” en español (ver definición en el DRAE). Traduce en la página 11:

El jefe de la flota británica —que es conocido como el First Sea Lord, a pesar de que el jefe de la Armada no es un Land Lord— dice que en nuestros días sufrimos de ceguera marítima.

The chief of the Royal Navy – who is known as the First Sea Lord, although the Army chief is not a Land Lord – says we suffer from ‘sea blindness’ now.

Resulta curioso que en los títulos de crédito se reconozca la labor de un corrector ortotipográfico. Este, de un nivel parecido al del corrector de texto y el traductor, insiste en que a lo largo de todo el libro se escriba mal, con mayúscula, la palabra “Estado”, que como todo el mundo sabe es un nombre común. Si procede así en atención al peso semántico de la palabra, ¿también acostumbra a escribir con mayúscula la palabra “pene”? Sería raro pero coherente; de hecho un funcionario varón previsiblemente tendrá a ambos en parecida estima.

Camilleri. Disfrutado el libro anterior, hozo y gozo ahora con la última novela traducida de Andrea Camilleri, Juego de espejos. Recomendabilísima.

Luciano de Samosata. Y tengo pendiente para más adelante saborear una novedad editorial que se promete deliciosa. Irene Vallejo, filóloga clásica colaboradora del Heraldo de Aragón, ha versionado las Historias verdaderas de Luciano de Samosata en un libro infantil titulado El inventor de viajes, ilustrado por José Luis Cano. Incluye barcos y griegos, un buen texto y dibujos bonitos como el del Pulgarquero de aquí abajo, así que merece triunfar. Por lo demás, me choca que la editorial Comuniter sea la obra cultural de una empresa que gestiona comunidades de vecinos. Cosas veredes…

Ilustración Pulgarquero de José Luis Cano

Comentarios

---

Ἀγραμμάτητος μηδεὶς εἰσίτω

13 junio 2014 · Clásicas

He visto la prueba de las PAU de la Comunidad Valenciana de estos días y…

ταῦτα διανοηθέντες, καὶ τὰς ἐν τῷ πολέμῳ τύχας κοινὰς ἁπάντων ἀνθρώπων νομίζοντες, πολλοὺς μὲν πολεμίους κτώμενοι, τὸ δὲ δίκαιον ἔχοντες σύμμαχον ἐνίκων μαχόμενοι. Lisias, Epitafio 10.

En dos líneas escasas hay seis verbos, a razón de cinco participios por una sola forma personal. En un examen destinado a estudiantes de segundo año de un idioma (nivel A2), este grado de complejidad gramatical —y semántica— me parece un despropósito. Ya sé que se trata de un texto que forma parte de una antología cerrada. De hecho esta es la única forma en que un alumno de 2º de bachillerato puede “traducir” un texto así: traduciéndolo antes en clase con su profesor y, para rematar el simulacro, aprendiéndose de memoria la traducción al castellano o el catalán para el día del examen. Así hasta mis alumnos traducen Homero, y no sólo es un suponer.

En el frontispicio de la Academia platónica figuraba la prohibición Ἀγεωμέτρητος μηδείς εἰσίτω “Que no entre quien no sepa geometría”. En muchas universidades españolas es la gramática lo que les pone, o sea: Ἀγραμμάτητος μηδεὶς εἰσίτω, que vale por “Que no entre quien no finja saber un huevo de gramática”.

Comentarios [3]

---