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No es frecuente pillar a la Real Academia Española (por antonomasia, la de la Lengua) equivocándose, así que por lo inusitado —y por el gusto— me voy a tomar la molestia de dar aquí fe de su error, y de proponerles la enmienda, aún seguro de que no me leerán y menos aún me harán caso. Escriben los académicos en su Ortografía de la lengua Española (2010), sobre el uso de textos con todo mayúsculas:

4.4. PARA FAVORECER LA LEGIBILIDAD
Como ya se ha indicado (v. § 3.2), lo normal a la hora de escribir un texto, sea de la naturaleza que sea, es emplear como letra base la minúscula, aplicando la mayúscula en los casos prescritos por las reglas. No obstante, y al contrario de lo que sucede en textos largos, donde normalmente hacen más fatigosa y lenta la lectura, las mayúsculas favorecen la legibilidad y visibilidad en textos cortos. Eso las convierte en el tipo de letra idóneo en ciertos contextos comunicativos, como inscripciones, carteles, letreros, paneles informativos, títulos, etc. [Negritas mías]

Quienes hemos leído algo de diseño gráfico sabemos que se han hecho muchos estudios de legibilidad, y que todos concluyen que las minúsculas son más legibles que las mayúsculas. Ocurre así porque las minúsculas tienen ascendentes y descendentes que las hacen más rápidamente reconocibles que las mayúsculas, que son más parecidas entre ellas: estas son menos distintas y, por tanto, menos distinguibles. Pero no recuerdo haber leído nunca que eso sea cierto solo en los textos largos, y menos aún que —como por arte de magia— en los textos cortos la legibilidad de un tipo de letra y otro se invierta. Esto la RAE se lo saca, por decirlo rápido, de la manga.

Es verdad que en los textos largos es más fácil medir científicamente (con un cronómetro en la mano) la diferencia de legibilidad: pongamos que se tarda en leer un texto de 20 líneas escrito en minúsculas unos segundos menos que el mismo texto escrito en mayúsculas. La diferencia será tan grande que incluso el lector podrá percibirla subjetivamente, sin usar un cronómetro. Y también es verdad que es muy difícil medir científicamente la diferencia de legibilidad de un texto muy corto como «PROHIBIDO FUMAR» con respecto al mismo escrito con minúsculas, porque nada más pulsar el cronómetro tendremos que apagarlo, e imposible que el lector perciba diferencia alguna subjetivamente. Pero que sea más difícil de medir, por ser pequeña, no significa que la diferencia de legibilidad haya desaparecido. Los niños muy pequeños creen que cuando ellos dejan de ver algo—«Cucú, tras tras»— , ese algo ha dejado de existir, ¿pero la RAE? ¡No me jodas!

¿Y de dónde saca la RAE eso de que la legibilidad, incluso, se invierte en los textos cortos? Es otro caso de pensamiento mágico, o de escribir sin pensar, a tontilocas. La experiencia nos dice que los textos largos se escriben habitualmente con minúsculas y que los textos muy cortos se escriben a menudo con mayúsculas. Vamos, que las mayúsculas son el tipo de letra más habitual «en ciertos contextos comunicativos, como inscripciones, carteles, letreros, paneles informativos, títulos, etc.» Pero que algo sea habitual o una tradición asentada no significa ni mucho menos que sea idóneo, ni siquiera razonable: que se lo pregunten a los fumadores o a quienes practican por tradición ancestral la mutilación genital femenina. La RAE comete aquí un error, también, de niño de teta.

La clave para entender la preferencia por las mayúsculas en los textos cortos está implícita en esa enumeración de «contextos comunicativos». Las inscripciones romanas se escribían en mayúsculas, inicialmente porque era el único tipo de letra que había. Las inscripciones, por su propia naturaleza, eran muy visibles y en su mayoría muy breves («CAVE CANEM») y sirvieron de modelo —un modelo duro— para esos otros contextos comunicativos: carteles, letreros, títulos… y hasta hoy. Sugiero, por todo ello, que la RAE reescriba ese apartado de la Ortografía… en la próxima edición usando más o menos estas palabras:

4.4. POR TRADICIÓN
Como ya se ha indicado (v. § 3.2), lo normal a la hora de escribir un texto, sea de la naturaleza que sea, es emplear como letra base la minúscula, aplicando la mayúscula en los casos prescritos por las reglas. No obstante, en los textos cortos, como la diferencia de legibilidad es inapreciable, a menudo se usan las mayúsculas en ciertos contextos comunicativos herederos de las inscripciones en materiales duros de la antigüedad, que se escribían en mayúsculas: inscripciones, carteles, letreros, paneles informativos, títulos, etc.

De nada.

