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La isla olvidada

3 agosto 2016 · Libros

La isla olvidada. Un periplo por el Mediterráneo modesto (Editorial Juventud, ISBN 978-84-261-4132-3) es la crónica de una viaje a vela protagonizado y escrito por Lluís Ferrés Gurt. Tiene todos los ingredientes para gustarme: un viaje en velero, islas mediterráneas e historia y cultura, en parte italiana, pero sobre todo griega antigua y moderna.

Portada del libro La isla olvidada

La isla olvidada a la que se refiere el título es Saría, una de las islas más modestas del Dodecaneso, hoy deshabitada. Pero, a la manera del viaje a ítaca de Kavafis, Saría le importa al autor sólo relativamente como destino, y más como excusa para iniciar una singladura. Comienza así el libro, destacándolo:

Un destino deseado, esta es la única excusa que se necesita para iniciar un viaje. Por ejemplo, una isla remota guardada por vientos feroces (…) Una pequeña isla abrupta y reseca con calas minúsculas flanqueadas por viejos tamariscos, rodeada por acantilados donde anidan orgullosos halcones de Eleonora, surcada por tortuosos senderos hollados solo por las cabras asilvestradas, envuelta en aromas violentos de tomillo y orégano, orlada por oquedades rellenas de la más pura y blanca sal marina que nos habla de oleajes violentos y temporales desatados. Una islita desde cuya cima se contemplan horizontes infinitos en un mar azul cobalto tras el que se esconden tres continentes distinos.

El libro relata este viaje que discurre voluntaria y morosamente por las islas menos conocidas y holladas por el turismo. Así, se obvian las Baleares, Estrómboli, Malta, Corfú, Miconos, y en cambio se visitan Asinara, Pantelleria, Amorgós, Saría y otras muchas islas modestas. Está escrito un poco a la manera herodotea: el autor llega, describe y a continuación cuenta alguna historia o anécdota antigua o moderna, y las hay a montones: la terrible razón por la que Ustica fue llamada la isla de los huesos, la decadencia de las almadrabas de Favignana por la pesca intensiva del atún rojo, la época dorada, épica y terrible, de la pesca de esponjas con escafandra…

Fondeo en las islas Lavezzi
Fondeo en las islas Lavezzi. Foto: José M. Ciordia, 2011.

De las muchas pequeñas historias, me quedo con la del pescador de esponjas simiota Stathis Hatzis que se sumergió a pulmón libre durante tres minutos hasta los 88 metros de profundidad para atar un cabo a una ancla enrocada y rescatarla, y la recompensa que pidió por ello. Y si el éxito de un libro se mide por la pasión que pueda despertar en el lector, me confieso tocado con la descripción de Amorgós y el monasterio de Panagiá Jozoviótissa, un nido de águilas sobre el mar Egeo.

El autor es biólogo y marino de profesión, pero escribe muy bien:

Al día siguiente levanto fondeo al amanecer. Sopla un ligerísimo terral perfumado por las flores de los limoneros y la cumbre del Etna luce un color blanco con ligeros tonos rosados a la luz rasante del sol que se levanta. Sicilia, en primavera, se resume en dos palabras, en dos blancuras: nieve y azahar.

En definitiva, es un libro muy aconsejable para quien no pueda viajar, y lo haga de este modo, vicariamente; para quien busque una isla que poner en su mira; para quien haya vivido y amado otras islas del Mediterráneo y quiera sentirse de nuevo en casa.

Le sobra al libro el capítulo “Cadaqués: ecos acádicos”, en el que el autor propone una descabellada hipótesis toponímica según la cual navegantes acadios, ni más ni menos, habrían visitado y nombrado esta población ampurdanesa y algunos de sus islotes. Tan fuera de lugar como que un filólogo sostuviera seriamente que el caballito de mar es resultado de la adaptación al medio marino de un equino, no sé si me explico. Y hay muchas erratas. Enamorado del librito, de la edición en general y del mar, me he tomado la molestia de recopilarlas, con intención de enviarlas al autor como agradecimiento. Me salen unas cuarenta, pero el autor no está localizable en internet, así que esperaré pacientemente a tener noticias suyas para hacérselas llegar. ¡Ah del barco!

