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Ando escribiendo un articulillo sobre la obsesión que tanto me da de pensar y de entretener. Y mi hijo, que está adolescente y pasa de mí, pero me [ad]mira secretamente con el rabillo del ojo y me ha visto escribir como un poseso, me pregunta si alguien más en el mundo sabe lo que yo: eso de que dando vuelta a los barcos se hicieron los primeros templos griegos.

— Pues no… Bueno, saber… A alguno se lo he contado, pero la mayoría no se lo cree.
— ¿Entonces eres el único que lo sabe? ¿De todo el mundo?
— Sí, más o menos. Que se lo cree, sí.
— Entonces algún día dirán que tú eres el padre de la barcotechología, ¿no?

Barco+volteado+y+varado+sobre+soportes%2C+supuesto+origen+del+templo+griego

Barcotechología… ¡Qué grande mi chico! Un niño casi y ya anda inventándose neologismos como su padre. Claro que yo soy un rancio (profesor de griego, no diré más) y tengo que escribirlo a la culta: nautegología (del griego ναῦς ‘barco’, τέγος ‘techo’, λόγος ‘palabra, estudio’ y el sufijo -ía formador de sustantivos abstractos femeninos) designa el “estudio del uso de barcos volteados como tejado de edificos monumentales”. Claro que, en sentido esctricto, tal vez no haga falta neologismo alguno, porque quiero creer —sería bonito, pero no puedo asegurarlo— que “arquitecto” significa ya en griego ‘el que hace un techo con la ἀρχή’, tal vez la ‘nave insignia’.

Pero sí, soy el orgulloso padre de ambos: de la barcotechología y del niño que la nombró. :D

Post data. Lo que me recuerda a aquella que decía en Twitter que “Lo bueno de haber estudiado Filología Hispánica es que puedo inventarme las palabras que me salgan del porroncho”.

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Leo que 200 niños, convenientemente manipulados por sus mayores (la aclaración y la mala leche son mías), han dado a luz el llamado Manifiesto de Santander. Entre las perlas del manifiesto de los mayores que se expresan impostando la voz de los menores a su cargo, me subleva esta, mal redactada para más inri:

Fomentar la mediación en los casos de acoso escolar, escuchando a ambas partes, tanto la del acosador como la del que ha sufrido el acoso.

Otra vez la maldita —cobarde, calculada— equidistancia. Digo yo que, cambiando objetos y sujetos, la misma recomendación sirve para otros conflictos, tales que: “Fomentar la mediación en los casos de violación, escuchando a ambas partes, tanto al violador como a la víctima de violación”. O bien, y esta se la regalamos a Amnistía Internacional, que lo agradecerá a buen seguro: “Fomentar la mediación en los casos de tortura, escuchando a ambas partes, tanto al torturador como a la víctima de las torturas”.

En caso de acoso escolar, como de violación o tortura, lo prioritario es detener el acoso, la violación y la tortura, protegiendo a la víctima del victimario, en segundo lugar atender a la víctima y promover su recuperación y, en último lugar, hablar con el agresor e intentar curarlo de sí mismo. Es cierto que, en el acoso escolar, el agresor también es un niño sujeto de derechos, como el violador y el torturador son personas y sujeto de derechos, pero la necesidad de ayuda de unos y otros no son comparables en absoluto. En caso de no tener claras las prioridades, el riesgo es obvio: el desamparo de la víctima que, por lo pronto, acaba ocupando el último lugar en la frase “…escuchar a ambas partes, tanto al acosador como a quien ha sufrido el acoso”. ¡Qué gran delator el lenguaje, qué transparente!

Hacemos mal en llamarlo “corrección política” cuando su nombre real es “cálculo político”: los acosadores, varios, acostumbran a ser más que la víctima, una, y por eso son muchos más los padres de acosadores con derecho a voto en el consejo escolar, en la junta de distrito, en las elecciones municipales… y no es cuestión de que se enfaden y perdamos sus votos.

Por cierto, que unos niños mentalmente sanos lo que piden, si les dejan sueltos, es más recreo, más vacaciones, más videojuegos con más sangre, más tele, más grasas trans, más chuches… Anda, @perezreverte, escríbete algo.

Añadido 2/12/2016. Quien tenga un rato puede oír una excelente conversación sobre abusos sexuales en la infancia con Margarita García Marqués, de ASPASI, y Alicia en Mágica Vida 31 (minutos 11 a 54). Más que una gran profesional, probablemente una mujer sabia.