Añadido 14/6/2022. Como puede parecer que también yo me saco los conejos de la chistera, traigo aquí una prueba de que los ingenieros especialistas en señalética actuales opinan, como yo, que también en textos brevísimos, como los paneles informativos de las carreteras, que se leen en un suspiro, las minúsculas son más legibles. (Ya que nos ponemos, yo juraría que en este panel han usado el tipo Frutiger, de Adrian Frutiger, para mí tal vez el tipo de palo seco más legible que hay y uno de los más elegantes.)

Panel de la Autovía del IV Centenario

Para acabar, aclaro que solo hay una razón por la que un filólogo de a pie como yo puede enmendarle la plana a toda una RAE, con su plétora de filólogos, los mejores del país y la época sin ninguna duda: porque este de la legibilidad no es realmente un asunto de lingüística, ni filológico, sino de ortotipografía, o de diseño gráfico, o de señalética, cuestiones todas en las que los filólogos que han redactado el apartado § 4.4 de la Ortografía… son unos meros aficionados. Por lo menos a mi lado. ;)

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No sé ya qué buscaba cuando di con este mosaico: algo de barcos antiguos, eso sí. Los datos identificativos que he encontrado junto con la imagen del mosaico de lo más vagos: «Años 1-300 d. C., norte de África», con un par. Se agradece ayuda. El mosaico me gusta porque es bonito, pero lo traigo aquí porque refrenda una opinión que se me ocurrió hace un tiempo. ¿A qué viene la obsesión de los griegos con la desnudez masculina, que tanto los diferencia de nosotros y de los pueblos vecinos contemporáneos?

Mosaico romano con barcos, barcas, pescadores y la costa
Mosaico romano, s. I-III d. C., norte de África.

A falta de conocer la respuesta canónica, que la habrá (algo de dioses o atletas, seguramente), me inventé una. En el mar Mediterráneo, sobre todo en verano, estar desnudo a bordo es una medida de supervivencia y muy cómodo. En un combate naval o un naufragio quien se va al agua con el peso de la ropa encima, o de una coraza y grebas de bronce, es fácil que no lo cuente. En las galeras de distintos órdenes (penteconteros, trirremes y demás), los remeros remaban hacinados, con menos de un metro de espacio entre uno y el siguiente, y sudaban copiosamente, por lo que remar desnudos sería una muy práctico.

En el mosaico todos los que navegan están desnudos, los terrestres textiles y los pescadores de orilla unos desnudos y otros textiles. Como si la desnudez perteneciera al mar, y el mosaico me diera la razón. Así me gusta, por supuesto.

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Hace ya más de un año que acabé de redactar un manuscrito que titulé así: «Los barcos dormidos y sus anclas de guerra. El origen naval de la arquitectura y la escultura griegas». Lo he mandado, en su versión en inglés a dos revistas de arqueología clásica, las más prestigiosas del mundo, y lo han rechazado, como era —para quien tenga dos dedos de frente; no es mi caso— de esperar. Eso me ha dado el privilegio de seguir puliéndole los detalles, como corresponde a una work in progress, y sobre todo de ir añadiéndole mejoras realmente importantes, que son las que ahora, por nuevas, más me ilusionan. Sorprendentemente, no había presentado el manuscrito en este mi blog o escaparate a los amigos. Helo.

Es largo, demasiado para que lo publique ninguna revista, y tal vez breve para enviárselo a una editorial (¿cuál, además, se atrevería a tanto?). En la primera mitad del manuscrito hablo de arquitectura, de los barcos volteados que dieron lugar al templo griego. No resultará, pues, novedoso a los amigos que me han oído pregonar mi locura a lo largo de estos muchos años salvo, tal vez, por los paralelos etnográficos tan divertidos que añado. Tampoco me resulta novedoso a mí, excepto por un añadido de última hora muy valioso. Di hace unos pocos días con esta maqueta de barro del siglo I AC o DC hallada en el cabo Maleas, que tiene una borda que es un trasunto fiel —invertido— del entablamento dórico: la hilera de ventanas de remero que está en el origen de las metopas y triglifos, sobre ella la tenia o cinta, y más arriba la pantalla de madera o viga longitudinal que es el origen del arquitrabe. El modelo no tiene nada que ver, y desmiente, la famosa hipótesis de Vitrubio.

Modelo de barco del cabo Maleas
Modelo de barco del cabo Maleas (Museo de Neápolis). Foto © Barbara J. Euser.

La segunda mitad del manuscrito, en la que propongo también un origen náutico para la escultura griega, es menos sistemática, y a la vez mucho más aventurada. Deduzco de restos iconográficos que se puede retrasar dos milenios el uso de la artillería en las batallas navales, y suponer que existió una artillería simple basada en la fuerza de la gravedad: creo que las anclas se usaron, al menos desde 2600 a. C., como proyectil arrojado desde lo alto a los cascos de las naves enemigas para perforarlos, como un predecesor del espolón primero, y de los proyectiles de balistas y catapultas después. Como gusto de la novedad, me enorgullece haberme atrevido a tanto, y en la argumentación de esta hipótesis propongo además, entre otros, una nueva interpretación de los mascarones de proa del fresco de la Procesión de los barcos de Tera, de la panoplia de Dendra y de este cetro minoico, que en mi opinión es una miniatura de un martillo o hacha (según el lado que se usara) de tamaño mucho mayor con el que se perforaba o cortaba la borda del barco atacado.

