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Kano: un juguete para pequeñas ingenieras

11 diciembre 2014 · Varia

He descubierto en Hipertextual un juguete alucinante. Me lo regalaría yo si tuviera menos años. Es más, puede que aún me lo regale. Sólo cuesta 150 pepinos (europeos, o sea, euros). Se llama Kano y es un kit de montaje para hacer un ordenador personal, que consta de teclado, altavoz, carcasa, placa madre, unidad wifi y cableado. Una vez montado corre con un sistema operativo Debian mínimo, y permite jugar al Pong (la bolita de tenis prehistórica), al imprescindible Minecraft (a los niños les encanta) y navegar por internet con Chrome.

Captura de pantalla de Kano

Yo además he flipado cantidad con la página web. Enseña el producto en todas sus fases de montaje, y la secuencia se maneja con el cursor, que al subir y bajar monta y desmonta el aparatejo. Flipante. What a wonderful world!

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Diez años ya…

19 noviembre 2014 · Red

Hoy hace diez años, en torno a las 13 horas del 11 de noviembre de 2004, inauguré este blog que predije “de incierto futuro”. Lo abrí en Blogger, pero un año después lo trasladé (artículo a artículo, comentario a comentario) a este subdominio propio.

Al trasladarlo aquí mimé el diseño. Para la estructura me conformé con la instalación por defecto del programa Textpattern con el que lo gestiono. Por lo que hace al aspecto, me apropié de la escueta paleta de colores (negro, rojo y gris) del blog Orsai de Hernán Casciari, y para las ilustraciones no lo dudé: las fotos de mis hijos y los rayajos ingenuos, y por eso llenos de vitalidad, del —por aquel entonces— pequeño Juan. Creo que el diseño ha funcionado, y la prueba está en que, como ocurre con los aciertos, en todos estos años apenas he sentido la necesidad de cambiar nada.

Laura con un perro Sol de Juan Cohete dibujado por Juan

A día de hoy el archivo dice que se han publicado 176 artículos y 639 comentarios. Son muchos. Yo mismo califiqué este esfuerzo con una cita —ande o no ande, siempre pedante— de Séneca: «¿A cuántos su elocuencia y su interés diario por dar muestra de su inteligencia deja exangües!» (De brevitate vitae II.4; trad. Carmen Codoñer). Ha merecido la pena, por supuesto. Aunque disfruto escribiendo, me falta el gen de la tenacidad, y aparentemente sólo soy capaz de abordar géneros breves, como la poesía y éste del columnismo. Los primeros años escribía con niños que gateaban entre mis piernas o dormitaban a mi lado saciados de vida como morsas; escribir era entonces una forma de tomar un poco de aire. También una forma de ampliar horizontes, salir de casa y hacer buenos amigos: Carlos, Ana, Sebastià, Luis, Olga… por orden aproximado de aparición, en la blogosfera primero y luego en mi vida. Fue un invento muy divertido éste de Χείρων·Chiron, que ahora boquea. Y también ha sido siempre divertido dar rienda suelta aquí a las pasiones —el mar, la filología, los libros…— como quien eyacula en palabras una vida que le desborda.

En la sucesión de posts soy capaz de reconstruir el paso de los años y la biografía: en mi tercer post presenté a una tal Wikipedia; con seis años Juan dibujaba (y acompañaba de aparato editorial) su visión de El Ades; me rompí un poco algunas veces y otras me reí a lo grande (nací gamberro en un cuerpo de niño)… lo normal. Coqueteé hace tiempo con la idea de que este blog nació siendo el primero de clásicas escrito en español del mundo, pero un día que lo investigué en serio di con otro que me precedió; sólo que he olvidado cuál era.

Y ya vale, que le den morcilla a la nostalgia que es, de entre las emociones, una de las más baratas. Me sirvo un Oporto y mañana será otro día si Circe quiere. Me pido otros diez años más de blog y vida por lo menos. Besos a todos mis lectores y compañeros de viaje de estos años. Os quiero mucho.

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Jot down

18 noviembre 2014 · Clásicas

Este anglicismo en crudo es el nombre de la revista en línea española Jot Down, Contemporary Culture Magazine, que tiene también su versión en papel (a precio de coleccionista o, por decirlo también crudamente, casi de mecenas). Es buena, incluso a veces muy buena; de hecho aspira, en sus palabras, a ser el equivalente al New Yorker en español. Parece obra de periodistas en precario, por esto de la crisis devastadora del oficio, que han decidido hacer lo que les gusta e intentar ganarse la vida con ello. Publican en Jot Down firmas de lujo como Arcadi Espada, Enric González, Manuel Jabois y muchos otros que desconocía. Se les podría reprochar que recurran como paletos al anglicismo incluso en el subtítulo, pero entiendo que se trata de un reconocimiento: la segunda mitad del siglo XX y la cultura contemporánea hablan inglés norteamericano. Han sacado portadas gloriosas como ésta, siempre en un posibilista blanco y negro:

Portada de la revista JotDown, número 5

Pero me interesa sobre todo la etimología del anglicismo: to jot down “anotar, escribir a vuelapluma” que es buena definición del oficio del periodista, quien todo lo escribe bien o mal pero siempre corriendo. Le echas este bocado a un helenista y lo raspa hasta los huesos: jot down sólo puede ser una iota suscrita y, convertida en verbo, designar la acción de ir poniendo las iotas suscritas pertinentes a un texto que carece de ellas, algo así como “corregir” o “puntualizar”. Sé de lo que hablo porque una vez al año me dedico a eso mismo, a corregir ejercicios de declinaciones y a reponer a toda velocidad esas iotas suscritas del dativo singular del artículo y de los adjetivos y sustantivos de la primera y segunda declinación (esos que en tiempos gloriosos llamábamos temas en alfa y ómicron).