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Χείρων·Chiron vuelve a estar totalmente operativo después de sufrir problemas técnicos durante unos días. En el caso de la página index, actualizamos WordPress a la versión 4.6.1, y todas las páginas gestionadas por WP se blanqueron. ¿La causa? La nueva versión de este programa requiere una versión de PHP superior a la 5.5. Así que CDMon, nuestro servicio de hosting, nos cambió de servidor a uno que cumplía con esta especificación. Pero WP seguía sin funcionar. Recordé que a veces son los plugins los que causan los problemas, y que se aconseja desactivarlos. Entré a la base de datos directamente con phpMyAdmin y los desactivé a mano (lo típico, pasarlos de 1 a 0), pero no cambió nada. Los de CDMon me dijeron entonces que el log del servidor indicaba que el problema lo causaba el plugin Google Analytics by Yoast. Estaba anticuado, así que entré en el tablero de WP —sin problemas, no sé por qué—, lo desactivé e instalé la versión actualizada de Google Analytics by MonsterInsights y, ahora sí, la portada de Χείρων·Chiron volvió a verse. Faltaban algunos menús y sobraba alguna imagen, pero entré en la administración del tema, reactivé algunos widgets y todo volvió a su ser. ¡Ufff! Y entonces vi que no funcionaban ni la wiki ni Moodle.

Portada+de+la+web+%CE%A7%CE%B5%CE%AF%CF%81%CF%89%CE%BD%C2%B7Chiron

Por lo que se refiere a la wiki, el problema y su solución estaban bien documentados en la web. Las versiones antiguas de Mediawiki (esta es la 1.16) no funcionan cuando el servidor usa PCRE en la versión 8.34 porque en el archivo “MagicWord.php” la variable $regex pone a los grupos un nombre que empieza por un dígito (tócate los cojones con el PCRE). La solución consiste esta vez en aplicar un patch a este archivo. Entro al servidor con Cyberduck por FTP, edito el archivo con Smultron y sustituyo una línea por estas tres:

// Group name must start with a non-digit in PCRE 8.34+
$it = strtr( $i, ‘0123456789’, ‘abcdefghij’ );
$group = “(?P<{$it}_{$name}>” . preg_quote( $syn, ‘/’ ) . ‘)’;

Y no pasa nada, aparentemente. Pienso que la culpa puede ser de la caché, no la de mi navegador, sino la del servidor, y que tendría que purgarla, pero no doy más de mí y lo dejo. Sin embargo, al día siguiente poco a poco van volviendo en sí las páginas de la wiki. Es decir, que el patch ha funcionado, pero efectivamente la caché del servidor servía las páginas de la versión estropeada. Lo dejo estar y poco a poco vuelven a verse a medida que la caché del sitio las actualiza (suave, linda, paulatinamente).

Sólo faltaba arreglar Moodle. En este caso descubro no sé cómo que el error 500 se debe a que en el nuevo servidor la API de PHP es un CGI, concretamente FPM/FastCGI, y no un módulo independiente de Apache. Resulta que, por ser un CGI, no acepta que figure la expresión “php_value” en el archivo oculto “.htaccess” (tócatelos otra vez, Sam). Pruebo a renombrar el archivo como “htaccess”, sin el punto que lo invisibiliza, y voilà: Moodle vuelve a la vida. ¡Qué rollo patatero! Cada vez me gusta menos la informática. Con lo bonito que es el mar.

Añadido 1/10/2016. Más aún: Pergamon, el blog de reseñas de libros parecía funcionar perfectamente, hasta que entrabas a la página de administración y se blanqueaba todo. Como funciona con WordPress la solución pasaba por actualizarlo a la última versión. Vale, lo hago, entro al tablero de administración y WP ya no se blanquea. Perfecto, solo que ahora no funcionan las URLs, que devuelven el mensaje de “Página no encontrada…”. Cuestión de entrar a “Ajustes > Enlaces permanentes” y cambiar la estructura personalizada por una estándar. Funciona. ¡Buffffff! Al final el único programa que no ha dado problemas ha sido Gregarius, el viejo y feo pero fiable agregador de blogs, que está discontinuado desde hace años (tócatelos por tercera vez). En justa compensación a tanta lealtad, he abierto el archivo “messages.po” con Poedit y he pulido la traducción, que tenía varios errores; lo he salvado y he subido el “messages.mo” al servidor. Además he renovado el tema adaptándolo al de la página index de WP, que está basado en el conocidísimo Twenty eleven. Queda elegante.