Cetro minoico de Malia
Cetro minoico hallado en Malia (Museo de Heraklio).

Propongo también una nueva explicación de la iconografía de Heracles, y una nueva etimología de su ῥόπαλον ‘maza’; para mí este término es una compuesto que significa ‘palo de nenúfar’, y el objeto representado el origen de la columna dórica. En la tercera y última parte del artículo abordo el aspecto que más tiempo me costó entender —de hecho años— del templo griego: la razón de la forma de sus columnas y capiteles. Para mí representan armas y estandartes navales. Esto último llevaba siglos a la vista de todos: el diccionario dice que στῦλος significa tanto ‘columna’ como ‘estandarte naval’, el alargado cetro que lleva el capitán a popa como símbolo de su posición, que se nombraba a menudo en diminutivo: στυλίς ‘columnilla’.

Hace años que entendí el origen de la columna dórica (una maza hipertrofiada) y del capitel corintio (un símbolo de la balista). Lo más difícil fue desentrañar el sentido del capitel jónico, que es un derivado del árbol sagrado asirio. Este complejo símbolo del árbol sagrado o de la vida lleva 150 años retando a los estudiosos del Próximo Oriente. Le he dado una explicación y, al menos para mí, con ella todo encaja.

No sé qué acabará siendo de este texto, si acabará convertido en artículo, en libro, en pdf o en olvido. A mí pensarlo y escribirlo me ha hecho feliz durante mucho tiempo. Me encantaría que leerlo te hiciera pasar unas horas gozosas, y que —aun no siendo cierto— sea merecedor del calificativo siempre honroso de ben trovato. Salud.

Nota bene para curiosos: He maquetado el manuscrito con Overleaf, es decir, con LaTeX, que tenía curiosidad por aprender a usar. A la vez que aprendía sus rudimentos, he llegado a la conclusión de que no lo necesito. Pero, como dejó escrito el baranda, πάντα δὲ δοκιμάζετε· τὸ καλὸν κατέχετε· ‘Probadlo todo, quedaos con lo bueno’ (Pablo de Tarso, Primera carta a los tesalonicenses, 5.21).

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Por mi mala cabeza me he dado a corregir topónimos en Wikipedia en español (WP:ES para los adictos). En mala hora. A cambio la tarea me ha dado ocasión de aprender algunas cosas, más por reflexión propia que por lecturas. Son cuestiones básicas, pero tratándose de toponimia, que —hasta donde yo sé— no se estudia como materia autónoma en ninguna filología, cualquier avance conceptual me supone una sorpresa. Como esta que me he inventado de los topónimos huérfanos. (¿He dicho ya que disfruto horrores aprendiendo poco a poco, a mi ritmo?)

Voy al grano. La Real Academia Española bastante tiene con lo que tiene: el diccionario y la ortografía. Tuvo su Ortografía de la lengua española (edición de 1999) un «Apéndice 3. Topónimos cuya versión tradicional en castellano difiere de la original» que ha desaparecido de las ediciones posteriores. No me extraña. El Atlas toponímico de España (Madrid, 2007), de Jairo Javier García Sánchez —que acabo de leer casi como quien lee un listín telefónico— contiene unos 4000 topónimos. El Diccionario de topónimos españoles y sus gentilicios de Pancracio Celdrán (Madrid, 2002) presume de recoger unos 15 000 topónimos, y no son más que unos pocos: no salen, por poner solo dos ejemplos de diferente importancia, el Alcocebre (1998 habitantes) de Castellón, ni el Viscarret-Guerendiáin (107 habitantes) de la montaña navarra. No puede la RAE meterse en este jardín el jardín de los topónimos españoles, al que tendría que añadir, ya que la suya se pretende ortografía de todo el español y no solo del de España, cientos de miles de topónimos de las zonas bilingües de Hispanoamérica, que son legión. Así que, como lo suyo son los nombres comunes, o sea, el diccionario, más la ortografía, ha eliminado el apéndice toponímico de su manual de ortografía.