El Online Etymology Dictionary sólo reconoce que deriva del término iota, por cuanto es la letra más pequeña del alfabeto griego y, de ahí que signifique, dicen, “escribir abreviadamente”. Pero si la iota les parece pequeña, qué no les parecería una iota suscrita si supieran que tal cosa existe. Ya en Mateo 5:18 se menciona la iota como prototipo de nonada, y yo diría que se refiere a la suscrita, pues se equipara a una tilde: «En verdad os digo que, mientras existan el cielo y la tierra, ni una iota ni una tilde se quitarán de la ley hasta que todo se cumpla». Pues eso, que mucho contemporary magazine, pero da gozo ver que siempre acabamos regresando al idioma original: ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ λόγος… Juan 1.1.

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Héroes (casi) anónimos

8 noviembre 2014 · Clásicas

En el ámbito de la biología se da un nombre específico, “naturalista”, a los aficionados a la disciplina que no tienen estudios universitarios de esa materia. El término no tiene para nada la connotación peyorativa que acompaña a menudo al término “aficionado”, que es el único disponible en otras disciplinas. Pues bien, aunque a menudo criticada por sus errores, Wikipedia es en gran medida obra y mérito de grandes aficionados, a los que en algunos casos cabe tildar de héroes prácticamente anónimos, porque su firma queda oculta entre bambalinas, tras el enlace “Ver historial”, y su contribución sólo es conocida por los afines.

Cuando uno se encuentra en WP:ES (Wikipedia en español para los amigos), que reconozco que es mucho encontrarse, con la insignificante ciudad griega de Ocolo

Ocolo (en griego, Ὄκωλον) fue una antigua ciudad griega de Tracia. La única fuente que atestigua la ciudad es un fragmento de las Filípicas de Teopompo recogido por Esteban de Bizancio que la asocia a la ciudad de Eretria (1). Se desconoce su localización exacta pero del fragmento de Teopompo se infiere que se trataba de una colonia de Eretria ubicada en Tracia (2).

(1) Esteban de Bizancio 488,11.
(2) Mogens Herman Hansen & Thomas Heine Nielsen (2004). «Thrace from Axios to Strymon». An inventory of archaic and classical poleis (en inglés). Nueva York: Oxford University Press. p. 849. ISBN 0-19-814099-1.

Cuando uno se encuentra algo así, digo, agradece mental y fugazmente la información, si es bien nacido, y a otra cosa mariposa… pero rara vez se ocupa de saber cómo pudo y quién molestarse en poner semejante información ahí.

El aficionado a la cultura clásica a quien, tras tanta introducción, quiero rendir tributo se hace llamar Dodecaedro y es uno de los miembros más activos del Wikiproyecto Grecia Antigua. A comienzos de este año lanzó un reto dirigido a sí mismo y quien quisiera ayudarle, el reto 2014, consistente en añadir a WP:ES ciudades griegas de la antigüedad hasta incluir todas las mencionadas en el tocho de 1.396 páginas An inventory of archaic and classical poleis de Mogens Herman Hansen & Thomas Heine Nielsen (Nueva York: Oxford University Press. 2004. ISBN 0-19-814099-1); y, por si le quedaba hambre para un poco más, mejorar la información de las que ya estaban, incluyendo imágenes, o más datos, o referencias, o las coordenadas de su localización.

Portada de book An Inventory of Archaic and Classical Poleis

La magnitud del reto es de este calibre: el tocho incluye noticia de 1.035 ciudades y había en Wikipedia unas doscientas. Dodecaedro, con el estímulo inicial y la ayuda ocasional del usuario Dorieo y rarísima mía, ha añadido hasta ahora la friolera de 799 ciudades griegas de la antigüedad a WP:ES. Ante semejanza hazaña (luego llaman trabajos a los de Heracles), bien cabe coger brocha y un bote de pintura roja y hacer de noche en la pared de un naós, el del Hefestión ateniense sin ir más lejos, una pintada tal que:

ΔΩΔΕΚΑΕΔΡΟΣ
ΚΑΙ ΔΟΡΙΕΥΣ
ΗΡΩΕΣ ΕΙΣΙΝ

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Cinco poemas para Ángel González

21 septiembre 2014 · Libros

Escribí este librito hace veinte años. Fue el fruto de un desamor. De hecho éste del desamor es el único subgénero poético que cultivo, ya que uso la poesía con finalidad terapéutica, como un remedio que me ayuda a transitar las noches de dolor. Entre eso y el paso del tiempo, al final siempre me curo.