Añadido 3/10/2016. No hay dos sin tres (y mira que no me gustan las frases hechas, Sancho). Cuando todo parecía ir bien, y cacharreando un poco más con otro plugin, el plugin Multilingual CMS de WPML, después de desactivado, no se dejaba volver a activar. Τα κάναμε θαλάσσα (la liamos parda). Después de un par de días probando distintas soluciones, nos dicen del hosting que probemos a bajar PHP de versión porque el servidor está dando un montón de errores deprecated en varios programas. Pruebo a bajar a PHP 5.5, el plugin se instala y se vuelven a ver los elegantes menús multilingües de Χείρων·Chiron funcionando. No lo toco más. Hasta que lo vuelva a tocar, claro.

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La isla olvidada. Un periplo por el Mediterráneo modesto (Editorial Juventud, ISBN 978-84-261-4132-3) es la crónica de una viaje a vela protagonizado y escrito por Lluís Ferrés Gurt. Tiene todos los ingredientes para gustarme: un viaje en velero, islas mediterráneas e historia y cultura, en parte italiana, pero sobre todo griega antigua y moderna.

Portada del libro La isla olvidada

La isla olvidada a la que se refiere el título es Saría, una de las islas más modestas del Dodecaneso, hoy deshabitada. Pero, a la manera del viaje a ítaca de Kavafis, Saría le importa al autor sólo relativamente como destino, y más como excusa para iniciar una singladura. Comienza así el libro, destacándolo:

Un destino deseado, esta es la única excusa que se necesita para iniciar un viaje. Por ejemplo, una isla remota guardada por vientos feroces (…) Una pequeña isla abrupta y reseca con calas minúsculas flanqueadas por viejos tamariscos, rodeada por acantilados donde anidan orgullosos halcones de Eleonora, surcada por tortuosos senderos hollados solo por las cabras asilvestradas, envuelta en aromas violentos de tomillo y orégano, orlada por oquedades rellenas de la más pura y blanca sal marina que nos habla de oleajes violentos y temporales desatados. Una islita desde cuya cima se contemplan horizontes infinitos en un mar azul cobalto tras el que se esconden tres continentes distinos.

El libro relata este viaje que discurre voluntaria y morosamente por las islas menos conocidas y holladas por el turismo. Así, se obvian las Baleares, Estrómboli, Malta, Corfú, Miconos, y en cambio se visitan Asinara, Pantelleria, Amorgós, Saría y otras muchas islas modestas. Está escrito un poco a la manera herodotea: el autor llega, describe y a continuación cuenta alguna historia o anécdota antigua o moderna, y las hay a montones: la terrible razón por la que Ustica fue llamada la isla de los huesos, la decadencia de las almadrabas de Favignana por la pesca intensiva del atún rojo, la época dorada, épica y terrible, de la pesca de esponjas con escafandra…

Fondeo en las islas Lavezzi
Fondeo en las islas Lavezzi. Foto: José M. Ciordia, 2011.

De las muchas pequeñas historias, me quedo con la del pescador de esponjas simiota Stathis Hatzis que se sumergió a pulmón libre durante tres minutos hasta los 88 metros de profundidad para atar un cabo a una ancla enrocada y rescatarla, y la recompensa que pidió por ello. Y si el éxito de un libro se mide por la pasión que pueda despertar en el lector, me confieso tocado por la descripción de Amorgós y el monasterio de Panagiá Jozoviótissa, un nido de águilas sobre el mar Egeo.

El autor es biólogo y marino de profesión, pero escribe muy bien:

Al día siguiente levanto fondeo al amanecer. Sopla un ligerísimo terral perfumado por las flores de los limoneros y la cumbre del Etna luce un color blanco con ligeros tonos rosados a la luz rasante del sol que se levanta. Sicilia, en primavera, se resume en dos palabras, en dos blancuras: nieve y azahar.

En definitiva, es un libro muy aconsejable para quien no pueda viajar, y lo haga de este modo, vicariamente; para quien busque una isla que poner en su mira; para quien haya vivido y amado otras islas del Mediterráneo y quiera sentirse de nuevo en casa.

Le sobra al libro el capítulo “Cadaqués: ecos acádicos”, en el que el autor propone una descabellada hipótesis toponímica según la cual navegantes acadios, ni más ni menos, habrían visitado y nombrado esta población ampurdanesa y algunos de sus islotes. Tan fuera de lugar como que un filólogo sostuviera seriamente que el caballito de mar es resultado de la adaptación al medio marino de un equino, no sé si me explico. Y hay muchas erratas. Enamorado del librito, de la edición en general y del mar, me he tomado la molestia de recopilarlas, con intención de enviarlas al autor como agradecimiento. Me salen unas cuarenta, pero el autor no está localizable en internet, así que esperaré pacientemente a tener noticias suyas para hacérselas llegar. ¡Ah del barco!