Los topónimos son nombres propios geográficos, o sea que son nombres propios, o sea que son nombres, o sea que son tan parte de una lengua como los nombres comunes. Parece una obviedad, pero a veces se olvida: la palabra «Londres» o «Lérida» es tan parte del español como la palabra «ciudad», y merece el equivalente a un diccionario que limpie, fije y dé esplendor a esta parte del idioma. Como patrimonio común que son, compete a los gobiernos regularlos, es decir, recogerlos del habla popular y de los documentos escritos, decidir a qué lugar designan, a qué lengua pertenecen y cómo se escriben, y cuál preferir si compiten dos nombres por nombrar al mismo espacio, bien a lo largo del tiempo o simultáneamente. Una tarea de limpia y fija que los gobiernos responsables encargan a lingüistas (¿a quiénes si no?), que se recoge en nomenclátores que los gobiernos después sancionan, es decir, publican en sus boletines, de forma que los nombres allí recogidos se convierten en nombres oficiales, los obligatorios para el uso de la administración. Y según dice la lógica, serán los mismos que usaremos los ciudadanos de a pie. Pero me he encontrado con una sorpresa: los gobiernos de las zonas bilingües solo han cumplido con su obligación a medias. Y la que se ha liado, me han liado, me estoy liando solo, en la Wikipedia en español.

En las regiones bilingües los nomenclátores solo recogen un nombre para cada lugar, a pesar de que en esas regiones se hablan dos lenguas. Es decir, que en ellas los gobiernos a una le dan servicio, y los topónimos de la otra quedan huérfanos. Me explico. En Cataluña han decidido que serán nombre oficial los topónimos de la lengua catalana. Quien quiera saber cómo se dice Lleida en catalán lo tiene fácil: Lleida. En cambio, quien quiera saber cómo se dice en español (Lérida, claro), no podrá encontrar la respuesta en ningún nomenclátor. Parece una tontería porque ese topónimo es conocido, pero ¿cómo se dice en español Palau-solità i Plegamans? ¿O tiene nombre en español siquiera? En Navarra la cosa va por zonas: en el sur no vascófono, el nombre oficial de Dicastillo es este, el topónimo español, y en el norte vascófono el nombre oficial de Bizkarreta-Gerendiain este, el topónimo vasco. Quien quiera conocer el topónimo en la otra lengua (supuestamente Deikaztelu y Viscarret-Guerendiáin), no los encontrará en el nomenclátor, sino fuera, en enciclopedias en papel o electrónicas, lo que a día de hoy significa básicamente Wikipedia.

No he dicho hasta ahora nada nuevo. La sorpresa mayor me la he llevado al darme cuenta de la incongruencia que supone que, en regiones bilingües, donde la administración asume como un derecho básico la elección del idioma por parte del ciudadano, y que hay dos lenguas oficiales, en cuestión de topónimos aparentemente solo haya una lengua oficial, la que toque. Como el nombre oficial de Lleida es este, en los documentos oficiales en catalán se escribirá «la víctima va morir finalment a Lleida» y si se escribieran documentos oficiales en español deberían decir «la víctima murió finalmente en Lleida». Es decir, que el español que se debe usar en los tratos con la administración —teóricamente al menos— es un español defectivo, capado, desprovisto de una parte de su vocabulario, que son los topónimos o nombres propios geográficos.

Aparentemente el despropósito tiene una justificación de peso. La justificación, por supuesto, es evitar la confusión, la torre de Babel, evitar que unos digan Gasteiz y los otros no sepan que se trata de Vitoria. Parece una justificación racional, que dará lugar a una administración más efectiva, rápida, barata y con menos errores. Pero esa justificación es la misma que impulsó del siglo XVIII en adelante los Decretos de Nueva Planta, una medida que se pretendía también racional y modernizadora, que impuso una lengua única en toda la administración del estado español. Una medida modernizadora que en la España de hoy se ha considerado, sin embargo, intolerable por opresiva. Dice la lógica de nuestro tiempo que, si una región es bilingüe, debe serlo también su administración. Pero ¡ojo!, que la lógica dice también que debe serlo tanto en los nombres comunes de la lengua —lo que entendemos por lengua habitualmente— como en los nombres propios, y que eso requiere crear nomenclátores bilingües, y hacer que el nombre oficial de Lérida sea este en español, y Lleida en catalán.

Como ni los diccionarios oficiales ni los gobiernos se han ocupado de los topónimos huérfanos, el trabajo de limpiarlos y fijarlos queda en manos de las enciclopedias. Y si una enciclopedia encarga la tarea a uno o dos lingüistas que hacen —mal que bien— su trabajo, y este trabajo suyo va a misa, no habrá mucho que discutir. Pero en Wikipedia, donde todo puede someterse a debate… τα κάναμε θαλάσσα que dicen los griegos: «La hemos jodido». Costó mucho alcanzar un consenso en la política de fijación de los topónimos no oficiales de las regiones bilingües, y una vez alcanzado, sigue costando mucho aplicarla.