Escribí estos poemas por desamor de mi nunca del todo olvidada P., pero decidí reunirlos y titularlos en honor del poeta Ángel González, si no el mejor del siglo XX, el más cercano a mi sensibilidad de aquellos años. Edité el librito en una edición artesanal de 12 ejemplares numerados y firmados que fui regalando. Cuelgo aquí su versión electrónica en formato pdf, prácticamente un facsimile de la edición en papel.

Portada del librito Cinco poemas para Ángel González

Recuerdo perfectamente el proceso de diseño. Desde que tuve la ocurrencia de crearlo, fui decidiendo exclusivamente in mente, durante un par de semanas, los tipos de letra, la clase de papel, el colofón, el nombre de la supuesta editorial… Y sólo cuando todos los detalles estaban decididos, encendí el ordenador y convertí lo que era una imagen mental en un objeto impreso. Imprimí la portada en papel de estraza, basto pero cotidiano como la poesía de mi modelo poético Á. G., nada parnasiana, y la mía misma. Incluí una fotografía mía pegada en las páginas iniciales, como había visto que se hacía en una preciosa edición encuadernada en tela de La casa solitaria de Robert L. Stevenson. E inventé un recurso editorial que no vi nunca antes ni he visto después en libro alguno: desglosé una cita de Francisco Umbral (“Puedo escribirlo todo, pero la literatura es la distancia definitiva que perpetuamos entre nosotros y las cosas”) en cada una de sus palabras, y las hice acompañar a la numeración al pie de cada página. Así, la única manera de desentrañar la adivinanza y leer la cita completa, consistía en pasar una a una todas las páginas del libro leyendo en cada una sólo una palabra. ¿Cómo coincidió el número de páginas con el número de palabras de la cita? Una casualidad afortunada.

Retrato del poeta español Ángel González
Ángel González. Fuente: ?

Envié un ejemplar del librito al propio Ángel González, junto con una carta muy osada, a la genérica dirección postal de “Real Academia Española de la Lengua, Madrid” —o algo así— porque recientemente había sido nombrado académico, aunque faltaba tiempo para que tomara posesión de su sillón. Me olvidé de todo y meses después, para mi sorpresa, recibí en casa un pequeño paquete remitido por el propio Ángel González (a través de su secretario/a personal, imagino) que incluía un ejemplar de su discurso de ingreso en la Real Academia con una amable dedicatoria personal. Hoy este libro es uno de los pocos y modestos tesoros de mi biblioteca.

Hace un tiempo pensé en rescatar el librito del olvido y publicarlo aquí, pero me detuvo el sentido del ridículo. Contiene pasajes que ahora me parecen irremediablemente cursis, por el uso del diminutivo mayormente, aunque sé que esta apreciación depende completamente de la mirada del observador. Sin embargo hoy lo contemplo con la piedad de un arqueólogo: aquél ya no soy yo.

Del lado contrario, cuando me pregunto cuáles son sus mayores logros, si los hay, pienso en el planteamiento de “Armario con cadáveres”, anterior en varios años a la película El sexto sentido. Me dijeron que el amigo de una amiga lloró leyéndolo. Imagino que reaccionó así, más que a la fuerza expresiva de los versos, porque se reencontró en ellos con un episodio doloroso de su biografía; pero acaso toda la gracia de la literatura consiste precisamente en eso, en encontrarnos a nosotros en ella.

También recuerdo especialmente estos versos de tema amatorio, que aún a veces aún recito de memoria para mí mismo:

…achicará tus ojos la ternura
y abrirás, en sólo un gesto,
los brazos y las piernas
para anegarme en ti.

Y yo —anegado—
chuparé tus ojos, tus labios,
tu barbilla,
hundiré mi lengua
en el pozo de tu boca,
y chocaremos, como brutos,
mi vientre contra tu vientre
chorreando amor.
Hasta agotarnos.

Y no me soltarás,
ni querré yo soltarme de tu abrazo.
Y dormiré anegado en ti,
y tú anegada en tu misterio.

Quien haya intentado incluir sexo explícito en un poema sabe lo imposible que resulta manejar un registro léxico que, inevitablemente, cae unas veces del lado de la crudeza ginecológica (“vagina”) y otras del lado del exabrupto (“polla”).

Ángel González murió hace unos pocos años, en 2008; todos los testimonios que he leído coinciden en decir que era un buen hombre, con un gran corazón (¡cantaba boleros acompañándose con la guitarra, por Dios!) y sentido del humor. Respecto a P., la aludida en estos poemas, poco puedo decir, salvo que de vez en cuando aún la recuerdo, siempre risueña, en el esplendor de sus veintipocos años. Y que si la vida me concede el, no sé si llamarlo privilegio, de un final anunciado, estoy seguro de que el suyo será uno de los recuerdos que me acompañarán en esos últimos momentos o días, y los dulcificarán recordándome que vivir valió la pena.

Para acabar, dedico este post al renacer de mi adorable A., a quien nunca había visto hablar y reír tan feliz como la vi la otra noche. Muchos besos (algunos incluso con lengua).

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