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Encontré hace tiempo la referencia a un artículo de arqueología naval de título tan largo como sugerente: Jean Svoronos, «Stylides, ancres hierae, aphlasta, stoloi, akrostolia, embola, proembola et totems marins», Journal International d’Archéologie Numismatique, XVI (1914), pp. 81-152. Trataba justo de lo que buscaba: los adornos de proa y popa de las naves griegas y romanas. Pero como se había publicado a comienzos del siglo XX en lo que parecía una revista académica francesa, pensé que sólo podrían encontrarse en una librería de esas universidades de Dios. Que mejor me olvidaba, vamos.

Pero internet es un juguetico bueno, y hace poco me di de morros con el artículo en cuestión, en formato PDF descargable y gratis. Lo reconocí por el título largo, enumerativo, naval, inconfundible; y por el nombre del autor, Jean (hoy en día, mejor Ioannis) Svoronos, que antaño me pareció ruso y resultó ser miconiata, o sea, de Miconos. ¡Qué alegría, madre! Tanta que le dediqué un artículo en la Wikipedia española, que traduje de la inglesa: con ustedes Ioannis Svoronos, arqueólogo y numismático griego. Más tarde descubrí que la mayor parte de su bibliografía está disponible en internet gracias a la generosidad de fundaciones y organismos públicos, como la Anemi de la Universidad de Creta, y añadí los enlaces correspondientes en la misma página.

El artículo en cuestión está ya en dominio público, y lo he colgado entre las descargas de este mi blog por capricho: «Stylides, ancres hierae, aphlasta, stoloi, akrostolia, embola, proembola et totems marins», que traducido podría ser algo así como «Gallardetes, anclas sagradas, colas de popa, proas, puntas de proa, espolones, sobrespolones y totems marinos». ¡A ver si no mola! Tiene la friolera de 70 páginas y me ha dado todo lo que prometía en el título. Y aunque no esté muy actualizada, encuentro información que no leí en el manual canónico de Lionel Casson, Ships and Seamanship in the Ancient World, de 1971.

Lo más destacable del artículo, para mí, son dos afirmaciones que coinciden con conclusiones a las que había llegado por mí mismo. Para Svoronos, las anclas sagradas llegaron a izarse en lo alto de los gallardetes con fines heráldicos, porque representaban a los dioses titulares de la flota (pp. 105-110). Para mí, además, se izaron allí porque fueron también proyectiles navales que se arrojaban sobre las naves enemigas con el fin de perforar su casco y hundirlas, como antecesores y a la manera de los delfines de plomo que mencionan Aristófanes (Caballeros 761) y Tucídides (7.41).

La otra afirmación novedosa es marginal para mi investigación, una nadería, pero encantadora. En el arte llamado orientalista del siglo VI se ven a veces figuras de animales con una cabeza y dos cuerpos; leí una vez que estas figuras tenían su origen remoto en el arte persa. Para mí, en cambio, son la representación, vista de frente, de mascarones de proa en forma de animal, y tienen un origen inequívocamente naval, sea mediterráneo o persa. Conocemos los barcos antiguos sobretodo por representaciones en la cerámica donde se ven de lado. Por lo que se refiere a los mascarones, la cabeza del animal sobresale de la proa como un prótomo, y el cuerpo está pintado o esculpido en la amura que está a la vista, sea la de babor o la de estribor. Pero el barco real tiene dos amuras, y por tanto el cuerpo del animal debía representarse dos veces, para que se viera lo completo desde ambos lados. Svoronos escribió lo mismo hace ya cien años, y lo representó gráficamente con estos dos dibujitos que hablan por sí solos (p. 142):

Animal fantástico con cuerpo doble

Proa de un barco con una sirena con cola doble

Por cierto, que Svoronos opina como yo que esos monstruos de la mitología hechos a piezas, como las quimeras, grifos y demás, son originalmente barcos con proas modeladas en forma de cabeza de animal, velas que son alas y popas como colas (pp. 144-152); ahí queda la imagen de Capricornio para recordárnoslo. Obvio para quien tenga ojos en la cara.

Alzo para acabar una copa de vino micónico en recuerdo y honor de mi admirado y ya imposible amigo Yanis. Γειά μας, ρε μαλάκα.

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