Hace años me costó dos meses, y discutir con varios usuarios y administradores, llegar a convencer a mis compañeros de la Wikipedia en catalán de que el nombre en esta lengua de la ciudad de Estella (ya que no aceptaban el compuesto Estella-Lizarra) era «Estella» y no un Lizarra que en las fuentes en catalán es minoritario (por supuesto, no fue solo una discusión filológica, había un trasfondo político obvio en la elección del nombre). Por el contrario, después de dos meses de discusión, no conseguí que en Wikipedia en español figurase Badía del Vallés como el topónimo de este municipio; aún figura en catalán, Badia del Vallès, como si sus habitantes, que son una mayoría abrumadora de hablantes de castellano (así llaman allí al español), no tuvieran un nombre en su idioma para referirse a su ciudad; o como si —más ridículo aún— nos resultara a los editores de Wikipedia en español imposible conocerlo.

He empezado este artículo con un «Por mi mala cabeza, me he dado a corregir topónimos en Wikipedia en español». Aquí el monto de las discusiones: Discusión:Viscarret-Guerendiáin, Discusión:Alcocéber, Discusión:Monasterio de Leire, Discusión:Leire y de mi desespero. Una por una tilde, otra por la posición de una erre (lo que lleva acarreado que lleve o no una tilde), y la más reñida por una i griega o latina (por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy contra la griega). Tengo que dejarlo, como se deja atrás una adicción.

Añadido 25/5/2022. Leo en elCatalán.es que la asociación Hablamos español ha editado una guía, escrita por José Manuel Pousada y Ernesto Ladrón de Guevara, relacionada con esta cuestión y titulada «Cómo usar correctamente los topónimos en español. Guía para indocumentados y acomplejados». La respuesta a la pregunta formulada en el título, que en el PDF ocupa 25 páginas, se puede condensar en dos palabras: en español. ¿Cómo si no? Vivimos tiempos extraños.

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Para prosa, prosa, la de antes. Lo escribo a sabiendas de que es un efecto embellecedor del paso del tiempo, y robando la expresión a mis alumnos adolescentes que, señalándose el miembro, decían «Para chulo, chulo, mi Pirulo». Investigando la etimología de «galera» en el Tesoro de la lengua castellana o española (Barcelona, 1998), de Sebastián de Covarrubias, me di con este lema, que reproduzco completo por el placer de sentir discurrir la prosa y las ocurrencias con la suavidad con que un balandro deja su estela en el agua:

GALERA. En lengua antigua galea; latine trirremis, género de navío bien conocido, más para correr las costas que para engolfarse en alta mar, aunque lo haze muchas veces y las más de necessidad, por no dar al través. Tiene cosas particulares la galera, que bastan a formar un buen volumen; pero yo solo quiero ponderar lo que importa la diciplina, que la mayor parte de la chusma de los que están al remo, son hombres facinorosos, que cada uno por sí traía alborotado un pueblo, sin poderse averiguar con él, y dozientos déstos están tan domésticos y diciplinados, que a sólo un silvo del cómitre ponen con tan gran presteza por obra lo que les manda, que parecen un pensamiento, sin discrepar uno de otro, como si todos ellos fuessen miembros de una sola persona y se gobernassen por ella. De su etimología ay diversas opiniones. El italiano la llama galea, o porque fué invención de los franceses, gallos, o del nombre latino galea, armadura de la cabeça, que comúnmente llamamos celada, por tener alguna forma della; Roca, en su Biblioteca Vaticana. La mayor parte de vaxeles tomaron nombre de los vasos, y galera se tomó, según Nonio, de galleola, vas sinuosum a galeae similitudine dictum. Cierto autor dize ser nombre armenio, galleri, y de allí le tomaron los franceses e italianos. El padre Guadix dize ser arábigo, de galia, que significa cosa rara y costosa de sustentar. De que lo sean no ay duda, pues se gasta tanto dinero en ellas; también es cara y costosa la galera para el que va aherrojado, remando en ella. Otros dizen ser griego, de γαλεα, galea, mustipula, ratonera, porque metafóricamente van allí presos, como en ratonera, los malhechores, especialmente los ladrones que entravan a comer y estragar la hazienda agena. Finalmente, puede ser nombre hebreo, del nombre גלימ, galim, fluctus aquae viventi concitatae, en el singular haze גל, gal, a גלה, gala , transmigrare, porque anda de una parte a otra; vel captivum duci que también le quadra, por llevar los cautivos y forçados en ella, y גליות, galiot, vale cautividad, de donde se pudo dezir galeote; pero galeote se dixo de calea, el nombre toscano de galera. Galeaza y galeón, tomaron el nombre de la galera, aunque son navíos más fuertes y menos ligeros, pero sufren los golpes del agua, por ser de alto borde.

Por si, bellezas de la prosa aparte, tiene el lector curiosidad por la etimología de «galera», en mi opinión deriva del griego γαλέη ‘comadreja’, y de su hermano el γαλεός ‘pez perro, cazón’, una especie mediterránea de tiburón que puede corresponder al Galeorhinus galeus o al Scyliorhinus stellaris. Como barco de guerra que es, el nombre de «tiburón» le va a la galera que ni pintado.