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Ioannis Svoronos, numismático y arqueólogo

19 junio 2016 · Clásicas

Encontré hace tiempo la referencia a un artículo de arqueología naval de título tan largo como sugerente: Jean Svoronos, «Stylides, ancres hierae, aphlasta, stoloi, akrostolia, embola, proembola et totems marins», Journal International d’Archéologie Numismatique, XVI (1914), pp. 81-152. Trataba justo de lo que buscaba: los adornos de proa y popa de las naves griegas y romanas. Pero como se había publicado a comienzos del siglo XX en lo que parecía una revista académica francesa, pensé que sólo podrían encontrarse en una librería de esas universidades de Dios. Que mejor me olvidaba, vamos.

Pero internet es un juguetico bueno, y hace poco me di de morros con el artículo en cuestión, en formato PDF descargable y gratis. Lo reconocí por el título largo, enumerativo, naval, inconfundible; y por el nombre del autor, Jean (hoy en día, mejor Ioannis) Svoronos, que antaño me pareció ruso y resultó ser miconiata, o sea, de Miconos. ¡Qué alegría, madre! Tanta que le dediqué un artículo en la Wikipedia española, que traduje de la inglesa: con ustedes Ioannis Svoronos, arqueólogo y numismático griego. Más tarde descubrí que la mayor parte de su bibliografía está disponible en internet gracias a la generosidad de fundaciones y organismos públicos, como la Anemi de la Universidad de Creta, y añadí los enlaces correspondientes en la misma página.

El artículo en cuestión está ya en dominio público, y lo he colgado entre las descargas de este mi blog por capricho: «Stylides, ancres hierae, aphlasta, stoloi, akrostolia, embola, proembola et totems marins», que traducido podría ser algo así como «Gallardetes, anclas sagradas, colas de popa, proas, puntas de proa, espolones, sobrespolones y totems marinos». ¡A ver si no mola! Tiene la friolera de 70 páginas y me ha dado todo lo que prometía en el título. Y aunque no esté muy actualizada, encuentro información que no leí en el manual canónico de Lionel Casson, Ships and Seamanship in the Ancient World, de 1971.

Lo más destacable del artículo, para mí, son dos afirmaciones que coinciden con conclusiones a las que había llegado por mí mismo. Para Svoronos, las anclas sagradas llegaron a izarse en lo alto de los gallardetes con fines heráldicos, porque representaban a los dioses titulares de la flota (pp. 105-110). Para mí, además, se izaron allí porque fueron también proyectiles navales que se arrojaban sobre las naves enemigas con el fin de perforar su casco y hundirlas, como antecesores y a la manera de los delfines de plomo que mencionan Aristófanes (Caballeros 761) y Tucídides (7.41).

La otra afirmación novedosa es marginal para mi investigación, una nadería, pero encantadora. En el arte llamado orientalista del siglo VI se ven a veces figuras de animales con una cabeza y dos cuerpos; leí una vez que estas figuras tenían su origen remoto en el arte persa. Para mí, en cambio, son la representación, vista de frente, de mascarones de proa en forma de animal, y tienen un origen inequívocamente naval, sea mediterráneo o persa. Conocemos los barcos antiguos sobretodo por representaciones en la cerámica donde se ven de lado. Por lo que se refiere a los mascarones, la cabeza del animal sobresale de la proa como un prótomo, y el cuerpo está pintado o esculpido en la amura que está a la vista, sea la de babor o la de estribor. Pero el barco real tiene dos amuras, y por tanto el cuerpo del animal debía representarse dos veces, para que se viera lo completo desde ambos lados. Svoronos escribió lo mismo hace ya cien años, y lo representó gráficamente con estos dos dibujitos que hablan por sí solos (p. 142):

Animal fantástico con cuerpo doble

Proa de un barco con una sirena con cola doble

Por cierto, que Svoronos opina como yo que esos monstruos de la mitología hechos a piezas, como las quimeras, grifos y demás, son originalmente barcos con proas modeladas en forma de cabeza de animal, velas que son alas y popas como colas (pp. 144-152); ahí queda la imagen de Capricornio para recordárnoslo. Obvio para quien tenga ojos en la cara.

Alzo para acabar una copa de vino micónico en recuerdo y honor de mi admirado y ya imposible amigo Yanis. Γειά μας, ρε μαλάκα.