Pero el mayor hallazgo del Covarrubias sobre este tema es la etimología de «galería», el término arquitectónico, que dice haberse llamado así «por la semejanza del ventanaje a la empavesada de la galera», siendo la empavesada la hilera de escudos que protegía la parte superior de la borda de estos barcos. Arquitectura y barcos, Sebastián, ¡qué acierto! Te cito en mi «Sleeping Ships and Their War Anchors: The Nautical Origin of Greek Architecture and Sculpture», aunque el año de la edición, 1611, quede mazo viejuno en la bibliografía. :S

GALERÍA. El ventanaje de lo alto de las casas principales. Pudiéronse dexir assí por la largura que tienen y por la semejança del ventanaje a la empavesada de la galera. Algunos sugieren que sea hebreo, de גלל, ghalal, ascendere, y de allí galería, por ser en lo más alto de la casa.

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Leo sobre la epidemia de la cancelación («Woody Allen, Polanski y la hoguera de la cancelación: “El borrado lleva a la amnesia colectiva”») y me doy cuenta de que se ceba con las Humanidades y las Artes. Ayer me hice, es un decir, una radiografía. No sé quién descubrió el radio y sus propiedades (que sí lo sé), ni me importa. Me recetan una medicina que descubrió un laboratorio alemán, que ahora mismo —ahora mismo— tampoco me importa si colaboró o no con el nazismo, ni cuántas patentes consiguió con experimentos aberrantes.

Ojo, digo ahora mismo, mientras me hago la radiografía y me tomo la medicina, o cojo un avión o manejo un coche. Porque sí tengo, como tiene la mayoría, sentido moral y deseo de que se haga justicia en el mundo. Pero nadie se plantea boicotear tratamientos, herramientas ni productos diseñados y fabricados con los descubrimientos que hizo un científico de comportamiento personal reprobable (quien abandonó de por vida a un hijo minusválido), criminal (un violador de sus hijos) o incluso genocida (un doctor Mengele).

Pues en las Humanidades y las Artes pasa lo contrario. Da qué pensar. ¿Será que los canceladores no leen, no escuchan música o no disfrutan del arte en la cantidad suficiente como para que sientan que pueden perderse algo cancelando? ¿O que de verdad es tal la inflación de escritores, músicos y artistas que —saben ellos— siempre se encontrará un recambio? Seguramente es lo primero, porque quien lee mucho sabe que cada autor bueno es insustituible, y que lo que está en él no se encuentra en otro sitio. Aunque en otro autor disfrutemos en la misma medida, es un placer con un sabor distinto, y los buenos lectores, melómanos, apasionados del arte, no queremos ni tenemos por qué renunciar a ninguno.

Que el autor, si es el caso, tenga que responder a la justicia como hacemos todos es tan lógico como indiferente para el asunto del gusto del que estamos hablando. Así que ya lo saben, no cancelen, huevones.

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Mejorando la página de Wikipedia sobre Barbarin, un pueblico navarro, he consultado las fuentes que acostumbro: el Diccionario etimológico de los nombres de los pueblos, villas y ciudades de Navarra de Mikel Belasko y las enciclopedias sobre Navarra y sus allegados: la Gran enciclopedia de Navarra y la Enciclopedia vasca Auñamendi. Y de repente ha saltado la liebre: «Esto lo he leído yo en algún sitio», me he dicho.

Dice la GEN en su artículo sobre Barbarin (copia de seguridad aquí y aquí):

«La población, de calles quebradas y discontinuas se divide en dos núcleos diferenciados; el barrio alto, emplazado en la ladera oriental del cerro, está presidido por la iglesia parroquial mientras que el resto del caserío se distribuye por la llanura al otro lado de la carretera de Allo a Urbiola».

Y la Auñamendi en el suyo (copia de seguridad aquí y aquí):

«La población, de calles quebradas y discontinuas, se divide en dos núcleos diferenciados, el barrio alto, emplazado en la ladera del cerro donde se asienta está presidido por la iglesia mientras que el resto del caserío se distribuye por la llanura al otro lado de la carretera».

Pillada, efectivamente. Ahora toca, como con los alumnos, saber si a) GEN copió a Auñamendi, b) Auñamendi copió a GEN, o c) GEN y Auñamendi copiaron a un tercero. Quarta non datur (escribo esto para que se note que, además de inteligente, soy culto y sé latín).

Captura de pantalla de Enciclopedia vasca Auñamendi

Yo diría que no hay pérdida. El artículo de la GEN es muchísimo mejor y más extenso que el de la Auñamendi. En general en ninguna de las dos figura el autor de cada artículo (una costumbre de entonces, cuando se fraguaron ambas, los años 90 y 60 del siglo pasado respectivamente). Sin embargo, la Auñamendi sigue escribiéndose ahora mismo, y los contenidos nuevos sí aparecen firmados. En el artículo de «Barbarin» firman Fernando García Nieto y Ainhoa Arozamena Ayala (mucho autor, digo yo, para tan poco chorizo), de donde deduzco que es un artículo nuevo; y si nuevo, posterior, y si posterior, la copia. (En la pestaña «Citar» proponen la fecha de 2021, pero no tengo claro que sea la de creación). Y el otro el original, porque no me parece verosímil —aunque sí posible; faltaría más— que ambos hayan copiado a un tercero.

Releo ambos párrafos, el presunto original y la copia presunta, y echo en falta comas en los dos, aunque en lugares diferentes (soy filólogo, què hi farem!). Pero en la presunta copia hay, además, un giro extraño: «el barrio alto, emplazado en la ladera del cerro donde se asienta». ¿Quién se asienta, el barrio? Claro, si está emplazado allí… Sin embargo, la expresión es correcta en el presunto original: «emplazado en la ladera oriental del cerro».

Por abreviar: ¡Qué gracia! Y por ir acabando… Los contenidos de la segunda, la Auñamendi, están protegidos con una leyenda que reza expresamente «Licencia: Copyright». Los de la GEN, como no se dice nada, o yo no lo veo al menos, también lo están, aunque de manera tácita (véase mi Uso de materiales con derechos de autor en educación). Por lo tanto me toca ahora, como a buen ciudadano, aguantarme la risa mientras redacto un educado email a los responsables de ambas enciclopedias, para que hablen entre ellos y me digan a cuál de los dos le tengo que bajar la nota. Ah, y aprovechando la ocasión, animaré desde aquí —ya lo estoy haciendo— a los redactores que siguen ampliando la enciclopedia Auñamendi, a que dejen de crear contenido para una enciclopedia con derechos reservados, y viertan su energía en la más libre, más completa, más viva, más concurrida y mucho más exitosa Wikipedia en español.

Continuará, o no.

Añadido 2/10/2021. Me confirman de la Gran enciclopedia de Navarra que ellos se han limitado a digitalizar la edición en papel de 1990, sin actualizar ni añadir contenido nuevo. Por su parte de la Enciclopedia vasca Auñamendi me comunican que ya han «subsanado» el problema. Y a una pregunta mía contestan que los redactores que siguen ampliando su enciclopedia son voluntarios no remunerados; así que no veo ninguna razón por la que no puedan pasar a colaborar con la más libre, más completa, más viva… WP:ES.

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Pero «Movimiento sísmico» lo llamó su autor, el poeta chileno Óscar Hahn. Dice así:

Movimiento sísmico

Tuve una vez un gran amor
que derribó mi casa
agrietó mis puentes
y me hizo perder el equilibrio
Después vinieron las réplicas:
amoríos de baja intensidad
que ni siquiera
me hicieron temblar
En cuanto al gran amor
ay mísero de mí
todavía respira
debajo de las ruinas

¿Y qué digo yo «Cadena perpetua», matasiete, si llevo toda la vida disfrutando la miel que mana de esa herida?

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Wikishootme es una herramienta complementaria a Wikidata, que a su vez se puede considerar complementaria a Wikipedia (realmente Wikidata tiene entidad y uso propios, pero hoy no toca explicarlos). Este Wikishootme tiene mucho peligro si estás ocioso y además te gustan la fotografía y Wikipedia, porque sirve para esto: te dice en qué lugares hay que hacer y subir una foto a Commons para ilustrar algún elemento (ciudad, monumento, río, monte…) de Wikidata y —lo que es casi lo mismo— de Wikipedia. Aquí, a modo de ejemplo, una captura del mapa de Tierra Estella y los lugares en que hay, y en los que no hay y faltan fotos:

Captura de pantalla del mapa de Wikishootme con Estella en el centro

Por colores, los puntos rojos —los más «urgentes», digamos— indican una entidad o lugar que existe en Wikidata, pero no tiene imagen que la ilustre. Habría que hacer una foto, por ejemplo, de Eulz y subirla a Commons, para que luciera en esa página (yo me encargo). Los puntos azules indican lo contrario: que en Commons hay una fotografía de algo, para lo que no hay en Wikidata y Wikipedia una página específica. Pasa, por ejemplo, con el Ayuntamiento de Allín, del que hay foto en Commons, pero no entrada en Wikidata; todavía. Los puntos verdes son lo que parece: un objeto de Wikidata tiene su foto en Commons, y esa foto de Commons se usa en una página de Wikidata ,y por tanto ilustra la página correspondiente de Wikipedia: por ejemplo, la página de Grocin, cuya Iglesia de San Martín fotografié y subí hace unos años.