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Μπολέρο

5 junio 2016 · Varia

¿Un bolero cantado en griego moderno? Pues sí, también. Los años 50 del siglo pasado fueron en Hollywood, y de rebote en el mundo, años de ritmo cubano y caribeño; los años en que el músico catalán Xavier Cugat, sin ir más lejos, se lo comió literalmente todo. Hace poco he leído que de mayor solía visitar la plaza de Gerona en la que nació y vivió sus cinco primeros años… Sólo eso ya me lo hace cercano.

De aquel contagio latino, decía, vinieron lodos como este bolero: Ποτέ μην κλαις (“Nunca llores”), que compusieron Costas Kofiniotis y Takis Morakis (letra y música respectivamente) e interpretó el Trío Kitara (“Trío Guitarra”), con sus tres guitarras y voces:

Años más tarde lo rescató y grabó con mejores medios Yorgos Dalaras sin desviarse apenas del original. Este hallazgo merece una traducción que salve el milagro del mestizaje de la obra devastadora, casi termítica, del paso de los años, y aquí está:

Ποτέ μην κλαις

Ποτέ μην κλαις για κάτι που περνά.
Αν τα λουλούδια πεθαίνουν, το άρωμα μένει.
Ποτέ μην κλαις για αγάπη που δε ζει.
Η θύμησή της βαθιά στην καρδιά πάντα ζει.

Ποτέ μην κλαις για κάτι που περνά.
Μες στην ψυχή μας οι λύπες ανάμνηση μένουν.
Ποτέ μην κλαις μια αγάπη σου παλιά.
Πάντα χαρές σε κερνούν τα χαμένα φιλιά.

Ποτέ μην κλαις…

Nunca llores

Nunca llores por algo que pasa.
Si las flores mueren, el olor permanece.
Nunca llores por el amor que ya no vive.
El recuerdo de lo profundo en el corazón siempre vive.

Nunca llores por algo que pasa.
Dentro de nuestra alma las penas permanecen.
Nunca llores por un amor viejo
Siempre a alegrías te invitan los besos perdidos.

Nunca llores…

No lloraré, pues, ya bastante lloré.

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Elementary OS mola mogollón...

26 mayo 2016 · Varia

…lo usan en la China, también en el Japón. Es una distribución Linux ideal para usuarios de Macintosh, que le hace a uno sentirse como en casa. Después de ocho años de uso intensivo, mi MacBook empieza a no poder abrir y manejar con soltura las actuales páginas web cargadas de código y scripts. Se ha hecho viejo. Y, sin embargo, chuta, así que antes que comprar uno nuevo, le he instalado Elementary OS, y estoy como un niño con zapatos nuevos. Y sin piratear, ni comprar nada.

Aunque viene niquelado de fábrica, lo he configurado a mi gusto: he activado el escritorio, que en origen es impracticable, he instalado LibreOffice 5, Firefox, Chromium, Entangle, Transmission, Filezilla, Videolan, Steam, y lo que te rondaré morena. No le he instalado antivirus, ni antispyware, ni congelador, porque ¿pa qué? ¡Ay, qué risa me da cuando me río!

Captura de pantalla de elementary OS

Aquí un pantallazo. Escribe en griego politónico, reproduce pelis… Lo usa mi mulata con las bragas en la mano. Insisto: gratis y molón.

Cruzo los dedos para desear larga vida a elementary OS, y yo que lo vea. Por lo pronto ya he publicado este artículo con él. Y entretanto, dicen los periódicos que los coordinadores TIC de Aragón semos piratas malos porque ya no tenemos dinero ni ganas de seguir haciendo rico al chico ese de Windows.

Añadido 4/5/2016. ¡Qué pena! Sus aplicaciones (Midori, Fotos, etc.) y el propio Elementary OS están llenos de bugs.

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Sentimientos religiosos

21 febrero 2016 · Varia

Cita en Facebook Agamador a Umberto Eco. Lo que me da pie para soltar lo que me ronda acerca de los pechos de Rita Maestre.

«Cuando los hombres dejan de creer en Dios, no quiere decir que creen en nada: creen en todo» (Umberto Eco).

Cierto, y de ello se sigue que también debe existir el delito correlativo de ofensa al sentimiento religioso de los ateos. Concediendo la Medalla de Oro al Mérito Policial a la Virgen María Santísima del Amor, por poner un ejemplo que a mí, personalmente, me ofendió muchísimo. Además de avergonzarme, por la parte de español que me toca, ante el mundo entero.

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