Mapa de Wikishootme con un punto rojo Mapa de Wikishootme con un punto azul Mapa de Wikishootme con un punto verde

El peligro de esta linda herramienta reside en que sufra uno de trastorno obsesivo compulsivo y se empeñe en cambiar el color de todos los puntos a verde. No es mi caso, todavía y por suerte. Y si algún día lo fuera… ¿Hay algún psicólogo en la sala? O mejor una psicóloga, que me ponen, y mucho. 0:-)

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He leído con auténtico placer la relación que hizo el italiano Antonio Pigafetta del Primer viaje alrededor del mundo, en el que se cuenta la expedición de Magallanes y Elcano. El libro es una bonita edición de la Institución Fernando el Católico (ISBN 978-84-9911-614-3) preparada por José Eugenio Borao Mateo, profesor de español en la Universidad Nacional de Taiwan nada menos (nada menos de lejos, quiero decir). Disiento del editor cuando afirma (p. xxxi de la Introducción) que Pigafetta miente descaradamente al afirmar que:

«Versado como ninguno en el conocimiento de las cartas náuticas, [Magallanes] poseía a la perfección el arte de la navegación, como lo probó dando la vuelta al mundo, que nadie antes que él había osado tentar» (apartado 99, p. 92 de esta edición)».

La supuesta mentira consiste en que Magallanes no completó la vuelta al mundo porque murió en la batalla de Mactán, a mitad de viaje. En caso de ser una mentira, sería una verdaderamente extravagante, porque la muerte de Magallanes a mitad de travesía era vox populi… tanto que es el propio Pigafetta quien se lo acaba de contar al lector en los párrafos anteriores. No tratándose de una mentira, pues, solo puede tratarse de un malentendido.

Portada de Primer viaje alrededor del mundo

En español la expresión «dar la vuelta», como el verbo «rodear», puede usarse para referirse a un vuelta o rodeo completo, de 360 grados o a una vuelta o rodeo sin más. Llegados, por ejemplo, a una ciudad amurallada, si no queremos o podemos atravesarla, podemos rodearla, es decir, dar la vuelta a la ciudad hasta el lado opuesto a aquel en el que estamos, lo que es una vuelta de 180 grados. Lo mismo pasa cuando alguien «se da la vuelta», que se gira 180 grados, no 360. En el texto de Pigafetta lo que se afirma es que Magallanes dio la vuelta al otro lado del mundo, es decir, a prácticamente las antípodas de España, lo cual es cierto.

Aunque eso ya lo habían hecho muchos otros portugueses antes que él doblando el Cabo de Buena Esperanza para atravesar el Índico en dirección a las islas de las especias, es decir, en dirección oeste-este. Por tanto, debemos entender que lo que afirma Pigafetta en esa frase es que Magallanes fue el primero que fue al otro lado del mundo yendo en una dirección nueva, de este a oeste atravesando el estrecho de Magallanes y el Océano Pacífico, derrota que efectivamente nadie antes que él había intentado. La oración subordinada adjetiva «que nadie antes que él había osado tentar» no es una subordinada adjetiva explicativa, sino especificativa, que especifica que —de las dos formas que hay de dar la vuelta hasta el otro lado del mundo partiendo de España— Magallanes completó la que hasta entonces no se había intentado. De ser así las cosas, y cabe poca duda de que así son, en la edición debería eliminarse una coma, porque las subordinadas adjetivas especificativas no requieren coma, ya que en ellas especificar no es prescindible o caprichoso, sino fundamental, su razón de ser, y se pronuncian sin pausa alguna.

De todo ello se sigue que no mintió en absoluto Pigafetta, sino que fue fiel a la verdad cuando escribió que:

«Versado como ninguno en el conocimiento de las cartas náuticas, [Magallanes] poseía a la perfección el arte de la navegación, como lo probó dando la vuelta al [otro lado del] mundo [en la dirección este-oeste] que nadie antes que él había osado tentar».

Dixi. ¿Que además Pigafetta es parcial en su elogio de Magallanes, al que apreciaba mucho más que a Elcano, cuyo papel al frente de la expedición en su segunda mitad ni siquiera menciona? Parcial sí, o —según cómo se mire— justo, pero no mentiroso.

Añadido 13/6/2021. Me he dado cuenta de que elucubrar sobre el significado de una expresión en español, siendo que estoy manejando una traducción de comienzos del siglo XX (la del chileno José Toribio Medina), no es serio. Compruebo en la versión italiana, obra original de Pigafetta junto con la versión francesa, que dice algo muy similar:

…e più giustamente che uomo fosse al mondo carteava e navigava, e, se questo fu il vero, se vede apertamente, niuno altro avere avuto tanto ingegno nè ardire di saper dare una volta al mondo come già quasi lui aveva dato.

Sin embargo, ese «quasi» me hace pensar que Pigafetta sumaba los primeros años de Magallanes como marinero en barcos portugueses, tiempo en que llegó hasta el estrecho de Malaca en la ruta hacia el este, con la travesía española hacia el oeste. Así, resulta que Magallanes dio la vuelta al mundo «casi» completa en dos mitades que se suman. Tampoco sería mentira.

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